16 de marzo de 2006

Conduciendo a bin Laden

Printer-friendly versionSend to friend

por Jerry Taylor y Peter Van Doren

Jerry Taylor es Académico Titular del Cato Institute.

Peter Van Doren es Editor, Revista Regulation del Cato Institute.

Cuando manejas solo, ¿manejas con bin Laden? Un número creciente de analistas políticos parece que lo creen y hasta el presidente lo dijo en una entrevista con el conductor de noticias Bob Scheiffer de CBS News unos días antes de su tan cacareado discurso del “Estado de Adicción” ante una sesión conjunta del congreso y el senado. Desafortunadamente, la opinión general de que la conservación y los combustibles alternativos irán a mutilar al terrorismo Islámico es ilusionarse en vano.

El problema fundamental del argumento es que los terroristas no necesitan ganancias del petróleo. El hecho de que el terrorismo catastrófico puede ejecutarse con relativamente poco dinero (unos cuantos cientos de miles de dólares pagaron por los ataques del 9/11) sugiere que cortarle los recursos financiaros a al Queda efectivamente es una tarea sin esperanzas.

Evidencia adicional de la irrelevancia del dinero para el terrorismo es la ausencia de una correlación entre las ganancias petroleras del Golfo Pérsico y la actividad terrorista. Los precios y las ganancias del petróleo durante los 1990s fueron históricamente bajos. Pero en los 1990s también se esparcieron a nivel mundial los fundamentalistas Wahabbi y comenzó el surgimiento de al Queda. Fíjese también que los terroristas Islámicos en los 1990s dependían de la ayuda de patrocinios estatales como Sudan, Afganistán, y Pakistán—naciones que no son exactamente conocidas por su riqueza derivada del petróleo o por sus economías robustas.

Así que los terroristas no dependen de las ganancias derivadas del petróleo. Lo que los terroristas necesitan más que nada es una fuente de reclutas de la cual seleccionar a sus seguidores. Una pregunta: ¿Cómo supone usted que el mundo Musulmán reaccionaría a una política departe de los EE.UU. que tiene como su explícita intención el empobrecer a los musulmanes en partes sospechosas del mundo? Las ganancias petroleras más bajas, después de todo, significan pagos estatales más bajos para los jóvenes musulmanes desempleados y una economía menos robusta.

Como el deteriorar las condiciones económicas engendra descontento social y resentimiento político (del cual fácilmente se puede culpar a EE.UU.), “matar de hambre al monstruo del petróleo” muy bien podría incrementar la fuente de reclutamiento para al Qaeda e invitar a los estados de producción a que reconsideren su alianza en la guerra contra el terror. Aunque nuestra compra de petróleo de algunos países en efecto fortalece algunos regímenes verdaderamente patológicos, el disminuir el consumo de petróleo pudiera producir aun más regímenes patológicos.

El reducir las ganancias del petróleo de regimenes nocivos sería un riesgo que valdría la pena tomar si los miles de millones de estos regimenes estuvieran llegando al bolsillo de al Queda, pero eso parece improbable. Todo lo que sabemos sugiere que las células terroristas de al Queda son operaciones de financiación a base de ingresos corrientesque ante todo se ocupan en una amplia variedad de acciones criminales para patrocinar sus actividades. Ya que el gobierno de Arabia Saudita, Kuwait, y otros en la región están marcados para ser eliminados si a bin Laden se le realizan sus deseos, a esos gobiernos no les interesa hacerle una transferencia de ganancias de petróleo a algún apartado de correos en Pakistán.

Los estados productores de petróleo si usan las ganancias de petróleo para patrocinar el extremismo ideológico y el financiamiento Saudita de las madrazas es el principal ejemplo de esto. Pero dada la importancia de esta actividad para el gobierno Saudita (después de todo, fue instituida para defender la posición de la Casa de Sauditas sobre su liderazgo en el mundo Islámico como reacción a las críticas de los Shiitas radicales de Irán), es improbable que los Sauditas cesarían y desistirían simplemente porque las ganancias fueron bajas. Ellos de ninguna manera fueron disuadidos por los las gananciaspobres ganancias de los 1990s.

Así que lo más probable es que el reducir las ganancias de petróleo no reduciría el terrorismo. Pero, ¿Acaso una reducción del terrorismo no disminuiría la necesidad de presencia militar en el Golfo Pérsico? No, porque no hay necesidad de presencia militar estadounidense a pesar de la cantidad de petróleo que importemos.

Seguramente es verdad que una interrupción de la oferta del petróleo del Medio Oriente podría aumentar el precio del petróleo crudo en todo el mundo. Pero solo porque la seguridad del petróleo del Medio Oriente tiene las características de un bien público para todos los consumidores del mundo esto no implica que EE.UU. tenga que proveer aquella seguridad. Los productores de petróleo verán por su propia seguridad siempre y cuando el costo de hacerlo sea menor que la ganancia que ellos obtienen del comercio petrolero. Dado que sus economías son tan dependientes de los ingresos petroleros, ellos tienen hasta más incentivos que nosotros para preocuparnos por la seguridad de las instalaciones de producción, los puertos, y las vías marítimas. Los países consumidores pueden pagarle a los productores para aumentar la seguridad.

En pocas palabras, cualquier seguridad que provea nuestra presencia (y muchos analistas piensan que nuestra presencia en realidad reduce la seguridad) puede ser provista por otros actores involucrados si es que EE.UU. se retirase. El hecho de Arabia Saudita y Kuwait pagaron por 55 por ciento del costo de la Operación Tormenta de Desierto sugiere que mantener el Estrecho de Hormuz libre de problemas seguramente es algo que si pueden costear. El mismo argumento se aplica a las amenazas de al Qaeda a las instalaciones de producción de petróleo.

No es sorprendente que la clase política se ha convencido a sí misma de que las más donaciones para los agricultores y más regulación automovilística constituyen un “arma secreta” para la guerra en contra de bin Laden. Es sorprendente, sin embargo, que tantas personas, serias de otra manera, están dispuestas a creerles.

Traducido por Peter Lamport para Cato Institute.