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El impacto del TLCAN en el campo mexicano

By elcato_manager
Created 2003-04-11 16:00

por Roberto Salinas-León y Adolfo Gutiérrez Chávez

Roberto Salinas León [1] es Director General de Política Económica de TV Azteca y académico asociado de Cato Institute. Adolfo Gutiérrez es Jefe de Estudios Económicos de TV Azteca. Este documento es una recopilación de las opiniones editoriales de analistas de Toditoeconomico.com entre los que se encuentran Ricardo Medina, Manuel Suárez Mier, Luis Pazos, Sergio Sarmiento, Isaac Katz, Paola Palma, Renato Blanco y Arturo Damm. También puede leer este documento en formato PDF aquí [1].


Con tristeza vemos, cada vez más, a determinados grupos de la sociedad exigiendo que el Estado y su gobierno utilicen su poder, o para violar la libertad del individuo, o para violar su propiedad. Esta ocasión toca el turno a los campesinos y sus manipuladores quienes exigen a gritos que el Estado use su fuerza en contra del individuo, ya sea en su calidad de consumidor, ya sea de contribuyente.

Nadie niega que el campo mexicano vive una pobreza inaceptable. Pero no por causa del libre comercio. ¡Cuidado! Hay que identificar claramente las verdaderas causas así como sus posibles soluciones, pues no podemos echar abajo el mayor éxito económico del país (el TLCAN) en toda su historia en aras de preservar su mayor fracaso.

Es por eso que se hace sumamente necesario realizar algunas aclaraciones:

Del Éxito del TLCAN

El éxito para México con el TLCAN es innegable, y sólo aquellos que viven a expensas de los demás se empeñan en predicar lo contrario. Algunos arrogantes académicos no hacen más que demostrar su profunda ignorancia cuando tratan de demostrar lo negativo que supuestamente ha sido la apertura comercial. Los resultados de la apertura están a la vista y quienquiera no ser engañado puede consultarlos.

Al iniciarse el Tratado de Libre Comercio diversos grupos se oponían. Afirmaban que empobrecería a México y el déficit comercial sería mayor. La apertura se traduciría en más importaciones y habría un mayor desempleo en México.

El TLCAN cumplió con creces en materia de comercio e inversión. Lo más importante es que millones de consumidores mexicanos han resultado beneficiados al tener a su alcance una variedad de productos y servicios innovadores que son más baratos y que tienen una mejor calidad.

Los oponentes del TLC argumentan que los beneficios del libre comercio no se han repartido de manera equilibrada en el país. El norte del país, apuntan, se ha visto favorecido mientras que el sur de México se ha quedado rezagado. Pero ahí está también una de las claves que nos obligan a mantener y a fortalecer el TLC. El norte se ha integrado con entusiasmo al libre comercio y de ahí surge su relativa prosperidad. El sur, donde el subcomandante Marcos y sus comandantes neozapatistas protagonizaron la rebelión en contra del TLC del 1 de enero de 1994, o donde el pintor Francisco Toledo encabezó una campaña en contra de la apertura de un McDonald's, se ha quedado atrás precisamente por la resistencia de sus políticos a la apertura comercial y económica.


Del Caso del Agro

El atraso de nuestro sector agropecuario es previo a la apertura y al TLC y su situación sería peor sin ese tratado. Las estadísticas disponibles apuntan a que el TLC cumplió con su papel en el campo.

El TLC le dio al campo mexicano los nuevos mercados que le prometió. Y le permitió a los productores mexicanos, por ejemplo a los del aguacate Hass de Michoacán, superar décadas de proteccionismo estadounidense y enviar su producto a Estados Unidos.


De las Oscuras Intenciones

Se ha generado una verdadera orgía verbal sobre qué hacer con la agricultura ahora que llega el segundo tramo de la apertura pactada en las negociaciones del TLCAN.

Aprovechando el bullicio, los politicastros lamentables, académicos de cuarta y demás despistados, se han rasgado las vestiduras reclamando más subsidios y la necesidad impostergable de denunciar el capítulo agropecuario del TLCAN como las únicas vías "para salvar al campo mexicano." Gritan como desaforados a los cuatro vientos que esta reducción arancelaria será el acabóse de la agricultura mexicana.

A los grupos políticos de presión que atacan el TLC, que saben lo que buscan, se les unen algunas comparsas que, haciendo gala de una completa ignorancia del contenido del TLC y de sus efectos reales en la economía, lo condenan sin bases sólidas o piden su revisión sin contemplar los riesgos que implica para México reabrir el tratado.

Ni el TLC ni los subsidios al agro de Estados Unidos, que en su mayoría no van a productos que compitan con los mexicanos, son las principales causas de los problemas agrícolas de México. Quienes piden la revisión del TLC en materia agraria, o ignoran el saldo positivo de ese tratado o quieren utilizarlo como excusa para a través de organizaciones campesinas que militan en partidos políticos, obtener más recursos para movilizaciones y campañas en las próximas elecciones. Las protestas contra el TLC no tienen bases económicas sino motivos políticos.


De la Desgravación

Cuando se firmó el TLCAN en 1992 se estableció de común acuerdo un calendario de desgravación arancelaria negociado con base en las necesidades específicas y en la posición de cada sector—industrial, minero y agrícola—frente a sus socios comerciales.

En el 2003 en la mayoría de productos agrícolas no hay un cambio abrupto en su régimen de importaciones, por lo que el impacto en la producción nacional será marginal. La desgravación agropecuaria ha permitido a millones de mexicanos, entre ellos jornaleros, obtener alimentos a menores precios, y a los agricultores la libre importación de maquinaria.


De las Salvaguardas

El capítulo de "Acciones de Emergencia," como también se le conoce, establece reglas para los casos en los que un país puede "recurrir temporalmente a detener la reducción pactada en sus aranceles para proteger a industrias gravemente dañadas por aumentos abruptos en las importaciones, resultantes de tal desgravación".

Las medidas de emergencia que se pueden adoptar, tienen dos categorías: acciones bilaterales y disposiciones globales dentro de las reglas previstas para tal fin por la Organización Mundial de Comercio. En el primer caso, hay que cumplir con una serie bastante concisa de condiciones:

Como se puede apreciar, se trata de procedimientos muy bien definidos y acotados, por lo que una declaración unilateral del Congreso de México no tiene el menor significado legal en el marco del TLCAN, cuyos ordenamientos son ley en los tres países signatarios.


De las Verdaderas Causas de la Miseria en el Campo

Culpar al TLCAN de los problemas del campo mexicano es la gran mentira de moda hoy en día. Pero los problemas del campo han estado ahí por décadas. Y de todos los factores que explican el atraso y pobreza del campesino mexicano, la apertura comercial nada tiene que ver.

En fin, lo que aseguró que el agro mexicano se volviera una fábrica inagotable de miseria fue precisamente la falta de ajustes a su estructura, desde la tenencia de la tierra, pasando por el marco legal, hasta la forma como el gobierno "apoya" al sector con numerosos esquemas de protección y subsidio.


De los Efectos

Todos esos rumores que hablan de un Apocalipsis en el sector agropecuario a consecuencia del Tratado de Libre Comercio solamente son mentiras con fines electorales. La realidad es que el Apocalipsis del campo mexicano lo vivimos desde hace mucho tiempo atrás y hoy es una triste realidad.

La constitución del ejido y del minifundio como principales formas de tenencia de la tierra, la discriminación en contra de la pequeña propiedad rural, la prohibición constitucional de que empresas mercantiles fuesen propietarias de tierra con uso agrícola, la utilización de recursos fiscales y financieros destinados al sector agropecuario con un objetivo primario de índole político, el abandono educativo, la política de sustitución de importaciones industriales y el subsidio implícito a los habitantes urbanos, fueron todos ellos los elementos que se conjuntaron para mantener a la población rural en la pobreza, produciendo con tecnologías de producción del siglo XVIII. El resultado está a la vista:

Todo esto se tradujo en:

Ninguno de los elementos anunciados del "blindaje agroalimentario" ni mucho menos la protección de nuestro gobierno mercantilista ataca las causas estructurales que originaron tales efectos.


De los Subsidios

La receta que hoy plantea el gobierno mexicano con su "blindaje agropecuario" es la misma que llevó al desplome a este sector a lo largo del siglo pasado: más intervención estatal, mayores subsidios, más proteccionismo, la aplicación de medidas y paliativos a corto plazo sólo para prolongar la desaparición de un sector improductivo.

Así es como el gobierno mexicano pretende competir con Estados Unidos y Canadá: a través de mayores carretadas de recursos públicos; a través de subsidios y barreras arancelarias que terminaremos pagando los mismos de siempre: consumidores y contribuyentes.


De la Solución Efectiva

Urge adelgazar el sector agropecuario desplazando a millones de familias a otras actividades que puedan ser en verdad una fuente digna de un mejor nivel de vida.

Sólo hay una manera de mejorar el nivel de vida de nuestros campesinos: aumentar la productividad del campo. Pero para lograr esto hay que acabar con el ejido, permitir la fusión de parcelas excesivamente pequeñas, abrir las puertas al crédito privado, introducir nuevas tecnologías para la producción agropecuaria y aprobar las reformas estructurales que faciliten la creación de riqueza.


De la Ignorancia con Ropaje Académico.

Investigadores y profesores de diversas universidades se han dado a la tarea de demostrar "científicamente" la maldad del libre comercio, claro, con argumentos bastante mañosos y totalmente falaces. Por el solo hecho de ser académicos publican documentos plagados de tonterías y se creen con las credenciales suficientes para chantajear al gobierno e instalar un orden marxista—verdadero motivo de sus "investigaciones."

Lo triste es que estos pobres "investigadores" sueñan que con esta propaganda están defendiendo "los intereses de las mayorías", y en realidad le hacen el caldo gordo a los grandes negociantes del agro.


De Nuestro Gobierno Mercantilista

Ante la presión por parte de grandes productores avícolas el gobierno mercantilista de Fox, como último acto de Derbez y primero de Canales como secretarios de Economía (ambos enemigos del libre comercio), decidió fregarse a los consumidores de pollo estableciendo una salvaguarda por cinco años a las importaciones de muslo y pierna de pollo a cambio de la promesa de estos mismos productores de que ahora sí se van a modernizar para poder competir con los productores estadounidenses dentro de un lustro.

La historia se repetirá: los consumidores mexicanos de pollo pagaremos mayores precios y le transferiremos a los productores una renta extraordinaria. Los consumidores seremos más pobres y los productores más ricos. Y por supuesto no invertirán esos 1.000 millones de dólares para modernizarse ya que dentro de cinco años podrán volver a chantajear al gobierno para que los siga protegiendo.


De los Falsos Defensores del Campo

El reclamo para mejorar la situación del campesino mexicano es fácilmente aprovechado por toda una serie de grupos a quienes el bienestar de los campesinos les tiene prácticamente sin cuidado pero que sí les es útil para lograr sus propios objetivos políticos, entre los cuales destaca el de querer instituir en este sufrido y atrasado país un sistema socialista, sin importar que la evidencia internacional haya demostrado que este sistema simple y sencillamente ha sido un absoluto fracaso en todos los países en los que se ha intentado.

No hay sector que haya recibido más ayudas, subsidios y programas gubernamentales que el campo. Y no hay sector donde líderes, políticos y funcionarios se hayan enriquecido más con los dineros gubernamentales. "El campesino es de quien lo trabaja," esa ha sido la consigna de los líderes que acarrean y manipulan a los campesinos con la promesa de tierras, subsidios, una despensa o un viaje a la capital.


Conclusión

El atraso del campo mexicano se origina con una demagógica reforma agraria que sembró inseguridad jurídica y corrupción. Y aunque oficialmente ya terminó en la década pasada, todavía no se generaliza un régimen de propiedad que permita a los campesinos capitalizar sus tierras, asociarse y volverse competitivos.

Culpar al TLC de todos nuestros males es el pretexto fácil y menos creativo para evitar reconocer que el desastre del campo mexicano es resultado de pésimas políticas públicas instrumentadas en los últimos 70 años.

No permitamos que los grupos políticos responsables de mantener a los campesinos en la pobreza logren su objetivo de acabar con el libre comercio. No permitamos que hundan la economía nacional para favorecer sus ambiciones políticas.

Los mercantilistas, que exigen privilegios gubernamentales (apoyos, protecciones, subsidios y concesiones monopólicas), y a quienes encontramos en todos lados (desde exportadores que demandan la devaluación del peso hasta ejidatarios que piden el cierre de las fronteras a la importación de alimentos), pretenden vivir a costa, o de los consumidores, o de los contribuyentes, lo cual los convierte en verdaderos vividores, en el sentido peyorativo del término: por la fuerza obtienen, de unos (consumidores) y de otros (contribuyentes) más recursos de los que, con el libre comercio, obtendrían. Con el libre comercio (es decir, en ausencia de esos apoyos, protecciones, subsidios y concesiones monopólicas que exigen del gobierno, y los precios serían menores y los impuestos se usarían de manera más eficaz.

Cierto, el campo no aguanta más, pero mentiras. Ya basta de que unos cuantos, incompetentes o manipuladores con motivos electorales, vivan a expensas de la mayoría. Porque el libre mercado es, en efecto, la defensa de las mayorías; y el bienestar de los consumidores constituye el mayor bien posible al mayor número de personas.


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