29 de junio de 1998

Lecciones perdidas de la historia

Printer-friendly versionSend to friend

por Walter Williams

Walter Williams es profesor de economía en la Universidad George Mason y académico asociado del Cato Institute.

Recientemente vi en la televisión un documental de Steven Spielberg sobre el holocausto nazi. Una horrible historia del asesinato de millones de personas simplemente por ser judías. En el film, los sobrevivientes acusan a la intolerancia y el fanatismo, pidiéndonos juzgar a la gente por lo que se lleva por dentro, no por su raza o religión.

Esa explicación es problemática porque históricamente Alemania era el país más acogedor de los judíos en toda Europa. Cuando colapsó en 1933 la República Weimar y los nazi accedieron al poder, los judíos alemanes representaban una parte importante de la vida económica, cultural y social de ese país. Aunque representaban apenas 1% de la población, 10% de los médicos y 17% de los abogados eran judíos. Los judíos alemanes ganaron el 27% de los Premios Nobel concedidos a esa nación.

En los años 20, casi la mitad de los judíos se casaban con gentiles. Los judíos hacían un gran esfuerzo por "convertirse" en alemanes, adoptando muchos el idioma, la manera de vestir y hasta la religión. Los judíos reformistas incluyeron en su religión aspectos del cristianismo e iban al templo los domingos.

Entonces, ¿como un antisemitismo moderado se convirtió en holocausto? El camino al holocausto fue empedrado por la centralización y consolidación del poder gubernamental.

Apenas Adolfo Hitler asumió el poder promulgó la Ley Habilitante de 1933 y de Reconstrucción del Reich en 1934, centralizando el poder en sus manos y disolviendo las dietas (legislaturas) y los concejos municipales.

Luego Hitler procedió a ponerle la mano a los sindicatos alemanes, consolidándolos bajo el Frente Laboral Nazi. No había distinción entre el liderazgo del Frente Laboral y del Partido Nazi. A través del Ministerio de Alimentos y Agricultura se controlaron los precios y, en 1934, el gobierno fundó la Cámara Económica Nacional, enlazando a todas las cámaras de comercio y de industrias bajo el control del Ministerio de Economía.

Por desagradable que haya sido para los judíos la discriminación y los desaires sufridos en el pasado, jamás hubiera alcanzado el antisemitismo en Alemania tal grado de brutalidad criminal sin un gobierno todopoderoso y totalmente centralizado.

Los gobiernos poderosos tienden a atraer gente con egos inflados, quienes piensan que saben más que todos los demás y no dudan en aplicar la coerción para alcanzar sus propósitos personales. Como lo dijo Hayek: "en los gobiernos, lo peor sube al tope". La gente decente no tiene ningún deseo ni se considera con el derecho de darle órdenes a todo el mundo. En un estado colectivista, no hay nada que un líder colectivista no esté dispuesto a hacer para avanzar su programa.

La verdadera lección del holocausto es que no hay en ninguna parte mayor potencial de maldad que en un poderoso gobierno centralizado. En el siglo XX, 170 millones de personas han sido asesinadas por sus propios gobiernos. Pero ni nosotros en Estados Unidos ni los judíos en Israel hemos aprendido todavía la verdadera lección del holocausto.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
© Todos los derechos reservados. Para mayor información dirigirse a: AIPEnet