29 de mayo de 1998
La gran ilusión china
por James A. Dorn
James A. Dorn es Vice-presidente para Asuntos Académicos de Cato Institute y especialista en China y coautor de China's Future: Constructive Partner or Emerging Threat? (El Futuro de China: ¿Socios Constructivos o Amenaza Emergente?).
El objetivo chino de construir una "economía de mercado socialista" es un sueño. El socialismo de mercado, aún incluyendo las características chinas, sería un sistema rudimentario, algo así como los obreros-gerentes de Yugoslavia, y destinado al fracaso. La razón es simple: sin propiedad privada ampliamente difundida, las decisiones económicas (especialmente las decisiones sobre inversiones) seguirán siendo políticas y, por tanto, sujetas a la influencia corruptora del poder gubernamental.
Pero los líderes chinos no debieran temer imitar al occidente. De hecho, la tradición clásica china, con un linaje mucho más antiguo que el "socialismo de mercado", apunta hacia el libre mercado. El colapso de la Unión Soviética y el fracaso de la planificación central acabaron con el debate sobre si la planificación es superior al mercado. El vicepresidente de la Academia China de Ciencias Sociales, Liu Ji, en una reciente conferencia en Shanghai organizada por Cato Institute, dijo que "las únicas personas en China que todavía se aferran a la idea de la planificación gubernamental son los marxistas dogmáticos y fosilizados".
Sin embargo, es difícil acabar con la mentalidad planificadora. Los líderes chinos no quieren un mercado libre y privado sino un mercado socialista y regulado. La elite gubernamental prefiere la muy visible mano del gobierno en vez de la mano invisible del mercado. Pero los mercados no pueden ser planificados sino que ellos emergen espontáneamente según las preferencias del consumidor y los cambios tecnológicos, requiriendo derechos de propiedad bien definidos y libertad de contratación.
Friedrich Hayek dijo hace más de 60 años "asumir que es posible crear condiciones de verdadera competitividad sin hacer que aquellos responsables por las decisiones paguen por sus errores no es más que pura ilusión". Mientras las empresas estatales puedan recurrir al presupuesto nacional y no hayan dueños privados con acciones que puedan vender, los gerentes tendrán pocos incentivos para ser eficientes.
La clave de un sistema verdadero de libre mercado es el principio del orden espontáneo. Es decir, la noción que un sistema basado en intercambios voluntarios conduce en forma natural hacia la armonía económica y social al garantizar los derechos individuales y de propiedad. Cuando la gente es libre para dedicarse a lo que le convenga, siempre y cuando respete el mismo derecho a los demás y no haga uso de la fuerza, el intercambio produce un beneficio social. Los mercados libres y privados tienden a hacer a la gente responsable. El "sencillo sistema de libertad natural" de Adam Smith tiene un fundamento moral y un resultado beneficioso. Al permitirle a los individuos descubrir sus ventajas comparativas y comerciar, el mercado genera inmensa riqueza adonde se le permite operar, siendo Hong Kong el mejor de los ejemplos.
Así como el orden espontáneo es clave para el liberalismo económico, el principio de "no acción" es fundamental en el taoísmo chino. El mejor gobierno es el menor gobierno. Cuando el gobierno es limitado ayuda a cultivar un ambiente donde los individuos pueden alcanzar su felicidad y practicar la virtud.
En "Tao Te Ching", escrito más de dos mil años antes que "La riqueza de las naciones" de Adam Smith, Lao Tsu instruye al gobernante a adoptar la política de no interferir, como la mejor manera de alcanzar la felicidad y la prosperidad, reconociendo que "a más leyes y reglamentos, más ladrones". La corrupción no emerge de la libertad sino de exageradas restricciones gubernamentales. Lo mismo que el agua, los mercados buscan su nivel y mientras más ancho sea su curso, más firmes serán las instituciones que le sirven de cause.
El reto para China es ampliar el mercado y aportar la infraestructura institucional necesaria. Habría que pasar del "mercado socialista" al "mercado taoísta". O como dice el vice-ministro Gao Shagquan, el reto es tirar a las empresas estatales "al mar de la economía de mercado".
Las empresas estatales chinas no se pueden revitalizar porque ya están muertas. Ellas consumen más del 50% de la inversión gubernamental y emplean 66% de la mano de obra urbana, pero aportan menos del 30% de la producción. La mejor medicina sería fomentar al sector no gubernamental, el cual ya aporta más del 70% de la producción, permitiendo el desarrollo de nuevos tipos de propiedad.
China debe avanzar hacia el libre mercado de Hong Kong, en lugar de poner en peligro su futuro insistiendo en capitalismo de estado y planificación gubernamental. Sus líderes deben ir valientemente más allá de la política actual de mantener el control de las grandes empresas, dándole libertad a las pequeñas. Todas deben ser candidatas a la privatización para quitarle al gobierno el creciente lastre de una deuda que podría asfixiar al sector no estatal. Mantener el control de las grandes empresas es la receta del desastre, pero exactamente ese parece ser el camino que China piensa seguir.
China puede aprender de occidente, pero también puede adoptar el tradicional "mercado tao" como camino a la prosperidad. Como bien dice el presidente checo Vaclav Havel: "El único sistema económico que funciona es la economía de mercado, donde todo le pertenece a alguien, lo cual significa que alguien es responsable de todo se trata de la única economía natural, la única que tiene sentido, la única que conduce a la prosperidad, por ser la única que de verdad refleja la vida natural misma."
Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
© Todos los derechos reservados. Para mayor información dirigirse a: AIPEnet



























Promueva ElCato.org
ElCato en Twitter
ElCato en Facebook
Colección Milton Friedman
Premio Friedman