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2 de julio de 2007

No todo es la economía

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por Manuel F. Ayau

Manuel F. Ayau Cordón es Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin.

Con frecuencia escuchamos decir que la economía no es todo; que producir alimentos por motivo de lucro no es todo, que hay cosas más importantes que el lucro, como por ejemplo comer los alimentos.

Tienen razón. Después de todo, transportar los alimentos por motivo de lucro tampoco es todo y podríamos ir al campo a pie, disfrutando del aire puro y haciendo ejercicio, mientras aumentamos el apetito, gozando del sol, para que cada quien coseche su manjar. Hay cosas más importantes que vender comida por motivo de lucro y, sobre todo, hay maneras más naturales, pintorescas y amigables a la naturaleza para transportar comida que con esos camiones quemando diesel, un combustible no renovable. Por ejemplo, transportar los alimentos en carretas de bueyes.

Hay cosas más importantes que producir y transformar fibras vegetales en camisas y pantalones de algodón por motivo de lucro. La economía no es todo. Al fin y al cabo, Adán y Eva no necesitaron ropa y no podemos negar que produjeron una gran prole, motivados por cosas distintas al lucro.

Fabricar materiales de construcción para viviendas, por el odioso motivo de lucro, tampoco es todo. Hay cosas más importantes que podríamos hacer por deporte. Bien podríamos vivir a la intemperie, más cerca de la naturaleza o en cuevas surgidas de fenómenos naturales, con tal de que nadie lucre con nuestra necesidad de albergue.

Invertir capitales para descubrir y después producir y distribuir antibióticos por motivo de lucro no es todo. El lucro es odioso y quienes explotan las enfermedades de la gente para hacer fortuna son despreciables. Al fin y al cabo, para curar nuestras dolencias podríamos salir a cortar las abundantes hierbas naturales a la vuelta de la esquina, hierbas sin efectos secundarios insospechados ni ofrecidas por motivo de lucro. Es censurable el afán de producir más fármacos para prolongar la vida, solo para aumentar el número de ancianos que constituyen un nuevo mercado para más medicinas. Al fin y al cabo, para evitar ser explotados por motivo de lucro nos podríamos morir como antes, a temprana edad y así dejaríamos de estar a merced de quienes creen que el dinero es todo. Otra posible solución es que los nuevos fármacos se produzcan en los monasterios y conventos sin motivo de lucro. Pero aquí surge el problema de que si nadie lucra, ¿quién sostiene al monasterio?

¡La civilización es motivada por lucro! Podríamos tener incentivos más loables, más espirituales, más cuidadosos de la naturaleza y no consumir recursos no renovables. Podríamos usar velas o generar la electricidad con leña, cocinar con carbón vegetal en vez de gas y transportar las cosas en carretas tiradas por bestias (no se dé por aludido). Esto, además produciría el estiércol necesario para sustituir los abonos químicos. Ciertamente, el estiércol también es de químicos orgánicos, pero no es hecho por el hombre por motivo de lucro sino por animales.

Podríamos prescindir de los periódicos lucrativos, pues el dinero no es todo. Al fin y al cabo, una vez leídos son basura y contaminación. No se cortarían árboles para producir papel y seríamos más felices en nuestra ignorancia, que enterados de toda la maldad de la especie humana que quiere comer más, vestirse mejor, tener mejor casa, disfrutar de mejor salud, educar mejor a sus hijos para que puedan disfrutar de una mejor vida, colmada de satisfacciones materiales y así complementar las satisfacciones más importantes, las espirituales.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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