4 de marzo de 2002

Guerra con Irak, ¿Quién decide?

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por Gene Healy

Gene Healy es Vice Presidente de Cato Institute.

Cuando el Secretario de Estado Colin Powell, quien suele ser muy cauteloso, hace un llamado a un "cambio de régimen" en Bagdad, se hace más claro que Irak es el próximo blanco en la guerra contra el terror. De acuerdo con la prensa, hay oficiales de la administración que están haciendo planes para que el presidente los revise, en los que examinan si se necesitará de una movilización masiva de tropas terrestres estadounidenses, o si el Congreso Nacional Iraquí puede tomar el lugar de la Alianza del Norte y llevar a cabo la mayor parte de las campañas terrestres.

Qué bonito que el Presidente Bush esté mirando todas las opciones militares, pero ¿dónde está escrito que un hombre, el presidente, puede decidir si Estados Unidos va a la guerra con Irak? En la Constitución, definitivamente no; ésta le da el poder de guerra al Congreso. En este caso, el Congreso no ha autorizado la acción militar en contra de Irak. A menos qué, y hasta qué, el Congreso lo autorice, el Presidente Bush no debe llevarla a cabo.

La sugerencia de que el presidente debiera tener el poder unilateral de hacer guerra fue rechazada decisivamente en la Convención Constitucional de 1787. En las palabras del delegado Elbridge Gerry de Massachusetts, "nunca se imaginó oír en una república una propuesta para dar al ejecutivo el poder de actuar solo al declarar una guerra". En lugar de esto, los constituyentes acordaron que el Congreso sería quien tendría el poder para declarar la guerra.

Es cierto que la Constitución nombra al presidente "Comandante en Jefe" de la marina y el ejército estadounidenses, pero como señaló Alexander Hamilton en el papel federalista No. 69, esto sólo hace del presidente el "primer General" de las fueras armadas de EE.UU., y los generales no pueden decidir contra qué países nos vamos a la guerra.

En el caso de Irak, el Congreso no ha pasado una declaración formal de guerra, ni ha autorizado acción militar alguna. Incluso la resolución de Uso de Fuerza aprobada por el Congreso tres días después del ataque al World Trade Center queda corta de autorizar acción militar en contra de Irak. Esa resolución sancionaría la guerra en contra de Irak sólo si se comprueba que el gobierno iraquí "asistió" en la llevada a cabo de los ataques del 11 de septiembre. La evidencia para esa proposición parece hoy mucho más débil que en octubre, cuando oficiales del gobierno checo anunciaron que el secuestrador Mohammed Atta se reunió en abril con un agente de la inteligencia iraquí en Praga, pues reportes recientes del New York Times, el Chicago Tribune y de la prensa checa han arrojado un velo de duda sobre si esa reunión se llevó a cabo.

Otros han apuntado a la correspondencia con ántrax que alarmó a la población en los meses siguientes al 9/11 como una justificación para declararle la guerra a Irak, pero a pesar de una investigación intensa, el gobierno norteamericano sigue sin encontrar evidencia que ligue a Irak con los ataques de ántrax. Como dijo recientemente el Director de Seguridad Interna, Tom Ridge, "basados en el trabajo investigativo de varias agencias, nos inclinamos más a pensar que el perpetrador es doméstico".

Pero aún si el gobierno descubre evidencia de que Saddam Hussein proveyó el ántrax, el congreso todavía tendría que autorizar la acción militar en contra de Irak; bajo sus términos actuales, la resolución de Uso de Fuerza sólo aprueba acción militar en contra de esas naciones, organizaciones o personas involucradas en "los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001". Por lo tanto, el Congreso no ha autorizado una respuesta militar a los ataques terroristas subsecuentes.

Sin embargo, cualquiera que haya seguido el debate sobre Irak en los medios puede pensar que el Presidente Bush tiene la autoridad que necesita para librar una guerra en contra de ese país. Nuestros representantes electos ciertamente piensan que sí. Halcones del senado como Joseph Lieberman (D.-Conn.), John McCain (R.-Ariz.) y Trent Lott (R.-Miss.) se han visto reducidos a pelear su caso por correo. En una carta al presidente del 5 de diciembre, el Senador Lieberman y otros escribieron que "creemos que debemos confrontar a Saddam directamente pronto". Incluso el Senador Daschle (D.-S. Dak.), que inicialmente estaba poco dispuesto a endosar la acción militar ahora sólo dice que al Congreso le gustaría "ser incluido, consultado, y quiere trabajar con la administración"-no que el presidente carece de autoridad para librar guerra unilateralmente en contra de Irak.

Pero si el presidente nos puede llevar a la guerra con Irak, sin siquiera un "con su permiso" al Congreso, entonces el poder del Congreso no vale el pergamino en el que está escrito. Todos los congresistas tienen el poder-y la responsabilidad-de votar sobre este asunto. Y por su parte, el Presidente Bush debiera de reconocer que hasta que el Congreso le otorgue la autoridad de atacar Irak, la Constitución se mantiene firme.

Traducido por Constantino Díaz-Durán para Cato Institute.