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18 de julio de 2007

Hiperinflación

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por Steve H. Hanke

Steve H. Hanke es profesor de economía aplicada en la Universidad Johns Hopkins y Senior Fellow del Cato Institute.

Ludwig von Mises dijo que el dinero firme es un instrumento para proteger las libertades civiles contra las incursiones despóticas de los Gobiernos.

En marzo, los precios aumentaron más del 50 por ciento mientras Zimbabwe entraba en el infierno de la hiperinflación. Eso fue seguido, el 26 de abril, por una devaluación oficial del 98 por ciento del dólar zimbabwense. Mineros, agricultores, operadores de tours, organizaciones no gubernamentales, embajadas y zimbabwenses que viven en el extranjero pueden ahora comprar 15 mil dólares zimbabwenses con un dólar estadounidense. Para otros, el tipo de cambio oficial se mantiene en 250 por dólar estadounidense.

Así que, por un billete nuevecito de 100 dólares un turista puede ahora obtener 1,5 millones de unidades de la divisa del Banco de la Reserva de Zimbabwe, en lugar de los anteriores 25 mil. En el mercado negro, ese mismo turista puede obtener mucho más, 3,5 millones de dólares zimbabwenses por 100 dólares estadounidenses.

La destrucción económica causada durante una década por la tasa inflacionaria más alta del mundo —y ahora hiperinflación— es palpable. La economía de la nación empieza a hacer implosión, el Banco de la Reserva de Zimbabwe es insolvente y los zimbabwenses se dirigen en grandes cantidades a Sudáfrica en busca de trabajo. Esto terminará, como todas las hiperinflaciones, con un cambio de régimen: ya sea un nuevo sistema monetario, una nueva estructura política, o ambas cosas.

Simplemente reflexione en lo que sucedió durante la última hiperinflación del mundo. Empezó en enero de 1992, en lo que quedaba de Yugoslavia, y llegó a su punto más alto en enero de 1994, cuando la inflación mensual oficial llegó a 313 millones por ciento. (El peor mes de la hiperinflación de 1922-23, en la Alemania de Weimar, vio los precios subir 32 mil 400 por ciento). Los resultados fueron devastadores. Mucho antes de que la OTAN atacar a Yugoslavia en 1999, la locura monetaria de Slobodan Milosevic ya había hecho pedazos la economía del país.

En 1999, Montenegro aún era parte de esta confusión, puesto que su moneda oficial era el desacreditado dinar yugoslavo. Pero el poderoso marco alemán era la moneda no oficial en el reino. Cuando yo era asesor económico del Presidente de Montenegro, Milo Djukanovic, repetí la descripción que el gran economista austriaco Ludwig von Mises hacía del dinero firme como “un instrumento para proteger las libertades civiles contra las incursiones despóticas de los Gobiernos. Ideológicamente pertenece a la misma categoría junto con las constituciones políticas y las garantías individuales”.

El Presidente Djukanovic sabía que el marco alemán era su carta de triunfo, misma que no sólo estabilizaría la economía, sino que también prepararía el camino para restablecer la soberanía de Montenegro. El 2 de noviembre de 1999 anunció con audacia que Montenegro adoptaba oficialmente al marco alemán como su moneda nacional. Esa divisa fue sustituida por el euro dos años más tarde.

La economía montenegrina se estabilizó de inmediato e inició su estable crecimiento en medio de una menguante inflación. Para el 2005, su Producto Interno Bruto crecía a una tasa del 4,1 porciento y la inflación había caído a 1,8 por ciento. No resultó ninguna sorpresa que en mayo del 2006 los votantes en Montenegro acudieran en cantidades récord a darle un rechazo colectivo a la unión de su República con Serbia. Montenegro una vez más volvía a ser independiente. Y el 15 de marzo del 2007, el país firmó un acuerdo de estabilización y asociación, el primer paso hacia la membresía de la Unión Europea (con la adopción de la moneda normalmente llegando en una etapa posterior). El Presidente Djukanovic invirtió inteligentemente el proceso, al integrar con eficacia a Montenegro en la zona del euro desde el primer día.

Tal como el Presidente Djukanovic lo hizo con Montenegro, el Presidente sudafricano Thabo Mbeki simplemente podría tener la clave para detener el colapso de Zimbabwe. Él ha sido designado por la Comunidad de Desarrollo del Sur de África —una agrupación de los nueve países del sur de África, incluyendo Zimbabwe— para mediar la crisis económica de Zimbabwe. Con un golpe audaz Mbeki podría detener la podredumbre monetaria de dicho país y al mismo tiempo promocionarlos intereses de Sudáfrica y otros miembros de la liga.

Sudáfrica se encuentra en el centro del Área Monetaria Común, que también incluye a Lesotho, Swazilandia y Namibia. Estos tres países emiten sus propias monedas, pero las fijan a la par del rand sudafricano. Además, el rand circula legalmente en Lesotho y Namibia.

La liga de nueve países debería proponer que el área común del rand sea expandida para incluir a Zimbabwe. Debería establecerse un consejo monetario, similar al que operó en Zimbabwe de 1940a 1956 (entonces se llamaba Rhodesia). Debe emitir dólares zimbabwenses que estarían completamente respaldados por el rand y serían convertibles a esta divisa a una tasa fija. El consejo monetario debe ser inicialmente capitalizado por Sudáfrica. Además, se debe permitir que el rand circule legalmente en Zimbabwe. Adoptar este plan es la única manera de salvarlo que queda de un naufragio económico.

Este artículo fue publicado originalmente por El Norte (México) el 21 de junio de 2007.