28 de junio de 2002
Como pronosticar la economía
por Richard W. Rahn
Richard W. Rahn es Director del Center for Economic Growth y académico asociado al Cato Institute.
Mis amigos, sabiendo que soy economista, a menudo me preguntan "¿qué va a pasar con la economía?" Preguntarle eso a un economista es lo mismo que preguntarle a un corredor de bolsa cuáles acciones van a subir. Si lo supiera, ya fuera multimillonario.
Una importante razón por la que la gente está confundida respecto al futuro de la economía es que reciben diariamente mucha desinformación, proveniente tanto de la prensa como de la clase política. Para tener una visión clara de la realidad y poder hacer juicios razonables sobre el curso futuro de la economía, hay que saber que la inflación-el aumento generalizado del nivel de precios-es causada cuando el banco central (la Reserva Federal en Estados Unidos) produce demasiado dinero con relación al volumen de bienes y servicios. La deflación-la caída general de los precios-es causada por escasez de dinero. El problema es que es muy difícil saber de antemano cuánto dinero imprimir debido a que los cambios en los impuestos y en las regulaciones, el gasto gubernamental, las innovaciones tecnológicas, actos terroristas y las medidas instrumentadas por otros países afectan el crecimiento real de nuestra economía.
Recientemente, la Reserva Federal ha estado imprimiendo mucho más dinero, pero todavía no se ha reflejado en inflación porque la velocidad del dinero (el número de veces que el mismo dólar se gasta en un año) ha caído. La velocidad es menor porque la gente está guardando su dinero debido a la inseguridad producida por las amenazas terroristas y preocupación por la salud financiera de muchas empresas grandes.
Los índices de precio no sirven para guiar a la Reserva Federal porque sólo indican si en el pasado se imprimió mucho o muy poco dinero. La mejor indicación de inflación o deflación futura se logra analizando los precios a futuro de materias primas sensibles. Tales índices son publicados por el Wall Street Journal y otros periódicos. Los precios de las materias primas son hoy ligeramente más bajos que hace 10 años y que hace un año. Hace seis meses estaban muy deprimidos, pero subieron bastante a fines del invierno, principalmente por el aumento del precio del petróleo. Durante las últimas semanas han estado cayendo.
Las regulaciones gubernamentales frenan la economía cuando el costo de esas regulaciones es mayor que sus beneficios. La administración Bush ha estado haciendo un buen esfuerzo en evitar nuevas regulaciones que no pasen un examen de costo / beneficio. Sin embargo, los ataques irresponsables de abogados litigantes contra muchas industrias han provocado la caída de inversiones, lo cual resulta en menor crecimiento económico. Si nada se hace para controlar los excesos de los abogados litigantes, el crecimiento económico futuro será mucho menor.
Los impuestos son un importante elemento depresivo en el crecimiento económico porque desalientan el esfuerzo y el trabajo, el ahorro y las inversiones. Cuando pronosticamos el efecto de cambios en los impuestos, tenemos que ver más allá del peso impositivo total y examinar dónde afecta más. Un aumento en los impuestos a la gasolina que se gaste totalmente en mejorar las carreteras puede lograr más beneficio que costo. Sin embargo, un aumento al impuesto sobre la renta y a las nóminas de sueldos o sobre ganancias de capital, intereses, dividendos, etc. siempre hace daño porque reduce la oferta de mano de obra y de inversiones productivas. Los aranceles son impuestos destructivos, como lo saben todos los economistas desde Adam Smith en 1776.
Como resultado de los recortes impositivos de Bush, el peso de los impuestos será ligeramente menor, lo cual significa mayor crecimiento, pero eso está siendo compensado parcialmente por el aumento de algunos impuestos estatales y locales, como también por el aumento en los aranceles al acero y la madera.
Contrario a lo que se cree, el aumento de los gastos gubernamentales provoca más daño que beneficio a la economía. Ese mito fue creado por los economistas keynesianos, quienes fueron totalmente desacreditados por Friedrich von Hayek, Milton Friedman y otros. Debemos estar conscientes que cualquier gasto gubernamental proviene siempre de impuestos, préstamos o inflación de la moneda. Para que un aumento en los gastos del gobierno logre un efecto positivo, el beneficio tiene que exceder el costo de la extracción coercitiva de ese dinero al sector privado. La realidad es que los programas gubernamentales casi nunca pasan tal prueba. Es cierto que ciertos grupos pueden beneficiarse del gasto gubernamental, pero lo logran a expensas de la mayoría.
Si los gobiernos pudieran alcanzar la prosperidad gastando más, los países socialistas fueran los más ricos en vez de ser los más miserables.
Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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