29 de mayo de 1998

Minimizando la coacción

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por L. Jacobo Rodríguez

L. Jacobo Rodríguez fue director asistente del Proyecto de Libertad Económica Global del Cato Institute.

El Cato Institute, el think tank liberal con sede en Washington, celebra su 20 aniversario en 1997, lo que nos ha producido gran satisfacción a aquéllos que trabajamos en el Instituto.

No obstante, dudo que mucha gente en España esté familiarizada o incluso comprenda la naturaleza del Cato o de su trabajo, ya que los organismos independientes de pensamiento apenas existen en España y en Europa Occidental en general.

Cato es un centro privado de investigación de políticas públicas. Es independiente, sin fines de lucro y no está afiliado a ningún partido político. Su misión es aumentar el conocimiento y profundizar el entendimiento de las políticas públicas desde la perspectiva de un gobierno limitado, mercados libres, libertad individual y paz. Con ese fin, el Instituto emplea los medios más efectivos para originar, defender, promover y diseminar propuestas políticas aplicables que crean sociedades civiles, libres y abiertas en los Estados Unidos y a través del mundo.

Desde su creación Cato no ha solicitado ni ha aceptado fondos públicos por dos razones: una filosófica, la otra práctica. Desde un punto de vista filosófico, no creemos que, en una sociedad libre, el Estado deba subvencionar la creación de ideas. (Tampoco creemos que el Estado deba subvencionar a la empresa privada o cualquier otra actividad de mercado.) Además, sería injusto obligar al contribuyente a apoyar ideas con las que puede no estar de acuerdo. En segundo lugar, de aceptar fondos públicos comprometeríamos nuestra independencia, nuestra credibilidad y la calidad de nuestras recomendaciones.

Por consiguiente, Cato se financia con las donaciones voluntarias de individuos, compañías y fundaciones benéficas. Los patrocinadores del Cato, no obstante, no deciden el programa de investigación del Instituto ni mucho menos las conclusiones de sus analistas. De no estar de acuerdo con las opiniones del Cato, estos patrocinadores tienen la libertad de dejar de apoyar al Instituto. De hecho, Cato ha atacado siempre la beneficiencia corporativa, lo que probablemente le haya costado las donaciones de multinacionales que se benefician de esa forma de intervención gubernamental en la economía.

Aunque los principios que Cato defiende pueden ser únicos, numerosos organismos en los Estados Unidos también están financiados por el sector privado y operan como el Cato, creando una competencia de ideas. Bajo este ambiente, los think tanks han reemplazado en los últimos años a las universidades como la fuente de ideas nuevas y relevantes sobre las políticas públicas.

En el centro de lo que Cato hace está la sociedad civil--esa red de asociaciones privadas, independientes y de afiliciación voluntaria articuladas entorno a objetivos benéficos o sociales comunes. Cato sólo podría existir en un ambiente en el cual la sociedad civil está más o menos desarrollada, como es el caso de los Estados Unidos. Además (y aquí es donde Cato difiere con otros think tanks que forman parte de la sociedad civil), los analistas del Cato defienden propuestas políticas consistentes con la sociedad civil, no con la sociedad política.

El presidente del Cato Edward H. Crane ha expresado el contraste entre la sociedad civil y la política en términos bien claros. "En una sociedad civil," dice, "tú tomas las decisiones sobre tu vida. En una sociedad política alguien toma esas decisiones por ti. Y como no es el orden natural de las cosas que alguien tome esas decisiones sobre tu vida, la sociedad política se basa necesariamente en la coacción."

En resumidas cuentas, ese es el objetivo del Cato: minimizar la coacción, ya sea ésta a manos del Estado o a manos de individuos. Por ejemplo, creemos que los inmigrantes deberían ser bien recibidos en los Estados Unidos siempre y cuando no supongan una carga para el contribuyente y respeten las leyes del lugar, una opinión que muchos conservadores americanos no comparten. Pero si estamos a favor de la libre circulación de bienes y de capital, ¿por qué no deberíamos favorecer la libre circulación de gente? En realidad, se trata de aplicar consistentemente el mismo principio (minimizar la coacción) a diferentes cuestiones políticas.

La escasez de think tanks independientes en Europa Occidental es un argumento convincente para demostrar que la sociedad civil apenas está desarrollada en el Continente. Al apropiarse para sí mismo funciones que el sector privado debería desarrollar, el Estado en Europa Occidental está sofocando la sociedad civil y, también, la libertad individual.