29 de mayo de 1998
Los mitos del rescate mexicano
por Ian Vásquez y L. Jacobo Rodríguez
Ian Vásquez es Director del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute.
L. Jacobo Rodríguez fue director asistente del Proyecto de Libertad Económica Global del Cato Institute.
El presidente Clinton pidió al Congreso 18 mil millones de dólares para el Fondo Monetario Internacional. Los defensores del FMI apuntan al rescate mexicano de 52 mil millones de dólares como ejemplo del éxito del organismo. En 1995 presentaron la operación como la manera de evitar una crisis económica global, promover la reforma económica mexicana y disminuir la posibilidad de futuras crisis. Pero lo único que en realidad demostró es el inmenso daño que hace el FMI.
Una combinación contradictoria de políticas monetarias, fiscales y de cambios por parte del gobierno mexicano precipitó el derrumbe del peso. Los mercados simplemente respondieron a las decisiones imprudentes de los gobernantes. Fue una crisis creada por el propio gobierno.
La declaración de Clinton de que el rescate forzó a México a "establecer un estricto programa de ajuste a fin de ordenar su casa económica" es incorrecta. Al contrario, los créditos del FMI más bien permitieron que el gobierno frenase las reformas requeridas. Por ejemplo, el monopolio estatal del petróleo, Pemex, no ha sido ni privatizado ni liberalizado; el precio de la gasolina en México es más alto que en Estados Unidos. Como ha observado el economista mexicano Roberto Salinas León, el rescate "dejó intactos los elementos estatistas" y "proporcionó una válvula de escape para evitar dar la vuelta completa en asuntos de reformas estructurales".
De hecho, sin el rescate, el gobierno mexicano habría tenido que renegociar una extensión en el vencimiento de la deuda y vender activos del estado para pagar. El anuncio de tales medidas habría restaurado la confianza de los mercados en México y logrado lo que ha tomado años tras la intervención del FMI: la reanudación de los flujos de capital privado. El resultado de la intervención fue que se pospusieran las reformas necesarias y que los acreedores recuperaran su dinero.
El pueblo mexicano, lejos de beneficiarse con el rescate, sufrió un brusco descenso en su nivel de vida. De hecho, el ingreso real per capita ha retrocedido al nivel de 1974 y, además, los mexicanos tendrán que cargar con más deuda pública. Desde fines de 1994 hasta fines de 1996, México añadió 60 mil millones de dólares a su deuda externa, que ya asciende a 160 mil millones de dólares. Además, en vez de proceder a liberalizar el sector financiero, abriendo la banca totalmente a la inversión extranjera, el gobierno rescató a los bancos comerciales, asumiendo más de 45 mil millones de dólares en créditos malos y dudosos. Como resultado, el débil sector bancario todavía necesita una profunda reestructuración.
Las alarmas respecto a una crisis sistémica jamás fueron creíbles. Como Michael Prowse del Financial Times dijo: "La caída en las exportaciones de E.U. como resultado de una depresión en México probablemente bajaría el PIB por unas décimas de un 1 por ciento". Es cierto que ya México pagó el préstamo y los intereses al Departamento del Tesoro de E. U., pidiendo otros créditos. Pero todavía tiene que pagarle al FMI.
Independientemente de que el FMI logre rescatar todos sus créditos, las contribuciones de Estados Unidos al Fondo aumentan la deuda pública y afectan los tipos de interés de los créditos que el mismo gobierno de E.U. solicita. Los créditos del FMI son una mala inversión de los recursos del contribuyente por otras dos razones: el Fondo Monetario concede créditos a tipos de interés que no reflejan el verdadero riesgo y el hecho que sigue pidiendo más fondos no es indicativo que utiliza sabiamente el dinero ya en su poder.
Como mantiene el economista Allan Meltzer, que México haya pagado o no es irrelevante. El problema es que "los programas del FMI rompen el vínculo entre el riesgo social el riesgo que asume el país con problemas y el riesgo privado que asumen los banqueros". Al rescatar a México, el FMI institucionalizó incentivos perversos y, consecuentemente, creó un sistema financiero que genera nuevas crisis.
El legado del rescate mexicano en 1995 es la crisis asiática de hoy, por lo menos en su severidad. El rescate avisó al mundo que si algo sale mal en las economías emergentes, el FMI acudirá a rescatar a los inversionistas. En parte por eso, los flujos de capital privado a países del este asiático se doblaron en 1995.
Para acabar con un sistema generador de nuevas crisis, donde ni los gobiernos ni los inversionistas que arriesgan dinero pagan el costo total de sus imprudencias, el Congreso de E.U. debe rechazar la solicitud del presidente Clinton y del FMI.
Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
© Todos los derechos reservados. Para mayor información dirigirse a: AIPEnet



























Promueva ElCato.org
ElCato en Twitter
ElCato en Facebook
Colección Milton Friedman
Premio Friedman