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VIDEO: Yon Goicoechea en Bolivia
Aquí pueden ver el discurso de Yon Goiboechea, ex-presidente del Parlamento Estudiantil Venezolano, ante un grupo de estudiantes bolivianos en enero de 2008. En el discurso Goicoechea explica cómo surgió el movimiento estudiantil de resistencia civil en Venezuela.
En este mapa interactivo podrás hacer click en cualquier país y/o año en que se ha publicado el Índice de Libertad Económica en el Mundo del Fraser Institute y Cato Institute para ver como ha progresado la libertad económica en el mundo.
Gabriela Calderón en El Universo (Ecuador)
Cato en Andina (Perú), en Diario Sur Noticias (Perú), en 24 Horas Libre (Perú), en RPP Noticias (Perú), en Invertia (Latinoamérica)
Patrick J. Michaels en Siglo XXI (Guatemala), en ABC Color (Paraguay), en El Universal (Venezuela, versión en inglés), en El Tiempo (Colombia), en El Universal (Venezuela), y en El Tiempo (Honduras)
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14 de agosto de 2002
por Pedro Schwartz
Pedro Schwartz es Presidente del MTS Spain, profesor de la Universidad San Pablo CEU de Madrid y Académico Asociado del Cato Institute.
Hace cien años nació Karl Popper en la Viena imperial. Al celebrar la obra y la persona de mi maestro debo recordar a catalanes, vascos y castellanos la firmeza con la que rechazó los nacionalismos de toda Ãndole. HabÃa nacido en un estado plurinacional, en el que podÃan integrarse y prosperar incluso las personas de etnia judÃa como él. Disuelto el Imperio Austro-Húngaro tras la Primera Guerra, Popper tuvo que abandonar para siempre una república austriaca cada vez más enferma de nacionalismo alemán, e integrarse en la cultura abierta del mundo de habla inglesa.
Tomo un solo detalle de la recentÃsima biografÃa de Malachi Hacohen sobre "Los años formativos de Popper, 1902-1945". Refugiado en Nueva Zelanda, se presentó Popper voluntario al ejército neozelandés en cuanto tuvo noticia del estallido de la Segunda Guerra. Por suerte para la filosofÃa no fue aceptado y dedicó esos años a lo que él llamó "su esfuerzo de guerra", a la composición de "La sociedad abierta y sus enemigos" (1945).
Su actitud cosmopolita no le impidió, pues, una adhesión patriótica a la sociedad y los valores que habÃa elegido; pero recuerdo bien el horror que le inspiraba toda ideologÃa nacionalista, no sólo la totalitaria de Hitler, o Mussolini, sino todos los nacionalismos, incluso los aparentemente justificados por la persecución, como el sionismo. "La idea de que existen unidades naturales como las naciones, o los grupos lingѼÃsticos y raciales, es enteramente ficticia. El intento de ver el estado como una unidad 'natural' conduce al principio del estado nacional y a las ficciones románticas del nacionalismo, el racialismo y el tribalismo". Popper condenaba asà la idea de que las naciones, los estados, las clases sociales eran algo más que modelos interpretativos de fenómenos sociales que debÃan analizarse en términos de individuos, sus deseos y sus acciones. La creencia en la realidad metafÃsica de la nación, lo sagrado de la lengua nacional, lo permanente de la identidad racial, debÃa poder desentrañarse, para asà echar las bases de una sociedad crÃtica y abierta.
Nacida con la Revolución francesa, la exigencia de que toda nación alcance el rango de estado es una ideologÃa que, paradójicamente, se difundió entre los pueblos agredidos por Napoleón en nombre del estado-nación francés: como muestra, vean esta frase de Hegel, citada por Popper: "una Nación que no ha tomado la forma de Estado -una mera Nación- no tiene estrictamente hablando historia, como ocurre con las Naciones en estado salvaje". Elevado el nacionalismo a principio sagrado durante la Guerra del catorce, fue el origen de la atomización de Europa en estados inviables, y la base del fascismo y el nazismo. Cuando tras la Segunda Guerra, los europeos empezamos a apartarnos del nacionalismo, las colonias recién liberadas lo tomaron como coartada de toda clase de excesos. AsÃ, la democracia que Popper definió de forma minimalista, como el régimen que permite cambiar de gobierno sin derramamiento de sangre, se ha pervertido insensiblemente, hasta significar el plebiscito continuo de la nación en marcha.
En un ensayo que tituló "Hacia una teorÃa racional de la tradición", se opuso Popper al racionalismo que se burla de todas las costumbres que conforman la tradición de las sociedades y pretende hacer tabula rasa de todos los tabúes a los que instintivamente nos atenemos. Las tradiciones desempeñan una función esencial en la vida social, la de crear un cierto orden y la de ofrecernos una base sobre la cual actuar. La facilidad de trato con quienes han sido educados en la misma cultura, las costumbres de puntualidad y honradez inculcadas en la familia, la escuela, el trabajo, son el efecto de tradiciones que facilitan la vida en común. Este tipo de regularidades se extiende al campo polÃtico: damos una adhesión crÃtica y civilizada a las tradiciones y costumbres de nuestro paÃs porque asà se crea una expectativa de solidaridad, de juego limpio, de colaboración espontánea que hace de nuestra Constitución algo más que un texto legal.
Pero una cosa es el rechazo de toda tradición comunal y otra el examen crÃtico de las costumbres sociales. Debemos poder distanciarnos de nuestros hábitos, para no caer en la intolerancia fuertemente emocional que a veces caracteriza el tradicionalismo y el nacionalismo.
Para Popper, esas actitudes traslucen un miedo a la sociedad abierta, que a veces parece tan frÃa e impersonal que podrÃa llamársele "la sociedad abstracta". A los hombres nos gustan los grupos concretos, y nos desazonan las grandes masas, los inesperados movimientos de precios, el exceso de información, la continua necesidad de tomar decisiones. Esa angustia de la sociedad abierta hace que olvidemos a menudo sus beneficios, como son el contraste de las ideas, la libertad de anudar relaciones personales, las oportunidades de creación e innovación, la mejora nunca soñada de nuestro nivel de vida. El nacionalismo es una de las formas de resistencia frente a la gran revolución que es el paso de la sociedad cerrada a la abierta.
Nada hay inevitable en los asuntos humanos. No tenemos que unirnos al rebaño de rinocerontes que invade las calles de la ciudad, como en la reveladora obra de Ionesco. Si comprendemos el fenómeno nacional, podremos salvar de la superstición orgánica nuestras democracias individualistas, tolerantes y plurinacionales.
Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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