4 de abril de 2001
Kioto: Cuestión de matemáticas
por Patrick J. Michaels
Patrick Michaels es Académico Titular de Estudios Ambientales para Cato Institute.
Felicitaciones al Presidente Bush, el primer líder mundial que ha cuadrado a su administración para petrificar el tratado de Kioto.
Ya era hora. Además, es cuestión de matemáticas. Kioto fue probablemente el instrumento internacional más absurdo que llevara la firma del jefe del ejecutivo estadounidense.
Fuertes palabras, pero fáciles de respaldar con una pequeña clase fundamental de cambios climáticos. Si continuamos como hasta ahora, sin hacer nada y sin intentos dirigidos específicamente a popularizar tecnologías que reduzcan las emisiones de gases "invernadero", la temperatura de la tierra seguirá aumentando. Si promediamos los comúnmente llamados "modelos generales de circulación climática" que serán utilizados en el próximo compendio emitido por las Naciones Unidas respecto al clima, obtenemos una proyección de calentamiento de 2.2 grados Celsius (4 grados Fahrenheit) para los próximos cien años.
La mayoría de los modelos utilizados en el pasado (aunque no todos) exageran sus estimados respecto a la temperatura general del planeta, especialmente cuando se trata de las décadas más recientes. Cuando se ajusta la proyección media a esta realidad y al hecho científico de que una pequeña parte del calentamiento reciente se debe a cambios en el sol, baja inmediatamente el alza de temperatura esperada para los próximos cien años a alrededor de 1.4 grados Celsius (2.5 Fahrenheit). Varios científicos, que van desde aquellos empleados por el gobierno británico (cuya posición radical frente al calentamiento global causó algunas revueltas callejeras el verano recíen pasado), hasta los que forman parte de centros de pensamiento liberal, han analizado este cálculo para llegar a la misma conclusión.
Este último no es un gran número, y está distribuido en forma desproporcionada al incorporar al cálculo del nivel de calentamiento las temperaturas invernales más frías. Pero, más allá de todo esto, ¿qué diferencia sustancial traería Kioto?
La respuesta es: ninguna.
Por lo menos nada que pueda tener un efecto discernible en la manera en que el clima afecta nuestras vidas. Los científicos de la administración Clinton ya contestaron esta pregunta por nosotros: si todos los países hicieran lo que se comprometieron a hacer bajo el acuerdo de Kioto, la cantidad neta de disminución del calentamiento para el año 2100 sería 0.14 grados Celsius. Esto es el 6.4% del calentamiento promedio de los modelos de Naciones Unidas a los que me referí anteriormente.
¿Cuánto cuesta todo esto? Las estimaciones van desde un 1% a un 3.5% del PIB por año. Las sumas más elevadas asumen que existirá muy poca "transacción de emisiones" entre los países, donde podríamos, por ejemplo, tomar crédito por las emisiones prevenidas en Africa, mediante la entrega a ese continente de tecnologías menos contaminantes. Debo mencionar que nuestros amigos europeos no quieren que contrapesemos la mayoría de nuestras emisiones con este acto humanitario. La figura final del costo total aperece exagerada, como un espejismo, si no podemos contener nuestras emisiones con árboles y tierras y nos vemos forzados a subir el nivel de precios de la energía. De nuevo, nuestros amigos europeos no dejan que esto ocurra. Por lo tanto, un 3% del PIB es la figura más probable.
Si uno quiere ver un microcosmos de lo que Kioto traería, no hay que mirar más allá de California, salvo, claro, que ahí la falta de energía también debe exacerbarse con impuestos exagerados, a la propia energía.
Estos números son más que conocidos por la administración Bush, que necesita darlos a conocer al público y a la prensa medioambientalista, que nunca los menciona.
Piense en los mismos términos que se anliza un seguro. Sustituya "su casa" por el PIB. Según el acuerdo de Kioto, usted pagaría un 3% del valor de su propiedad, año a año. ¿Y si la casa se quema? Kioto le devolverá el 6.3% del valor total de la propiedad. ¿Eso es todo lo que obtiene por su dinero?
No. Es todavía peor. Kioto probablemente genere también graves daños al medioambiente. Es bien sabido que mientras más pudiente es una sociedad, más protege el medioambiente. Entre otras cosas, la gente tiene más capital para invertir en el desarrollo de tecnología eficiente. Extirpar este capital mediante impuestos onerosos a la energía (necesarios para la promulgación del acuerdo de Kioto), tiene el pernicioso efecto adicional de entregar al gobierno un fondo virtualmente ilimatado para disipar, siendo que la inversión debiera ser patrimonio exclusivo de los individuos. Personalmente he perdido miles de dólares en Ballard Power Systems, una compañía de energía celular, y conduzco un Honda Insight que funciona a electricidad y gas (un gran vehículo que realmente logra 70 millas por galón). Pero no es la responsabilidad del gobierno el andar comprando acciones o automóviles para mí ni para nadie.
Finalmente, Kioto es irrelevante. La historia nos enseña que no podemos anticipar los cambios tecnológicos de los próximos cien años, pero podemos estar seguros que aquello que nos proporciona energía, el poder para hacer funcionar las cosas, será muy diferente a lo que nos hace funcionar hoy en día. Compare los coches a caballo del 1900 con los más avanzados de nuestra época, que pueden ser manejados completamente por la Internet, por citar un ejemplo. No tengo idea de qué hará funcionar el mundo del 2100, pero dudo que produzca muchos gases "invernadero", dañinos o no.
Resuelva el problema matemático. Kioto fue un mal negocio, le importe o no el calentamiento global. Así como es fabuloso que finalmente aparezca un líder mundial con la valentía suficiente para decir la verdad.
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