Encarando las grandes decisiones actuales

Por Richard W. Rahn

Sabiendo lo que hoy sabemos, ¿diseñaría usted nuestro sistema impositivo, a las Naciones Unidas y al Banco Mundial como son hoy en día esas instituciones? Sólo una persona muy torpe diría que sí.

Los organismos internacionales y los programas del gobierno se establecieron para resolver los problemas entonces percibidos. De manera que antes de recomendar cualquier reforma debemos primero preguntar si el problema original todavía existe y si el organismo o ese programa es la mejor manera de solucionarlo.

Comencemos con uno fácil. El Banco Mundial fue creado después de la Segunda Guerra Mundial como herramienta de la Guerra Fría. La idea era conceder préstamos a los gobiernos y a sus proyectos que ayudaban el desarrollo económico, fondos que entonces no eran aportados por el sector privado. Medio siglo más tarde sabemos por qué el sector privado no aportaba esos fondos: simplemente porque los proyectos no tenían ninguna lógica económica.

El Banco Mundial fue fundado cuando muchos creían que el socialismo y el gobierno grande eran las soluciones. Hoy sabemos que el gobierno grande es parte del problema y hay considerable evidencia de que el Banco Mundial ha empeorado las cosas en lugar de mejorarlas, asignando mal los recursos y poniéndolos en manos de gobiernos irresponsables. Estos malos gobiernos suelen utilizar los préstamos del Banco Mundial para impedir la competencia privada, imponiendo inmensas deudas sobre los hombros de la ciudadanía. Esa pobre gente se ve, entonces, obligada a pagar una deuda sobre la que recibió poco o ningún beneficio.

No hay ninguna posibilidad de que el Congreso de EEUU aprobara hoy la creación del Banco Mundial, dado lo que hoy sabemos sobre el crecimiento económico. Entonces, ¿por qué seguirlo manteniendo?

El programa de pensiones del Seguro Social se estableció cuando las familias eran grandes y la gente no vivía muchos años. Hoy, las familias son cortas y la gente está viviendo mucho más de lo que parecía posible hace 70 años. Por lo tanto, las reformas son necesarias y se requiere un programa diferente de pensiones.

Antes de discutir si debemos tener “cuentas privadas” o recortar los beneficios, debemos decidir qué tipo de sistema de pensiones queremos, cómo va a ser financiado y cómo manejar la transición.

Yo preferiría un sistema que le permita a la gente decidir cuándo se va a retirar (sabiendo que mientras más pronto se retire recibirá menos, pero teniendo la libertad de hacerlo cuando quiera, por ejemplo, entre los 50 y los 90 años) en lugar de que eso sea impuesto por el gobierno.

Diferentes individuos tienen diferente salud, riesgos, intereses y capacidades. En lugar de meterlos a todos en un sistema único, démosles diferentes opciones para atender necesidades y deseos diferentes.

El presidente Bush acaba de nombrar una comisión para el desarrollo de un plan de reforma impositiva. La experiencia nos indica que toda reforma exitosa tiene que incluir rebajas del impuesto. Los grupos de interés que han manipulado nuestro sistema impositivo no han desaparecido y el problema es que el bienestar social ha decaído por el sofocante gran tamaño del gobierno.

Entonces, ¿no sería lógico comenzar con un plan para reducir el tamaño del gobierno? Asumamos que una cuidadosa revisión determina que el gobierno es 125% del ideal. El próximo paso es reducirlo en un período razonable de tiempo. Y el tercer paso sería determinar cuál es la mejor manera de financiar ese gobierno más pequeño con el sistema impositivo más apropiado.

La ONU fue creada cuando la mayoría de la gente no vivía en democracia y el mundo avanzaba hacia el socialismo. Hoy, la mayoría de la gente vive bajo una democracia parcial y la economía de mercado crece. Como sería imposible reformar a la ONU, ¿por qué no dejar que desaparezca suspendiendo los fondos que le damos? En su lugar surgiría un organismo creado para resolver los problemas mundiales del siglo XXI. Los votos en ese organismo estarían ligados al grado de libertad y a la protección del libre mercado que los países miembros extienden a sus ciudadanos.

Antes de proceder a reformar las instituciones tenemos que preguntarnos cuáles son los problemas que hoy confrontamos. Lo mismo que el vino, no es recomendable mantenerlas más allá de su tiempo.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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