4 de abril de 2000
Resolviendo la crisis global de las pensiones
por Fernando Alessandri
Fernando Alessandri es Director para América Latina de la International Policy Network y colaborador de www.elcato.org.
Como manera de lograr que algunos de los países más importantes de la "aldea global" tomen conciencia acerca de cómo resolver el problema de las jubilaciones pagadas por el estado, el Cato Institute, junto a The Economist, organizaron recientemente la conferencia anual "Resolviendo la Crisis Global de las Pensiones II: La Revolución Privatizadora", en Nueva York. Con las exposiciones de políticos, economistas, empresarios, analistas y académicos de veintidos países, se dió un paso más hacia la reforma que con tanto éxito ha llevado a unos pocos países emprendedores, a resolver un problema que la demografía y la demagogia mantienen en las agendas políticas y sociales de aquellos que se dicen representantes del "primer mundo".
Tal como en el dicho, "No es por mucho madrugar que se amanece más temprano" y ese es precisamente el punto que se intentó demostrar con este esfuerzo de discusión y análisis. Las pensiones Bismarkianas están en franca crisis, por lo tanto, los datos disponibles permiten inferir que no podrán cumplir con su fin esencial cual es el otorgar un sueldo digno a todo trabajador cotizante desde el momento en que jubila hasta su muerte. Es por ello que ya no basta con mencionar el tema para delegárselo luego a la próxima administración. Esto sólo contribuye a exacerbar las pasiones de los principales afectados: los más pobres y los más viejos. Como el sistema estatal de las pensiones no podrá cumplir con sus promesas en la mayoría de los países, muchas veces los políticos encargados de resolver el problema, por razones electorales, sólo proponen alternativas que postergan la catástrofe ineludible y disminuyen o terminan con los beneficios ofrecidos durante años, sin explicar a los contribuyentes que el sistema está quebrado.
Francia, por ejemplo, debido a las presiones de la izquierda, ha propuesto hace unos días, a través de su ministro Lionel Jospin, que se eleve el plazo de cotización para "garantizar las pensiones", es decir, que la mayoría de los empleados de franceses deberán trabajar al menos 40 años en lugar de 37, 5. Esto no sólo constituye una seria violación a la libertad de esos empleados, sino que abre la posibilidad de seguir ampliando eternamente la edad de jubilación y de soluciones incluso más vejatorias, como el recorte arbitrario de los beneficios que se obtendrán de dicha jubilación. No hay que ser abogado para intuir también algún vicio contractual, al menos axiológico, en el que una de las partes contratantes cambie a discreción las condiciones de la responsabilidad que le caben al justificar el cobro de un impuesto mediante la una promesa de una retribución futura.
En un sistema privado se deja de condicionar el retiro de las personas a los vaivenes de la política. El monto final a percibir depende de cada individuo, que sabe exactamente cuánto dinero tiene y dónde. Con esas cifras puede proyectar la cifra que obtendrá al momento de jubilarse. Con un sistema privado nadie puede cambiar estos beneficios.
Remedios como el francés aparecen constantemente en la agendas de políticos desesperados que no saben cómo enfrentar un tema que significa el voto de los "adultos mayores", un contingente de la población en constante crecimiento y de alta participación en los procesos electorales. Ejemplos de miopía técnica provenientes de representantes públicos las hay por montones.
De todas las exposiciones de la conferencia, se puede extraer como conclusión general que el problema de la seguridad social es fácil de resolver por técnicos capacitados y que su solución, más que liderazgos sobrenaturales, requiere de una buena campaña informativa, gestión ágil y sentido común. De esto último dejó evidencia José Piñera, quien como autor de la revolución de las pensiones chilena explicó su visión sobre una solución global a este conflicto.
Cuando un ciudadano norteamericano, el país más rico del mundo, paga mes a mes el impuesto para la seguridad social y no puede obtener garantía alguna de que el gravamen le significará una jubilación digna, el problema se hace evidente. El norteamericano promedio está sujeto a la discrecionalidad del parlamento, que para cumplir con una promesa del siglo pasado, está facultado para reducir los beneficios de los pensionados y aumentar la edad de jubilación o el aporte mensual de los contribuyentes, cuando lo estime necesario. Los parlamentarios estadounidenses, no obstante, gozan de un plan especial de jubilación privada, tipo 401k , que les evita los dolores de cabeza que aquejan a la mayoría de los trabajadores del país.
La Conferencia demostró que la crisis de las pensiones es un cáncer global, que no distingue por ubicaciones geográficas, razas, ni nivel de desarrollo. Los políticas actuales de inmigración, las tasas de natalidad de las familias de mayores ingresos y las características demográficas globales llevan a la conclusión inequívoca de solución más viable es privatizar.
Mike Tanner del Cato Institute citó un ejemplo que sirve de argumento contundente para abogar por la privatización: una pareja pobre, que gana US $40.000 al año entre los dos, paga cerca de 5 mil dólares al año en impuestos de seguridad social. El retorno anual de este gravamen es negativo bajo el sistema norteamericano actual, pero si lo pusieran en el banco y se mantienen los retornos históricos cercanos al 7% se retirarían con más de un millón de dólares.
Los asistentes explicaron sus casos particulares, se educaron sobre las dificultades de otros países, aprendieron más sobre la privatización y coincidieron en que si Estados Unidos privatizara, el mundo lo seguiría. Todo en Manhattan, la capital de los capitales, en un intento emblemático, dirigido a remover las conciencias de los gobiernos que discuten y discuten sobre un tema que ya podría estar resuelto.



























Promueva ElCato.org
ElCato en Twitter
ElCato en Facebook
Colección Milton Friedman
Premio Friedman