21 de julio de 1998

Tres libertades pero una sola libertad

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por José Piñera

José Piñera fue el ministro del Trabajo y Previsión Social de Chile responsable de la reforma radical del sistema de pensiones en 1980 (www.josepinera.com), es co-presidente del Proyecto para la Privatización de la Seguridad Social del Cato Institute, y presidente del International Center for Pension Reform (www.pensionreform.org).

"Dame a tus cansados, a tus pobres, a tus masas apiñadas deseosas de respirar con libertad."

- Emma Lazarus (poema inscrito en la base de la Estatua de la   Libertad).

El grandioso monumento, donado hace algo mas de un siglo por el pueblo francés a los Estados Unidos, se ha transformado en el símbolo de la experiencia norteamericana.

Desde la bahía de Nueva York, la estatua ha dado la bienvenida a los millones de inmigrantes que, "deseosos de respirar con libertad", han contribuido a construir esa nación.

Los socialistas de todos los colores contemplan atonitos la magia de este país, capitalista y democrático, que atrae individuos de todo el planeta.

Sus intentos de desprestigiar esta experiencia y festinar este símbolo --"USA, donde la libertad es sólo una estatua", escribió alguna vez un ingenioso aunque equivocado poeta-- no han tenido éxito, ni siquiera cuando han intentado hacerlo levantando el fantasma del "imperialismo yanqui."

Se ha afirmado que la revolución americana no sólo fue la primera de significación en los tiempos modernos sino también la única que puede considerarse realmente exitosa en los últimos dos siglos.

Conocedores de las debilidades de la naturaleza humana, los padres fundadores de los Estados Unidos de Norteamerica comprendieron que la única manera efectiva de proteger al individuo frente a los excesos del poder era instaurando una sociedad integralmente libre.

Estados Unidos se ha transformado en un gran país porque ha defendido con similar celo las libertades políticas, económicas y civiles.

No es sólo una coincidencia histórica asombrosa que en el mismo año --1776-- se haya publicado tanto la Declaración de Independencia de los EE.UU., estableciendo ese derecho inalienable de cada hombre a "la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad", como "La Riqueza de las Naciones," el libro de Adam Smith que revolucionó el pensamiento económico y estableció los fundamentos de la economía de mercado.

En cambio, la tragedia de América Latina en este siglo fue que sus líderes no comprendieron esta íntima y simbiótica relación entre estas tres libertades. La buena noticia es que la revolución por la libertad que realizó Chile a partir de 1973, aunque no exenta de dolores y contradicciones, está "contagiando" al resto de los países de la región y abriendo por primera vez en 500 años la posibilidad de crear sociedades libres y prósperas en este continente. Sin embargo, aún hay que convencer a los que creen en la libertad económica pero temen a la voluntad democrática y la plena libertad de expresión, y a los que abogan por la libertad política pero desconfían del libre mercado y quieren unestado intervencionista y omnipotente.

Para derrotar en los albores del siglo que se avecina el subdesarrollo, la pobreza y toda forma de opresión, America Latina más que una estatua de la libertad necesita líderes que crean en la libertad integral y que tengan el coraje moral de luchar, contra viento y marea, por sus convicciones. Ese es el magnífico desafío.