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7 de octubre de 2008

Los demócratas consienten a Chávez

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por Mary Anastasia O'Grady

Mary Anastasia O’Grady es editora de la columna de las Américas del Wall Street Journal.

Hugo Chávez no provocó ninguna reacción por parte del gobierno de George W. Bush cuando dio la bienvenida a aviones caza rusos a una base aérea del estado de Aragua. Para un hombre desesperado por demostrar su importancia, nada pudo ser más insultante que el bostezo de Washington cuando los rusos aterrizaron en Venezuela.

Pero el presidente venezolano no soporta ser ignorado y la semana pasada trató de atraer la atención de alguien —de cualquiera— en Washington. Esta vez apareció en un acto político local para anunciar que Venezuela ha aceptado una oferta rusa para construir reactores nucleares en el paraíso socialista.

Dado el deterioro de la economía venezolana durante el mandato de Chávez desde 1999, es difícil percibir seriamente al parlanchín dictador como un genio malvado. La Revolución Bolivariana ni siquiera ha podido gestionar tecnología petrolera del siglo XX de modo eficiente. Fuentes de inteligencia dicen que gran parte del aparato militar venezolano también está deteriorado. Sin embargo, una amenaza nuclear en la región no debe ser desestimada de modo casual. Chávez es un gran admirador de los mulás iraníes y sabemos por qué ellos desean "energía" nuclear.

La respuesta de Estados Unidos es de gran importancia. Si el Departamento de Estado responde con retórica diplomática a Caracas, sólo le otorgaría a Chávez el combate de increpaciones que desea con "el imperio" de cara a las elecciones a las gobernaciones el 23 de noviembre. Una respuesta más efectiva sería triplicar el apoyo estadounidense a nuestro mayor aliado en la región, Colombia, y un compromiso con restablecer la fortaleza del dólar.

En Venezuela está aumentando la desilusión con la promesa bolivariana. Un escándalo de corrupción relacionado con el intento de ingresar ilícitamente millones de dólares de la compañía petrolera venezolana a Buenos Aires para la campaña de la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner está incrementando la percepción popular de que la riqueza petrolera está siendo robada por los chavistas. Los apagones eléctricos han afectado al 50% del país en los últimos meses y la tasa de inflación anual es de 35%. Es fácil ver cómo, en elecciones justas, los chavistas podrían perder un número clave de contiendas a las gobernaciones. Por eso, Chávez está llevando a cabo un fortalecimiento militar y tratando de empezar reyertas con Washington.

La dejadez del Secretario del Tesoro, Henry Paulson, con el dólar es una de las razones por las que nadie le ha plantado cara a Chávez hasta ahora. Mientras el dólar ha caído, los precios del petróleo se han disparado y un mediocre populista latino se ha transformado a sí mismo en un ratón que ruge. El mes pasado, Chávez anunció que compraría 24 aviones K-8 a China para "entrenar a pilotos de combate". Jane's, una empresa de consultoría de inteligencia y seguridad, informa que los pedidos de armas rusas ya superan los US$4.000 millones. Tal y como revelaron documentos incautados en marzo al grupo rebelde de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Chávez también ha usado los ingresos de los petrodólares para apoyar el terrorismo.

Incluso si Paulson desentrañara el vínculo entre la debilidad del dólar y los dictadores petroleros del mundo, la recuperación de la divisa tomaría tiempo. La mayor señal inmediata que EE.UU. podría enviarles a Chávez y las democracias latinoamericanas es un apoyo inequívoco a Colombia. El presidente Bush ha tratado de hacer eso mismo, pero el esfuerzo está siendo minado por los demócratas del Congreso.

La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, se ha negado a permitir votar el pacto de libre comercio con Colombia, mandándole un mensaje a Bogotá y a posibles amigos en la región de que no se puede contar con nosotros. Pero los juegos menores con el pacto comercial con Colombia son sólo parte de una indignación mayor. Los demócratas también están coqueteando con Chávez, tal y como demuestra la foto acompañante tomada en Washington.

La senadora colombiana de izquierda, Piedad Córdoba, es una amiga cercana de Chávez y una visitante frecuente al palacio presidencial venezolano. También es una persona de confianza de las FARC y con frecuencia es fotografiada con sus líderes. Sus actividades políticas con los rebeldes han provocado tantas preguntas en Colombia que el gobierno ha empezado una investigación sobre sus nexos con las FARC.

El nombre del congresista estadounidense Jim McGovern está en buena parte de los documentos incautados a las FARC y cuando un editorial de The Wall Street Journal lo reportó en marzo, el demócrata de Massachusetts no lo desmintió. Pero protestó cuando esta columna reportó que líderes de las FARC escribieron que Pelosi lo había "designado" para trabajar en negociaciones por los rehenes. Las FARC también expresaron su fe en que Pelosi es alguien que "ayuda" en el esfuerzo de debilitar al presidente colombiano Álvaro Uribe. McGovern dijo en una carta a este periódico que las FARC incurrían en el terreno de la fantasía. Pero tal vez los rebeldes tengan fe en Pelosi porque perciben una amiga en común en la radicalizada Córdoba, quien puede interceder en su favor en Washington.

Si Chávez cree que Venezuela puede convertirse en un estado nuclear sin consecuencia alguna es porque entiende las lealtades divididas en Washington. Un modo de resolver el problema sería que los demócratas se pronunciaran sobre de qué lado están.

Este artículo fue publicado originalmente en The Wall Street Journal (EE.UU.) el 6 de octubre de 2008.

Este artículo ha sido reproducido con el permiso del Wall Street Journal © 2007
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