21 de diciembre de 2012

Paraguay: Los impuestos electorales a la agricultura

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por Víctor Pavón

Víctor Pavón es Decano de Currículum UniNorte (Paraguay) y autor de los libros Gobierno, justicia y libre mercado y Cartas sobre el liberalismo.

La reciente media sanción en el senado al impuesto a la exportación de soja, girasol, trigo y maíz, prueba que muchos de nuestros dirigentes desconocen los textos de economía básica. Alguna vez había dicho en una conferencia que demasiados de nuestros políticos están suficientemente perdidos para reconocerlo; así la realidad se les escapa del análisis y empiezan a proponer respuestas que solo perjudican a la misma sociedad.

Esto está ocurriendo en Paraguay. Y sucede en especial en épocas electorales, cuando los dirigentes están deseosos de salir con alguna “idea” o “solución” llamativa para llamar la atención. Infelizmente, con este tipo de leyes los políticos demuestran que cada vez están más desconectados de la gente. Desconocen lo que se enseña en cualquier lección de introducción a la economía, de ahí que sostengo que muchas veces los políticos están suficientemente perdidos para reconocerlo.

Pero pasemos al tema. Una lección muy básica de la economía que se aprende en “teoría del capital” del austríaco Böhm Bawerk, uno de los fundadores una de las escuelas más importantes de economía en el mundo, ilustra cómo cualquier incremento de productividad requiere de un proceso de inversión en bienes de capital que, a su vez, requiere que previamente se produzca un ahorro.

Pero los amantes del intervencionismo estatal prefieren desconocer esta sencilla y profunda lección. Si se penaliza el ahorro y el capital, aunque sean productos agrícolas, la tendencia será disminuir la producción y la misma productividad. Es un absurdo contribuir con el Estado mediante más tributos si previamente ese mismo Estado, empieza a patear sobre los fundamentos de la riqueza que, a propósito, solo se origina mediante la iniciativa personal y empresarial privada.

En concreto, este impuesto a la exportación de soja con el claro motivo revanchista de sancionar a los "sojeros que ganan demasiado", entre otros efectos negativos, nos irá sacando competitividad en un mundo que clama por alimentos y que el Paraguay tiene todas las condiciones para proporcionar. Los senadores se olvidaron que no solo a los “ricos sojeros” se les perjudicará con su impuesto, sino a los pequeños y medianos productores que se dedican al girasol o al maíz.

Este impuesto al agro también prueba que muchos de nuestros dirigentes están dispuestos a todo en época electoral. Alentados por el populismo están creando miseria, porque claro, sin miseria no hay populismo y ocurre que de esto viven.

Impuestos y mediterraneidad

Los senadores tampoco parecen entender que el Paraguay tiene una importante desventaja en materia de comercio internacional. En efecto, la mediterraneidad es un costo para nuestra economía, dado que repercute en el orden de casi el 30 por ciento sobre el valor del producto.

Solo este indicador es suficiente para tener que evitar otros costos a nuestras exportaciones, entre los que precisamente se encuentran los impuestos al sector de una agricultura que pese a proporcionar ingentes ingresos para las familias paraguayas, ahora, sin embargo con la media sanción en el senado, son los mismos políticos que buscan votos los que se están encargando de sacar el pan de la boca de esas familias.

Pese a esta irrebatible evidencia, en la política, ciertamente, la apariencia es lo que más interesa. Muy pocos observan los efectos de este tipo de legislaciones cuyas derivaciones deberían analizarse en el mediano y largo plazo. A ninguno de los legisladores se le ocurrió por lo visto analizar que en un país eminentemente agropecuario como el nuestro, apenas se cultive un poco más de la décima parte del territorio, y que más de la mitad de las tierras fértiles se encuentren improductivas.

Esto es lo que importa en el análisis económico y de bienestar para la gente. Lo que interesa es la producción, la inmensa riqueza generada con sus efectos multiplicadores, por ejemplo, en el ingreso de divisas, y no cuánto nuevamente se va a extraer dinero de aquellos que se dedican a la agricultura. Pero, a los senadores se les ocurrió, por supuesto, gravar precisamente la fuente de riqueza en el campo, los granos de cultivo, en lugar de analizar gravar con un tributo la tierra, inexploradas y ociosas.

Si se grava la tierra en términos de su precio de mercado, el resultado sería mucho más eficiente que estar imponiendo tributos al capital y al trabajo. De hecho, esta sencilla propuesta económica fue lo que motivó en su momento el notable auge de la economía inglesa hace más de doscientos años.

En el mundo real el cálculo costo-beneficio es racional en las personas y empresas, excepto para algunos políticos que prefieren el cálculo populista para así seguir imponiendo impuestos electorales con la intención de congraciarse con sus electorados. En lugar de investigar y denunciar la malversación de fondos públicos, prefieren seguir con la infamia del populismo que solo crea miseria. Es porque en el fondo saben que sin miseria no hay populismo y de eso viven.

Este artículo fue publicado originalmente en ABC Color (Paraguay) el 17 de diciembre de 2012.