8 de septiembre de 1999

Tecnología y libertad

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por Carlos Ball

Carlos Ball es Periodista venezolano, director de la agencia de prensa AIPE (www.aipenet.com) y académico asociado del Cato Institute.

En Vancouver, la linda ciudad del Pacífico canadiense, Milton Friedman y el Fraser Institute organizaron la semana pasada una extraordinaria conferencia de cuatro días de la Sociedad Mont Pelerin, sobre el tema "¿Puede detenerse el furtivo avance del socialismo?"

En el discurso de apertura, el profesor Friedman mostró gran optimismo, al insistir que lejos de vivir una época en que el socialismo avanza, éste da claras señales de desintegrarse y quienes no lo ven así es porque toma tiempo percibir el cambio de la marea. La retórica puede que no haya cambiado mucho, pero la práctica sí. La inflación sufrida en los años 70 hizo que la gente perdiera toda confianza en los gobiernos. Y la Internet es una poderosa fuerza promoviendo la libertad, al imposibilitar la censura gubernamental y porque los gobiernos no son nada eficientes cobrando impuestos sobre algo que se mueve con tanta rapidez. Tradicionalmente la riqueza estaba concentrada en tierras y fábricas inmóviles, fáciles de controlar y de pechar por los gobiernos, mientras que se ha disparado el valor de la información, la cual se desplaza a increíble velocidad de un extremo al otro del mundo y lo que usted sabe, nadie se lo puede confiscar.

En los países socialistas era un crimen tener alguna cantidad de papel en blanco. La policía presumía que sería utilizado en diseminar información inconveniente para el régimen y cada copiadora en la Unión Soviética estaba bajo el control de un agente de la KGB. Por eso el presidente Truman decía que si un viernes se le entregaba un catálogo de Sears a cada ruso, el comunismo amanecería muerto el lunes siguiente. Hoy, tocando unas pocas teclas tenemos acceso inmediato al equivalente de millones de catálogos de Sears. David Henderson, de Hoover Institution, dice que así como el fax y los videos contribuyeron significativamente al desmoronamiento de la Unión Soviética, la Internet corroe las bases de cualquier gobierno totalitario que intente controlar lo que la gente piensa y hace.

Hoy en día, el movimiento más temido por el gobierno chino es Falun Gong, una organización religiosa y pacífica que utiliza la Internet y el correo electrónico para movilizar a miles de personas. Y en Estados Unidos sucede lo mismo. Cuando el gobierno federal intentó a principios de este año convertir a cada banco en espía de sus clientes, con una reglamentación que obligaba a las entidades financieras a reportar actividades rutinarias de las cuentas que manejan, el Partido Libertario organizó una campaña en defensa de la privacidad y las autoridades recibieron 257.000 correos electrónicos criticando la medida propuesta, la cual fue entonces suspendida.

Vaclav Klaus, presidente de la Cámara de Diputados checa, y el periodista inglés John O'Sullivan opinan que la "tercera vía" es la nueva careta del viejo socialismo. El Dr. Klaus dice que la "tercera vía" de los años 90 es un nuevo intento de salvar un viejo producto con una nueva envoltura: trata de preservar el socialismo, la socialdemocracia y al estado benefactor.

Pero el término "tercera vía" ha sido anteriormente utilizado por gente como Franco en España, Tito en Yugoslavia y los socialistas suecos. La nueva "tercera vía" tiene mucho que ver con política internacional, con los bombardeos de la OTAN, con el inmenso crecimiento de instituciones multilaterales manejadas por burócratas que no han sido elegidos por nadie. Una interesante sesión fue el debate entre Stan Fischer, subdirector gerente del Fondo Monetario Internacional, y George Shultz, ex secretario del Tesoro y de Estado. El Dr. Shultz argumenta que el FMI ha sido bueno para los bancos con problemas y muy malo para la gente. Sus operaciones de rescate han significado la intromisión política en los asuntos internos de las naciones afectadas por crisis financieras, con desastrosos resultados y terrible sufrimiento de los pueblos. Las crisis explotan por excesiva expansión y la concesión de créditos baratos a los compadres de los políticos. Son a estos a quienes el FMI les salva el pellejo y, de paso, evita o pospone la instrumentación de profundas y necesarias reformas, pasándole más bien la factura al pueblo, a través de devaluaciones y mayores impuestos. 

En un corto artículo no puedo describir sino algunos de los temas y mencionar a unos pocos de los brillantes conferencistas. Me impresionó el paralelismo del daño causado en Asia y América Latina por el funesto contubernio de políticos poderosos y grandes empresarios. La profesora Anne Krueger de Stanford describió los subsidios, protecciones y créditos baratos que el Chaebol coreano recibía del gobierno, un tipo de transferencia que resulta tan funesto y costoso como los subsidios y monopolios que suelen concederse a las empresas estatales.

La conferencia cerró con las intervenciones de Walter Wriston, ex presidente de la directiva de Citibank y Ed Crane, presidente del Cato Institute. Wriston apunta que hoy en día hay más empleados en el gobierno de Estados Unidos que trabajadores en la industria manufacturera y que las burocracias nunca mueren sino que logran transformarse y reinventarse. Crane define claramente a los participantes en la contienda: se trata de la sociedad civil contra la sociedad política. El presidente de Mont Pelerin, Ramón Díaz de Uruguay, mantiene que todos aquellos que se oponen a la espontaneidad, defendiendo el construccionismo racionalista, son enemigos de la libertad.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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