24 de septiembre de 1998
Rescate fracasado
por James A. Dorn e Ian Vásquez
James A. Dorn es Vice-presidente para Asuntos Académicos de Cato Institute y especialista en China y coautor de China's Future: Constructive Partner or Emerging Threat? (El Futuro de China: ¿Socios Constructivos o Amenaza Emergente?).
Ian Vásquez es Director del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute.
El fracaso del último rescate del Fondo Monetario Internacional en Rusia debe eliminar definitivamente la falsedad de que el dinero de la ayuda extranjera puede comprar reformas de libre mercado. Al mismo tiempo, la crisis rusa es tan severa que puede obligar a Moscú a introducir las reformas que no estaba dispuesta a poner en práctica bajo los programas del FMI.
La devaluación del rublo refleja la pérdida de confianza que ha habido respecto a las reformas, como también la expectativa de inflación. Es más, la nacionalización de industrias importantes, controles de precios y suspensión de la convertibilidad del rublo, como proponen varios miembros del Duma, sólo lograrán prolongar el huracán financiero. Occidente se ha dado cuenta que no se puede aportar ayuda económica bajo tales circunstancias, pero el patrón de los créditos del FMI que ha ayudado a crear la crisis muestra que ayuda a cambio de reformas es una equivocación.
El FMI aportó financiamiento por más de 20.000 millones de dólares en 1992, 1993, 1994, 1995 y 1996; cada vez a cambio de promesas rusas sobre las reformas. Los 11.200 millones de dólares aprobados por el Fondo en julio fueron concedidos sobre la base de condiciones virtualmente idénticas a las exigidas desde 1992. El préstamo de julio implicaba la reducción del déficit fiscal, solucionar los problemas de la banca y de la deuda. Todo eso lo habíamos escuchado antes, pero en agosto Stanley Fischer, en nombre del FMI, dijo que estaba seguro que Rusia aplicaría todas las medidas exigidas.
La explicación es la ausencia de los incentivos de mercado en las operaciones del FMI. Y en la práctica, el dinero del FMI en lugar de acelerar las reformas las retrasa al suavizar los problemas que enfrentan las autoridades. El reformista ruso Grigory Yavlinky ya había explicado en 1993 que "está claro que los nuevos créditos de occidente no son el remedio para Rusia, sino una droga que permite mantener un sistema incompetente".
Frente al incumplimiento por parte del gobierno ruso, por no querer o no poder, el FMI ha suspendido repetidamente los créditos. En cada ocasión, eso ha obligado a las autoridades a tomar más en serio la liberalización. Pero apenas hay un cambio de políticas, el FMI reanuda los créditos y simplemente no se arriesga a que Rusia haga lo que tiene que hacer sin su intervención.
Su fuerte incentivo institucional a prestar dinero explica por qué el Fondo estaba negociando con Rusia en julio el más reciente de los rescates a pesar del incumplimiento de las condiciones impuestas en el último préstamo. También explica la poca credibilidad dada a las condiciones del Fondo por parte de Moscú, a pesar de la buena voluntad de una minoría reformista en el gobierno.
Rusia no podrá evitar el dolor de sus propios errores y la situación tiende a empeorar en la medida que en cuanto a política económica se eche el reloj para atrás. Por otra parte, la agitación financiera quizá logre concentrar el interés de los políticos y la introducción de verdaderas reformas. Por ejemplo, para cumplir con los vencimientos de la deuda externa, Moscú puede proceder a privatizar industrias y activos estatales. Como eso toma tiempo, el economista de Harvard Martin Feldstein propone que se emitan bonos redimibles con las ventas de esos activos.
Otra opción es que Rusia permita la libre y legal circulación de dólares. La competencia con el rublo hará que la ciudadanía prefiera el dólar y ello, a la vez, obligará al Banco Central a producir, eventualmente, una moneda estable.
Para que sea exitosa la transición a una economía de mercado, el gobierno tiene que refrenar su poder y establecer el imperio de la ley. Ese proceso requiere total liberalización y al contrario de las prácticas actuales de salvar a las empresas quebradas, significa permitir que los bancos y demás empresas privadas fracasen o prosperen en un ambiente competitivo.
La crisis rusa ha puesto de manifiesto la intrascendencia del FMI. Y también le deja claro a los políticos rusos que el caos terminará sólo cuando se permita realmente el surgimiento espontáneo de una verdadera economía de mercado, sin ayuda externa.
Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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