29 de mayo de 1998

Cinco sugerencias para Nicaragua

Printer-friendly versionSend to friend

por L. Jacobo Rodríguez

L. Jacobo Rodríguez fue director asistente del Proyecto de Libertad Económica Global del Cato Institute.

Nicaragua es un ejemplo clásico de lo que sucede con el crecimiento económico cuando las instituciones y la política económica se ignoran. En 1977, la renta per capita en Nicaragua era 1.930 dólares, aproximadamente 500 dólares más que en Chile; en 1993, la renta per capita en Nicaragua era 550 dólares, alrededor de una cuarta parte de la de Chile (2.150 dólares).

Chile adoptó un ambicioso programa de reforma de libre mercado que redujo ampliamente el papel del Estado en la economía. Este programa culminó en su día con la restauración de la democracia y la ampliación de las libertades políticas. Nicaragua, por su parte, sufrió una revolución contra el detestable régimen de los Somoza en los años 70, una dictadura marxista y una guerra civil en los 80 y, en los 90, seis años de un gobierno que estaba más preocupado con apaciguar a los antiguos dirigentes marxistas, los sandinistas, que en adoptar reformas de mercado. Hoy en día Nicaragua es la segunda nación más pobre del hemisferio occidental.

El 10 de enero Arnoldo Alemán asumió la presidencia de las manos de Violeta Chamorro--la primera vez en la historia de Nicaragua que un civil elegido democraticamente traspasa el poder a otro civil elegido democraticamente. Nicaragua tiene ahora otra oportunidad de convertirse de nuevo en el granero de Centroamérica. Para que eso suceda, Alemán necesita adoptar un programa de reforma radical en los primeros meses de su presidencia.

El antiguo secretario de Estado de los E.E. U.U., James Baker III, declaró recientemente: "El nuevo gobierno tiene alrededor de 18 meses, y si para entonces no ha implementado las políticas adecuadas, los inversionistas se irán a otra parte." Dada la rapidez con que otras naciones latinoamericanas están reduciendo el papel del Estado en la economía, en efecto puede que se trate de la última oportunidad que Nicaragua reciba.

¿Qué tipo de políticas ha de adoptar el nuevo gobierno? He aquí algunas sugerencias en los campos a los que los inversionistas echarán el primer vistazo:

1. Inscripción de las escrituras de propiedad. La falta de derechos de propiedad claramente definidos es el mayor problema de Nicaragua. Durante los años 80, los sandinistas confiscaron las propiedades de individuos opuestos al régimen. Luego, tras las elecciones de 1990, el gobierno de Chamorro prometió resolver el problema de la restitución y compensación, pero dejó más de 24.000 demandas sin decidir. Por lo tanto, el nuevo gobierno tendrá que solucionar el problema de las escrituras de propiedad si es que quiere atraer la inversión a Nicaragua.

Dada su complejidad, este tema no tiene una solución clara. Sin embargo, esta claro que cualquier solución que se adopte tendrá que incluir la devolución de las propiedades confisacadas a sus antiguos propietarios, en los casos en los que sea posible; ofrecer una compensación basada en los recursos disponibles por el Estado, en aquellos casos en los que la devolución no sea posible; y, finalmente, conceder nuevas escrituras de propiedad a todos los ocupantes de esas propiedades para que éstas puedan valorizarse.

2. Adoptar un sistema de cajas de conversión. Una moneda robusta y estable es tan importante para el buen funcionamiento de la economía de mercado como lo son los derechos de propiedad claramente definidos. Lamentablemente, al córdoba nicaragѼense se le puede aplicar cualquier calificativo en los últimos años menos los dos mencionados anteriormente. A finales de los años 80 y a principios de los años 90, la tasa de inflación estuvo por encima del 1.500 por ciento anual. Desde 1994, esa tasa ha bajado al 12 por ciento anual. A pesar de esa mejora, la incertidumbre institucional y la falta de independencia del banco central sugieren que Nicaragua se beneficiaría enormemente si adoptase una política monetaria sujeta a unas normas establecidas, como el sistema de cajas de conversión. Al fijar permanentemente el valor de la moneda doméstica a una moneda de reserva (como el dólar), el sistema de cajas de conversión protege al banco central de las presiones políticas, da credibilidad al proceso de reforma, y transforma la moneda doméstica en una moneda estable y totalmente convertible.

3. Introducir una reforma de pensiones. Más de la mitad de la fuerza laboral de Nicaragua está sin trabajo o trabajando en la economía informal. Establecer un sistema de pensiones similar al modelo chileno, que tanto éxito ha tenido, proveería a los trabajadores con un incentivo para incorporarse a la economía formal y con una fuente de ingresos en su anciana edad. Además, un sistema de capitalización individual aumentaría la tasa de ahorro doméstico, creando así un fondo de capital interno y disminuyendo la dependencia del país del capital externo.

4. Acabar con la dependencia de la ayuda externa. Desde que los sandinistas perdieron las elecciones en 1990, Nicaragua ha recibido más de 3.000 millones de dólares en ayuda oficial de desarrollo. Esa asistencia no ha colocado a Nicaragua en el camino del crecimiento económico sostenido. De hecho, gran parte de ese dinero ha desaparecido sin dejar ni rastro. Si el señor Alemán está dispuesto a reformar la economía, la ayuda oficial para promover esa reforma es innecesaria; aún peor, crearía un incentivo para retrasar las reformas necesarias. Si no está comprometido a la reforma, cualquier asistencia económica que Nicaragua reciba sólo perpetuará la miseria de los nicaragѼenses.

5. Jubilar al ejército. Desde 1990, las fuerzas armadas de Nicaragua han sido reducidas de 100.000 hombres a 14.000, lo que significa que todavía sobran 14.000 hombres. Dada la frecuencia con que las fuerzas armadas han intervenido en los asuntos civiles de Nicaragua, en vez de reducir las fuerzas armadas, una mejor idea sería eliminarlas de una vez por todas, dejando un cuerpo de policia y el guardacosta para garantizar el orden doméstico.

Estas cinco sugerencias servirán para curar a Nicaragua del dogma estatista que le ha afligido durante la mayor parte de su historia. También fomentarían el crecimiento económico y la creación de empleo, y atraerían de nuevo la inversión extranjera.