12 de julio de 1999
Che Menem
por José Piñera
José Piñera fue el ministro del Trabajo y Previsión Social de Chile responsable de la reforma radical del sistema de pensiones en 1980 (www.josepinera.com), es co-presidente del Proyecto para la Privatización de la Seguridad Social del Cato Institute, y presidente del International Center for Pension Reform (www.pensionreform.org).
El famoso retrato del Che Guevara, retocado por expertos de marketing, compite con aquel del actor Leonardo Di Caprio en las habitaciones de confundidos adolescentes norteamericanos y europeos. En su reciente biografía, Jon Lee Anderson le dedica mil páginas a este guerrillero comunista que intentó, en sus propias palabras, crear "múltiples Vietnam" en el centro de América Latina hasta que sucumbió en la misma violencia que él promovía.
Pero el argentino más importante de este siglo no será el Che Guevara, sino el Presidente Carlos Saúl Menem. El mandatario trasandino ha liderado una verdadera revolución económica en Argentina. Al derrotar la inflación, frenar la expansión del Estado, liberalizar el comercio exterior, privatizar virtualmente todas las empresas estatales, y crear un sistema de jubilación privada siguiendo el modelo chileno, Menem ha puesto nuevamente a su país en la ruta del desarrollo.
Se olvida a veces que entre 1880 y la Primera Guerra Mundial, Argentina estaba entre las naciones más prósperas del mundo, junto con Estados Unidos, Canadá y Australia. A comienzos de siglo, una frase común para aludir a un hombre de riqueza en Europa era "rico como argentino". Basta recorrer el legado de edificios de esa época: el Banco de la Nación (1888), el Palacio Municipal (1891), la Casa Rosada (1894), el Congreso Nacional (1906) y el magnífico Teatro Colón (1907), que rivaliza con La Scala de Milán. Desde ya, la Avenida 9 de Julio es más ancha que Champs Elysees en París.
Pero en los años 40, llegó al poder el coronel Juan Perón, quien al copiar las políticas económicas estatistas de su héroe, "Il Duce" Benito Mussolini, realizó el casi milagro de hacer transitar a Argentina desde el Primer al Tercer Mundo.
El Presidente Menem está demostrando con hechos que la economía de mercado puede convertir a Argentina, nuevamente, en un gran país. Su última propuesta, dolarizar plenamente la economía argentina, refleja no sólo su coraje extraordinario, sino también su visión. Es el camino correcto. Es anacrónico que en el globalizado siglo XXI existan 200 monedas distintas. Los costos de la incertidumbre cambiaria son enormes en los países emergentes y los márgenes de maniobra de una política monetaria autónoma son cada vez menores en economías abiertas. Desde ya, la tasa de interés doméstica bajaría a niveles internacionales haciendo posible múltiples nuevos proyectos de inversión y generando un boom productivo.
El destacado experto Steve Hanke, quien se reunió la semana pasada con Menem para analizar esta propuesta, me dice que la dolarización le agregaría dos puntos a la tasa de crecimiento de la economía argentina. El profesor Robert Barro acaba de proponer en el WSJ una simple fórmula para que los países que dolaricen sus economías no pierdan lo que se denomina técnicamente el "seigniorage" (la Reserva Federal de EE.UU. acepta 16.000 millones de pesos del Banco Central argentino, la cantidad de billetes en circulación, como pago por 16.000 millones de dólares recién emitidos; los pesos argentinos permanecen como colateral y son redimibles a la par si Argentina abandona el patrón dólar).
La dolarización equivale a terminar para siempre con la inflación y la inestabilidad cambiaria. Si lo hace Argentina, el efecto demostración cruzará la Cordillera de los Andes con la rapidez del gas natural, y un país pequeño y abierto como Chile se vería altamente beneficiado con una política similar. En México, cuyo ingreso al NAFTA ha generado una fuerte expansión del comercio bilateral con su vecino del Norte, también se está discutiendo seriamente la dolarización. Después de todo, este es el año en que incluso la orgullosa Francia ha comenzado a retirar el franco en favor de un euro emitido por un Banco Central europeo con mucho más que una sede en Alemania.
Tras la crisis brasilera, el presidente trasandino tiene en estos momentos una oportunidad histórica para dolarizar su economía y generar una dinámica que, tarde o temprano, involucre en la misma dirección a todo el continente. Si lo hace, el Che Guevara quedará sólo como un mal comportado niño de kindergarten al lado del verdadero gigante argentino del siglo veinte, el Che Menem.



























Promueva ElCato.org
ElCato en Twitter
ElCato en Facebook
Colección Milton Friedman
Premio Friedman