11 de junio de 2010
¿Por qué quisiera El Salvador copiar a Brasil?
por Manuel Hinds
Manuel Hinds es ex Ministro de Finanzas de El Salvador y co-autor de Money, Markets and Sovereignty (Yale University Press, 2009).
En su discurso de primer año, el presidente mencionó a Brasil entre los países exitosos económicamente a los que él quisiera copiarles para generar crecimiento. En el mismo aliento, dijo que quería convertir al país de una economía "especulativa" a una "productiva". Estas dos afirmaciones juntas destemplan un poco la mente, como cuando uno escucha dos conceptos que son contradictorios, o como se destemplan los dientes cuando alguien aruña una pizarra.
El término "economía especulativa" existe en el lenguaje de mítines pero no en los textos de economía.
Tratando de hallarle sentido, uno puede interpretarlo como refiriéndose a una economía cuyos éxitos o fracasos no se deben a cambios en su productividad sino a cambios en los precios de los productos primarios que vende —es decir, como siempre ha sido y sigue siendo Brasil.
El ingreso de Brasil, igual que el de cualquier especulador de productos primarios, depende de los movimiento de los precios de dichos productos.
El Producto Interno Bruto por habitante de Brasil se ha movido como si fuera un espejo de los movimientos de los precios de estos productos entre 1992 y 2008. Se estancó y cayó de 1995 a 2003 porque dichos precios se estancaron y cayeron. El éxito reciente se debe a que esos precios subieron como consecuencia de la demanda china.
Es decir, las economías "especulativas" no existen, pero si existieran, Brasil sería una de ellas. En cambio, El Salvador es todo lo contrario de esta economía "especulativa".
En cambio, El Salvador se mantuvo estable a través de los años porque sus exportaciones son mayormente industriales y por tanto no sujetas a las fluctuaciones especulativas de los productos primarios. No hay nada que copiar allí de Brasil.
Es evidente que el presidente confundió cual país era cual en su rápido análisis de lo que diría en el discurso.
Tampoco es que tengamos que copiar la tasa de crecimiento de largo plazo, que es la que importa porque los precios de los productos primarios suben y bajan, las crisis van y vienen y otras circunstancias cambian. En el largo plazo El Salvador ha crecido mucho más rápido que Brasil.
En general, no tenemos que copiar a los países que tienen más recursos naturales que nosotros y que están creciendo fuertemente porque los precios de esos recursos han subido, sino a los países que usan sus recursos más eficientemente que nosotros para sacarles más ingresos. Esta eficiencia se mide con lo que se llama productividad total de los factores.
Si observamos este indicador para toda Latinoamérica, vemos que Brasil, la economía que el presidente Funes quiere copiar, tiene una productividad menor que la de El Salvador. Tampoco hay mucho que copiar por allí. Mejor copiar a Chile, o a Costa Rica.
¿Y qué tal en términos de desigualdad? Como he escrito varias veces en estos espacios, la pobreza, no la desigualdad, es el problema del subdesarrollo (excepto para los envidiosos). Pero como el FMLN que gobierna al país tiene una obsesión con la desigualdad, vale la pena comparar la desigualdad de El Salvador con la de Brasil.
El Salvador es el sexto país con menos desigualdad en Latinoamérica. Brasil es el número 18. Es el país con más desigualdad en la región. Tampoco hay mucho que copiar allí.
Esto no quiere decir que no haya muchas cosas que copiar de Brasil. La más importante es que han logrado dominar a los extremistas de izquierda que querían convertir a su país en otra Cuba u otra Venezuela. Al hacerlo, han abierto la puerta a una alternancia en el poder en la que la destrucción institucional del país no es ya una posibilidad realista.
Los inversionistas pueden ya confiar en que el país no caerá presa de extremistas que quieran quitarles el fruto de sus ahorros. Esto, no un modelo económico especial, es lo que le abrirá a Brasil las puertas del crecimiento sostenido y el camino al desarrollo.
Esto es lo que permitirá que Brasil invierta más en industria y servicios para independizarse de la especulación de los precios de los productos primarios. Esta liberación de la sociedad del extremismo es lo que debemos copiar de Brasil. No es una lección trivial. Es fundamental para nuestro desarrollo y es exactamente lo que necesitamos hoy.
Este artículo fue publicado originalmente en El Diario de Hoy (El Salvador) el 7 de junio de 2010.



























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