11 de abril de 2003
El impacto del TLCAN en el campo mexicano
por Roberto Salinas-León y Adolfo Gutiérrez Chávez
Roberto
Salinas León es Director General de Política Económica
de TV Azteca y académico asociado de Cato Institute. Adolfo Gutiérrez
es Jefe de Estudios Económicos de TV Azteca. Este documento es
una recopilación de las opiniones editoriales de analistas de
Toditoeconomico.com entre los que se encuentran Ricardo Medina,
Manuel Suárez Mier, Luis Pazos, Sergio Sarmiento, Isaac Katz,
Paola Palma, Renato Blanco y Arturo Damm. También puede leer
este documento en formato PDF aquí.
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Con tristeza vemos, cada vez más, a determinados
grupos de la sociedad exigiendo que el Estado y su gobierno utilicen
su poder, o para violar la libertad del individuo, o para violar su
propiedad. Esta ocasión toca el turno a los campesinos y sus
manipuladores quienes exigen a gritos que el Estado use su fuerza en
contra del individuo, ya sea en su calidad de consumidor, ya sea de
contribuyente.
Nadie niega que el campo mexicano vive una pobreza inaceptable. Pero
no por causa del libre comercio. ¡Cuidado! Hay que identificar
claramente las verdaderas causas así como sus posibles soluciones,
pues no podemos echar abajo el mayor éxito económico del
país (el TLCAN) en toda su historia en aras de preservar su mayor
fracaso.
Es por eso que se hace sumamente necesario realizar algunas aclaraciones:
Del Éxito del TLCAN
El éxito para México con el TLCAN es innegable, y sólo
aquellos que viven a expensas de los demás se empeñan
en predicar lo contrario. Algunos arrogantes académicos no hacen
más que demostrar su profunda ignorancia cuando tratan de demostrar
lo negativo que supuestamente ha sido la apertura comercial. Los resultados
de la apertura están a la vista y quienquiera no ser engañado
puede consultarlos.
Al iniciarse el Tratado de Libre Comercio diversos grupos se oponían.
Afirmaban que empobrecería a México y el déficit
comercial sería mayor. La apertura se traduciría en más
importaciones y habría un mayor desempleo en México.
-
En los años del TLC las exportaciones totales
mexicanas se han triplicado al pasar de 52.000 millones de dólares
en 1993 a 161.000 millones en el 2002. Este es un ritmo de crecimiento
de 12% al año, superior incluso al de los tigres asiáticos.
De déficit crónicos en balanza comercial con Estados
Unidos, a partir del tratado hemos tenido superávit crecientes.
Tan sólo el año pasado fue de más de 37.000 millones
de dólares.
- El flujo promedio anual de inversiones que llegó a México
de 1994 a 2001 triplicó el promedio registrado en los siete años
anteriores al TLCAN. Más de 96.000 millones de dólares
en Inversión Extranjera Directa (IED) se acumularon de 1994 al
2001. El TLCAN abrió la puerta a una serie de empresas multinacionales
que de otra manera no hubieran pensado en instalarse en México.
- En los tres países se han creado empleos gracias al tratado,
pero en relación con el tamaño de su economía,
el más beneficiado es México. Es difícil calcular
cuántos empleos se han creado en nuestro país como consecuencia
del TLC, ya que los factores de la economía inciden unos sobre
otros de manera dinámica y constante. Los cálculos, sin
embargo, se acercan a los tres millones. El sector externo de la economía
impulsado por el libre comercio no sólo se ha convertido en el
mayor generador de empleos de nuestro país sino que lo ha hecho
con sueldos significativamente mayores al promedio nacional. Los últimos
nueve años confirman que una de las principales fuentes de empleos
para muchos hijos de campesinos, cuya única alternativa antes
del tratado era emigrar a los Estados Unidos, son trabajar en empresas
que exportan a Estados Unidos. De consolidarse el TLC, les mandaremos
más productos y menos mexicanos.
- La apertura comercial trajo consigo nuevas obligaciones y un marco
jurídico que hacía de México un lugar más
predecible y confiable para la inversión extranjera. México
abandonó el esquema del país proteccionista y de economía
planificada para pasar a un modelo de libre mercado más democrático,
lo que garantizaba una mayor responsabilidad en la conducción
de sus políticas económicas. El TLCAN empujó a
México en esta transición de modelo de desarrollo económico
y también en gran medida en la transición política,
gracias a la transparencia y la competencia a la que forzó a
las instituciones políticas.
- Gracias a la apertura México pudo salir adelante de la crisis
de 1995 relativamente rápido y, nuestro comercio es, a la fecha,
lo que mantiene a flote la economía mexicana al representar más
del 60% del PIB.
El TLCAN cumplió con creces en materia de comercio e inversión.
Lo más importante es que millones de consumidores mexicanos han
resultado beneficiados al tener a su alcance una variedad de productos
y servicios innovadores que son más baratos y que tienen una
mejor calidad.
Los oponentes del TLC argumentan que los beneficios del libre comercio
no se han repartido de manera equilibrada en el país. El norte
del país, apuntan, se ha visto favorecido mientras que el sur
de México se ha quedado rezagado. Pero ahí está
también una de las claves que nos obligan a mantener y a fortalecer
el TLC. El norte se ha integrado con entusiasmo al libre comercio y
de ahí surge su relativa prosperidad. El sur, donde el subcomandante
Marcos y sus comandantes neozapatistas protagonizaron la rebelión
en contra del TLC del 1 de enero de 1994, o donde el pintor Francisco
Toledo encabezó una campaña en contra de la apertura de
un McDonald's, se ha quedado atrás precisamente por la resistencia
de sus políticos a la apertura comercial y económica.
Del Caso del Agro
El atraso de nuestro sector agropecuario es previo a la apertura y
al TLC y su situación sería peor sin ese tratado. Las
estadísticas disponibles apuntan a que el TLC cumplió
con su papel en el campo.
- Es falsa la visión de que el TLC ha beneficiado a la industria
manufacturera pero ha golpeado a la agricultura. Las exportaciones agroalimentariasque
incluyen tanto los productos del campo como los alimentos procesados
con mayor valor agregadoaumentaron en un 9.4% anual en los primeros
ocho años de operación del TLC. En total las exportaciones
agroalimentarias mexicanas han aumentado un 150% en los primeros nueve
años de vigencia del tratado (el 78% las absorbe Estados Unidos).
- La inversión estadounidense en la industria agroalimentaria
en México es de 6.000 millones de dólares. La inversión
mexicana en Estados Unidos para vender alimentos mexicanos rebasa los
1.000 millones.
- Los beneficios del libre comercio también se manifiestan por
el lado de las importaciones. Las importaciones en este rubro aumentaron
6.9% al año. Este incremento de las importaciones agropecuarias
ha permitido que los precios de los alimentos se mantengan accesibles
en el mercado nacional y eso ha favorecido directamente a los consumidores
mexicanos.
- Durante estos diez años y gracias al TLC, los consumidores
hemos disfrutado de una baja en los precios de productos como: arroz,
37%; frijol, 34%; maíz, 43%; trigo, 26%; algodón, 79%;
soya, 53%; bovinos, 36% y leche, 32% (cifras citadas por Jesús
Silva Herzog Flores en el diario Reforma del 8 de febrero del
2003). La apertura comercial ha sido decisiva para este descenso de
los precios que ha beneficiado a los consumidoresincluidos aquellos
que viven y trabajan en el campo.
- Las importaciones adicionales de maíz que estamos realizando,
más de cuatro millones de toneladas anuales, están asociadas
no al desastre en ese renglón sino al crecimiento de la industria
avícola, del que el maíz amarillo es un insumo crucial.
- Gracias al TLC, existen tribunales regionales cuyas resoluciones son
obligatorias en Estados Unidos. En esas instancias se ventilan los casos
de "dumping" y de abusos por parte de las autoridades de Estados
Unidos. Bajo el régimen jurídico regional del TLC, por
primera vez en la historia de ambos países, autoridades y empresas
estadounidenses les han tenido que dar la razón a sus contrapartes
mexicanas.
- Sin el TLC habría menos inversión y por lo tanto, más
desempleo, un dólar más caro, tasas de interés
más altas, mayores precios de los alimentos y menos exportaciones
a Estados Unidos. Los productos agrícolas baratos entrarían
de contrabando.
El TLC le dio al campo mexicano los nuevos mercados que le prometió.
Y le permitió a los productores mexicanos, por ejemplo a los
del aguacate Hass de Michoacán, superar décadas de proteccionismo
estadounidense y enviar su producto a Estados Unidos.
De las Oscuras Intenciones
Se ha generado una verdadera orgía verbal sobre qué
hacer con la agricultura ahora que llega el segundo tramo de la apertura
pactada en las negociaciones del TLCAN.
Aprovechando el bullicio, los politicastros lamentables, académicos
de cuarta y demás despistados, se han rasgado las vestiduras
reclamando más subsidios y la necesidad impostergable de denunciar
el capítulo agropecuario del TLCAN como las únicas vías
"para salvar al campo mexicano." Gritan como desaforados a
los cuatro vientos que esta reducción arancelaria será
el acabóse de la agricultura mexicana.
A los grupos políticos de presión que atacan el TLC,
que saben lo que buscan, se les unen algunas comparsas que, haciendo
gala de una completa ignorancia del contenido del TLC y de sus efectos
reales en la economía, lo condenan sin bases sólidas o
piden su revisión sin contemplar los riesgos que implica para
México reabrir el tratado.
- Denunciar el capítulo agropecuario del TLCAN es equivalente
a asesinar la parte más dinámica de nuestra economía,
porque existen intereses proteccionistas en México y en Estados
Unidos que aprovecharían la coyuntura para reabrir todo el Tratado,
lo que en las presentes circunstancias equivaldría a su aniquilación.
- Y la solución tampoco radica en proteger más a campesinos
que no tienen futuro como tales, sino en brindarles alternativas fuera
del ámbito agropecuario que permitan reducir su excesivo número,
en niveles de subsistencia que en la mayoría de los casos no
llega siquiera a ser precaria.
- El desastre que es la agricultura mexicana no fue causado por la apertura
comercial, como la solución tampoco radica en cerrar el sector
a los flujos comerciales. El que el sector agrícola mexicano
esté en una situación crítica es, por el contrario,
el resultado de una serie de políticas pésimamente diseñadas.
Ni el TLC ni los subsidios al agro de Estados Unidos, que en su mayoría
no van a productos que compitan con los mexicanos, son las principales
causas de los problemas agrícolas de México. Quienes piden
la revisión del TLC en materia agraria, o ignoran el saldo positivo
de ese tratado o quieren utilizarlo como excusa para a través
de organizaciones campesinas que militan en partidos políticos,
obtener más recursos para movilizaciones y campañas en
las próximas elecciones. Las protestas contra el TLC no tienen
bases económicas sino motivos políticos.
De la Desgravación
Cuando se firmó el TLCAN en 1992 se estableció de común
acuerdo un calendario de desgravación arancelaria negociado con
base en las necesidades específicas y en la posición de
cada sectorindustrial, minero y agrícolafrente a
sus socios comerciales.
- El sector con más salvaguardas y lentitud en la liberación
fue el agrícola. Los principales productos agropecuarios, como
el maíz y el frijol, serán desgravados hasta el 2008.
- Con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio el 1 de enero
de 1994, más del 70% de las importaciones de México provenientes
de Estados Unidos y Canadá quedaron libres de arancel. El 30%
restante ha venido desgravándose gradualmente en etapas de 5,
10 y 15 años. Para el 2002 la gran mayoría de los productos
agropecuarios que importa nuestro país ya solo pagaba un arancel
mínimo del 2%.
- El 1 de enero de 2003 significó la eliminación de dicho
arancel remanente del 2% que ya nada más le quedaba por desmantelar
al 90% de los productos agropecuarios.
- El impacto de esta liberación arancelaria en el 2003 no será
diferente del que se ha vivido en los últimos años. Es
una mentira sostener que ésta ha sido una apertura radical del
sector.
En el 2003 en la mayoría de productos agrícolas no hay
un cambio abrupto en su régimen de importaciones, por lo que
el impacto en la producción nacional será marginal. La
desgravación agropecuaria ha permitido a millones de mexicanos,
entre ellos jornaleros, obtener alimentos a menores precios, y a los
agricultores la libre importación de maquinaria.
De las Salvaguardas
El capítulo de "Acciones de Emergencia," como también
se le conoce, establece reglas para los casos en los que un país
puede "recurrir temporalmente a detener la reducción pactada
en sus aranceles para proteger a industrias gravemente dañadas
por aumentos abruptos en las importaciones, resultantes de tal desgravación".
Las medidas de emergencia que se pueden adoptar, tienen dos categorías:
acciones bilaterales y disposiciones globales dentro de las reglas previstas
para tal fin por la Organización Mundial de Comercio. En el primer
caso, hay que cumplir con una serie bastante concisa de condiciones:
- Un país sólo puede iniciar un procedimiento de salvaguarda
en el periodo de transición de reducciones arancelarias, que
en muchos casos ya expiró para los productos con periodos de
desgravación de cinco y diez años.
- El daño para el que se adopta la cláusula de salvaguarda
debe haber sido causado por la reducción o eliminación
de tarifas acordadas en el TLCAN.
- La acción de salvaguarda se puede adoptar una sola vez contra
un producto específico y puede ser mantenida por un máximo
de tres años, con uno adicional para productos extremadamente
"sensibles."
La medida de salvaguarda puede tomar la forma de:
- Una suspensión temporal en el calendario de reducciones
arancelarias.
- Un incremento en la tasa arancelaria que deberá ser el
menor de: (a) la tasa arancelaria que aplique el país en
cuestión a las "naciones más favorecidas"
(NMF) en el momento que se adopta la medida; (b) La tasa NMF en
efecto inmediatamente antes de la fecha de inicio del TLCAN.
- El país que instituya el procedimiento señalado,
debe notificar al país(es) afectado(s) y solicitar consultas
al respecto.
- El país que tome la medida de emergencia debe compensar
al país afectado en términos mutuamente acordados,
en forma de concesiones comerciales que tengan un valor equivalente
al daño causado.
- Si los países no se ponen de acuerdo, el afectado negativamente
(en este caso Estados Unidos y/o Canadá) puede tomar medidas
de represalia por un monto equivalente al daño sufrido.
- Cuando el periodo de la salvaguarda termine, la tarifa del bien
afectado será la tasa del TLCAN que hubiera entrado en vigor
un año después de adoptada la medida.
Como se puede apreciar, se trata de procedimientos muy bien definidos
y acotados, por lo que una declaración unilateral del Congreso
de México no tiene el menor significado legal en el marco del
TLCAN, cuyos ordenamientos son ley en los tres países signatarios.
De las Verdaderas Causas de la Miseria en el Campo
Culpar al TLCAN de los problemas del campo mexicano es la gran mentira
de moda hoy en día. Pero los problemas del campo han estado ahí
por décadas. Y de todos los factores que explican el atraso y
pobreza del campesino mexicano, la apertura comercial nada tiene que
ver.
- Se afirma, casi como un mito, que la Revolución Mexicana fue
un movimiento campesino, uno en donde el principal reclamo era la pobreza
e inequidad en la que vivía la población rural. Aceptando
con todas las reservas necesarias tal hipótesis, uno hubiera
esperado que el marco institucional posrevolucionario hubiera sido uno
que se tradujera en un mayor nivel de desarrollo y de bienestar de los
campesinos, pero no, el resultado fue exactamente el contrario. Se diseñó
un marco institucional, particularmente en lo relativo a los derechos
de propiedad de la tierra, que condenó a la población
campesina a seguir viviendo en la más absoluta pobreza. Específicamente
podríamos señalar cuatro causas:
1. Reparto Agrario: La constitución de formas ineficientes
de organización agraria, como el ejido y el minifundio, efectivamente
condenaron a la agricultura mexicana al desastre. En el caso del
ejido, al colectivizar la tierra se eliminaron los incentivos para
una asignación eficiente de recursos, mientras que en el
caso del minifundio, la atomización de la tierra llegó
a tal grado que la extensión promedio es de únicamente
cinco hectáreas, hecho que condenó a seguir utilizando
tecnologías de producción que no son significativamente
diferentes de las que se utilizaron hace 400 años. ¿Qué
se puede esperar de tal tipo de organización agrícola?
Solamente baja productividad y una alta incidencia de pobreza.
2. Proteccionismo: Una segunda política que dañó
significativamente a la agricultura fue la protección que
se le otorgó al sector industrial enmarcada en la política
de sustitución de importaciones. La imposición de
aranceles y restricciones cuantitativas y cualitativas a las importaciones
para fomentar el crecimiento del sector industrial actuó,
simultáneamente, como un impuesto a las actividades primarias,
particularmente la agricultura. La caída en la rentabilidad
de la producción agrícola indujo una expulsión
neta de recursos productivos de este sector, tanto capital como
mano de obra, mismos que buscaron emplearse en el sector industrial,
hecho que se reflejó en una descapitalización del
campo mexicano.
3. Ausencia de Derechos de Propiedad: Una tercera política
que también dañó al sector agrícola,
íntimamente ligada al régimen de la tenencia de la
tierra fue que, al no poder otorgarse la tierra como aval, el sector
agrícola no fue sujeto del crédito de la banca comercial,
lo que por una parte implicó un menor flujo de recursos para
el financiamiento de la producción y de la inversión
y, por otra, forzó a los productores agrícolas a depender
del crédito otorgado por las instituciones gubernamentales.
4. Obstáculos Constitucionales: Una cuarta fue la
prohibición constitucional, derogada con la reforma que se
hizo en 1992 al Artículo 27 de la Constitución, para
que sociedades mercantiles fuesen propietarias o administraran fincas
rústicas, por lo que la propia Constitución introdujo
un sesgo en contra de la modernización y la explotación
comercial de la agricultura, hecho que determinó en gran
medida el atraso que ha caracterizado a este sector de la economía.
Y así, podríamos seguir enumerando toda una serie
de políticas que siempre tuvieron un sesgo en contra de la
modernización y progreso de la agricultura.
- Hay que aceptarlo: el ejido ha sido uno de los mayores fracasos en
la historia de nuestro país, pero los grupos políticos
que dicen luchar contra la pobreza del campo no se atreven a señalarlo
porque se benefician de él.
En fin, lo que aseguró que el agro mexicano se volviera una
fábrica inagotable de miseria fue precisamente la falta de ajustes
a su estructura, desde la tenencia de la tierra, pasando por el marco
legal, hasta la forma como el gobierno "apoya" al sector con
numerosos esquemas de protección y subsidio.
De los Efectos
Todos esos rumores que hablan de un Apocalipsis en el sector agropecuario
a consecuencia del Tratado de Libre Comercio solamente son mentiras
con fines electorales. La realidad es que el Apocalipsis del campo mexicano
lo vivimos desde hace mucho tiempo atrás y hoy es una triste
realidad.
La constitución del ejido y del minifundio como principales
formas de tenencia de la tierra, la discriminación en contra
de la pequeña propiedad rural, la prohibición constitucional
de que empresas mercantiles fuesen propietarias de tierra con uso agrícola,
la utilización de recursos fiscales y financieros destinados
al sector agropecuario con un objetivo primario de índole político,
el abandono educativo, la política de sustitución de importaciones
industriales y el subsidio implícito a los habitantes urbanos,
fueron todos ellos los elementos que se conjuntaron para mantener a
la población rural en la pobreza, produciendo con tecnologías
de producción del siglo XVIII. El resultado está a la
vista:
- Las empresas protegidas nunca crecieron y menos aún maduraron
de forma tal que no pudieron competir con los productores externos.
- Pero más importante aún, la política proteccionista
representó para los consumidores mexicanos de los bienes que
sustituían importaciones un daño significativo ya que
tuvieron que enfrentar precios internos mayores a los internacionales,
así como verse forzados a adquirir bienes de menor calidad.
- Adicionalmente, y como resultado directo de los mayores precios internos
derivados de la protección, se generó una transferencia
de ingreso de los consumidores hacia los productores protegidos, de
forma tal que estos últimos obtuvieron rentas extraordinarias.
Todo esto se tradujo en:
- Una productividad bajísima, resultado de un sistema de tenencia
de la tierra que retiene en el ámbito rural una cantidad exorbitante
de campesinos. Cerca de 8 millones de mexicanos trabaja en el campo
y genera solamente el 4% del Producto Interno Bruto. Demasiada gente
ocupada en un negocio poco rentable y productivo.
- Infraestructura obsoleta e inoperante salvo en distritos privilegiados
de riego, que son los que atraen el grueso de los subsidios. ¿Será
casualidad?
- Mercados ineficientes, plagados de imperfecciones, intermediarismo
y condiciones monopólicas, que reducen las utilidades de los
productores en beneficio de los especuladores.
- Problemas de crédito, el cual llega tarde, mal o nunca al sector
y alrededor del cuál se han creado graves problemas de "riesgo
moral" al haberse perdonado reiteradamente la cartera de quienes
no pagaban.
- Y claro, más del 40% de los agricultores mexicanos vive en
pobreza extrema y de los casi 50 millones de pobres que viven en México,
30 millones son habitantes de las zonas rurales.
Ninguno de los elementos anunciados del "blindaje agroalimentario"
ni mucho menos la protección de nuestro gobierno mercantilista
ataca las causas estructurales que originaron tales efectos.
De los Subsidios
La receta que hoy plantea el gobierno mexicano con su "blindaje
agropecuario" es la misma que llevó al desplome a este sector
a lo largo del siglo pasado: más intervención estatal,
mayores subsidios, más proteccionismo, la aplicación de
medidas y paliativos a corto plazo sólo para prolongar la desaparición
de un sector improductivo.
Así es como el gobierno mexicano pretende competir con Estados
Unidos y Canadá: a través de mayores carretadas de recursos
públicos; a través de subsidios y barreras arancelarias
que terminaremos pagando los mismos de siempre: consumidores y contribuyentes.
De la Solución Efectiva
Urge adelgazar el sector agropecuario desplazando a millones de familias
a otras actividades que puedan ser en verdad una fuente digna de un
mejor nivel de vida.
- El campo en México seguirá en desventaja y el 44% de
los mexicanos que viven de él seguirá sumido en la pobreza
extrema mientras no se rompa con la estructura del minifundio. Es necesario
plantear una nueva forma de organización de los productores que
les permita alcanzar las economías de escala que tienen sus competidores
de otros países.
- La clave está en volver más competitivos a los productores
mexicanos a través de insumos agrícolas más baratos.
Si el país consigue ofrecer energía eléctrica,
costos de transporte, combustibles o créditos para adquirir maquinaria
a los mismos precios y tasas que tienen los productores de Estados Unidos
o Canadá, los agricultores mexicanos estarán en una posición
más favorable para competir.
- De manera que la solución está en aprobar reformas estructurales
como la fiscal o la eléctrica que permitirían bajar el
precio de los combustibles y la energía sin deteriorar las finanzas
públicas. Estos cambios sin duda dotarían de mayor productividad
al sector agropecuario.
Sólo hay una manera de mejorar el nivel de vida de nuestros
campesinos: aumentar la productividad del campo. Pero para lograr esto
hay que acabar con el ejido, permitir la fusión de parcelas excesivamente
pequeñas, abrir las puertas al crédito privado, introducir
nuevas tecnologías para la producción agropecuaria y aprobar
las reformas estructurales que faciliten la creación de riqueza.
De la Ignorancia con Ropaje Académico.
Investigadores y profesores de diversas universidades se han dado a
la tarea de demostrar "científicamente" la maldad del
libre comercio, claro, con argumentos bastante mañosos y totalmente
falaces. Por el solo hecho de ser académicos publican documentos
plagados de tonterías y se creen con las credenciales suficientes
para chantajear al gobierno e instalar un orden marxistaverdadero
motivo de sus "investigaciones."
- Como dogmaporque jamás definen el conceptoen sus
documentos abogan por la "soberanía alimentaria." Presuponen
que es deseable y posible y dan por un hecho que cualquier importación
de alimentos atenta contra dicha soberanía. ¿Porqué
no dan una definición funcional de tal soberanía (ya que
son tan "científicos") y justifican por qué
es deseable y posible para un país?
- Si se refieren a que no somos soberanos porque compramos más
alimentos al exterior de los que vendemos; es totalmente falso. México
es un país superavitario en sus relaciones con el exterior en
materia alimentaria cuando se incluye al sector pesquero, por lo que
somos "más que soberanos en este renglón" al
vender más de lo que compramos. Ello no quiere decir que seamos
superavitarios o siquiera autosuficientes en todos y cada uno de los
productos alimentarios que se consumen, lo que sería lamentable
pues no estaríamos produciendo en lo que somos mejores para hacerlo
en lo que no lo somos.
- Su concepto de "asimetrías" es sesgado. Lo mismo
contabilizan en tales asimetrías factores geográficos
y climatológicos, que rezagos de productividad, diferencias en
el régimen de la tenencia de la tierra (algo que deberían
explorar con más detenimiento para detectar los daños
que causó la "reforma agraria" a la productividad agropecuaria,
así como el deficiente sistema jurídico de garantías
a los derechos de propiedad), que factores elegidos arbitrariamente
para "probar" lo que, desde antes de investigar, estos académicos
dan como un hecho axiomático. Eso no es científico, es
propaganda.
- Su "estudios" están repletos de peticiones de principio,
jamás explicadas ni demostradas. Por ejemplo, ¿de acuerdo
a qué metodología calculan la sobrevaluación del
peso respecto del dólar?, ¿de dónde sacan que un
déficit en la balanza comercial es nocivo?, ¿por qué
ignoran o desdeñan la película completa de toda la balanza
de pagos?, si un déficit comercial es siempre malo, hemos de
deducir que un superávit comercial es siempre bueno ¿por
qué no dicen entonces que el TLC modificó radicalmente
la balanza comercial entre México y Estados Unidos y que tal
balance, desde el TLC, ha sido crecientemente superavitaria para México?
- ¿Por qué su "análisis" de los precios
relativos no se detiene en los precios específicos de los productos
agroalimentarios? Esos índices de precios están disponibles
en la información de Banxico e Inegi, mes a mes, e indican exactamente
lo contrario de lo que afirman: Ha habido una reducción neta
en los precios de los productos agroalimentarios, específicamente
en aquellos desgravados de aranceles gracias al TLC. Eso es beneficio
a los consumidores, que somos todos, NO es demagogia. Es un hecho constante
y sonante.
- ¿Por qué no calculan el costo realen el precio
de los productos del campo (como azúcar, pollo, maíz,
frijol, trigo y demás)para los consumidores y contribuyentes
mexicanos de los apoyos, subsidios y mecanismos de protección
que aplica el gobierno en beneficio de los productores o de los líderes
que viven de explotar al campo y a los campesinos?
- Si desean hacer una investigación seria, y conocer la verdad
(lo cual es muy diferente a hacer propaganda con ropaje seudo académico),
debieran correr dos series históricas de precios desde 1994 hasta
le fecha y comparar los resultados: Una serie para los productos agropecuarios
que tuvieron algún tipo de protección arancelaria o no
arancelaria (por ejemplo, sanitaria), así como apoyos directos
mediante subsidios (Procampo, Alianza para el Campo, créditos
subsidiados o a fondo perdido de Banrural y otros) y otra serie de los
precios de los productos agropecuarios que fueron liberados a partir
del TLC. Es seguro que en la segunda serie obtendrían un descenso
real en los precios para el consumidor.
- Sus análisis pasan por alto las grandes rentas que han obtenido
algunos productores agropecuarios mexicanos, por ejemplo avicultores,
con las salvaguardas que negociaron en el TLC. Más bien parecería,
ante la evidencia, que algunos productores agropecuarios mexicanos negociaron
"muy bien" el TLC (para sus intereses y en combinación
con sus colegas de Estados Unidos) en detrimento de los consumidores.
- Sus cálculos comparativos sobre subsidios y protecciones también
están sesgados, porque en términos relativos a la capacidad
fiscal de México, los "apoyos" al campo les cuestan
más a los contribuyentes mexicanos que a los contribuyentes de
Estados Unidos. En todo caso, se les olvidó mencionar que los
"apoyos" y subsidios a los agricultores de Estados Unidos
los pagan los contribuyentes de Estados Unidos, y acaban siendo una
transferencia de riqueza a los consumidores (estadounidenses o del extranjero),
que se benefician de esos precios subsidiados.
Lo triste es que estos pobres "investigadores" sueñan
que con esta propaganda están defendiendo "los intereses
de las mayorías", y en realidad le hacen el caldo gordo
a los grandes negociantes del agro.
De Nuestro Gobierno Mercantilista
Ante la presión por parte de grandes productores avícolas
el gobierno mercantilista de Fox, como último acto de Derbez
y primero de Canales como secretarios de Economía (ambos enemigos
del libre comercio), decidió fregarse a los consumidores de pollo
estableciendo una salvaguarda por cinco años a las importaciones
de muslo y pierna de pollo a cambio de la promesa de estos mismos productores
de que ahora sí se van a modernizar para poder competir con los
productores estadounidenses dentro de un lustro.
- Esta salvaguarda implica que durante este año las importaciones
de estas piezas de pollo enfrentan un arancel del 98.8%, un incremento
de más de 50 puntos porcentuales por sobre el arancel vigente
hasta el 31 de diciembre del año pasado, lo que efectivamente
hace prohibitiva la importación.
- El argumento utilizado para establecer esta inaudita protección
es realmente ridículo y muestra que lo que menos le importa al
gobierno, por lo menos a aquellos burócratas que pululan en la
Secretaría de Economía, es el bienestar de los consumidores.
La historia se repetirá: los consumidores mexicanos de pollo
pagaremos mayores precios y le transferiremos a los productores una
renta extraordinaria. Los consumidores seremos más pobres y los
productores más ricos. Y por supuesto no invertirán esos
1.000 millones de dólares para modernizarse ya que dentro de
cinco años podrán volver a chantajear al gobierno para
que los siga protegiendo.
De los Falsos Defensores del Campo
El reclamo para mejorar la situación del campesino mexicano
es fácilmente aprovechado por toda una serie de grupos a quienes
el bienestar de los campesinos les tiene prácticamente sin cuidado
pero que sí les es útil para lograr sus propios objetivos
políticos, entre los cuales destaca el de querer instituir en
este sufrido y atrasado país un sistema socialista, sin importar
que la evidencia internacional haya demostrado que este sistema simple
y sencillamente ha sido un absoluto fracaso en todos los países
en los que se ha intentado.
- Las marchas y demás manifestaciones que pretenden, por lo menos,
la renegociación del capítulo agropecuario del TLC o,
por lo más, la cancelación del mismo, muestran el afán
de los grupos que las organizan, financian y realizan para, o elevar
los precios de los productos agropecuarios, o destinar impuestos de
los contribuyentes a usos indebidos. Elevar los precios de los productos
agropecuarios, impidiendo la libre importación de los mismos
desde donde se produzcan a menor costo. Destinar impuestos de los contribuyentes
a usos indebidos, otorgando subsidios a los productores agropecuarios
nacionales.
- El último día de enero, marcharon por las calles de
la ciudad de México cerca de 40.000 personas, supuestamente campesinos,
para protestar contra el TLC. Al identificar a quienes organizaron la
protesta, es fácil concluir que la marcha no fue de campesinos
afectados por el TLC ni sus objetivos eran solucionar problemas derivados
del tratado.
- Al hacer un conteo de los campesinos acarreados a la vieja usanza
del PRI, pero ahora con fondos del PRD y de sindicatos que nada tienen
que ver con el campo, menos de la mitad de los manifestantes eran gente
del campo.
- Gran parte de los campesinos que vinieron siembran maíz y frijol,
productos que hasta el 2008 entrarán al TLC, por lo que no han
sido afectados. Algunos líderes radicales, disfrazados de campesinos,
gritaban ¡no a la liberación de aranceles al maíz
y al frijol!, como si en este año electoral se consumara la liberación
de esos productos, manifestando su ignorancia sobre el TLC. Campesinos
entrevistados, dijeron que no sabían a que venían. Otros,
convocados por grupos de izquierda, se fueron a la basílica a
rezarle a la Virgen de Guadalupe.
- Los líderes visibles, huelguistas de la UNAM, la presidenta
nacional del PRD, miembros del sindicato de electricistas, de telefonistas
y de grupos radicales, profesionales de las protestas, fueron un testimonio
de que esa marcha fue una manifestación partidista con fines
electorales para, según ellos, ganar votos y mostrar a la sociedad
y al gobierno del PAN su capacidad de movilización y acarreo.
- Solamente quien ignore la historia política de México
y las estrategias políticas contemporáneas, puede pensar
que esa marcha es una manifestación de campesinos por los perjuicios
que les ha provocado el Tratado de Libre Comercio. Es cierto, la mayoría
de los campesinos viven en la miseria, pero desde antes del TLC y por
otras causas. Una de ellas es la tradicional manipulación de
la que han sido víctimas por los grupos y partidos políticos.
- Todavía hay quienes confunden un acto netamente político
para ganar votos y mostrar poder con una manifestación campesina
contra el Tratado de Libre Comercio, acuerdo que ha sido seleccionado
por varios grupos políticos como el chivo expiatorio para manipular
a los campesinos en las próximas votaciones. Quienes acarrean
campesinos e indígenas como si fueran animales, le apuestan a
la mala memoria de los ciudadanos, pero las elecciones pasadas demostraron
que la mayoría de los electores ya no creen en esos falsos redentores,
en gran parte responsables de la miseria de millones de campesinos.
No hay sector que haya recibido más ayudas, subsidios y programas
gubernamentales que el campo. Y no hay sector donde líderes,
políticos y funcionarios se hayan enriquecido más con
los dineros gubernamentales. "El campesino es de quien lo trabaja,"
esa ha sido la consigna de los líderes que acarrean y manipulan
a los campesinos con la promesa de tierras, subsidios, una despensa
o un viaje a la capital.
Conclusión
El atraso del campo mexicano se origina con una demagógica reforma
agraria que sembró inseguridad jurídica y corrupción.
Y aunque oficialmente ya terminó en la década pasada,
todavía no se generaliza un régimen de propiedad que permita
a los campesinos capitalizar sus tierras, asociarse y volverse competitivos.
Culpar al TLC de todos nuestros males es el pretexto fácil y
menos creativo para evitar reconocer que el desastre del campo mexicano
es resultado de pésimas políticas públicas instrumentadas
en los últimos 70 años.
No permitamos que los grupos políticos responsables de mantener
a los campesinos en la pobreza logren su objetivo de acabar con el libre
comercio. No permitamos que hundan la economía nacional para
favorecer sus ambiciones políticas.
Los mercantilistas, que exigen privilegios gubernamentales (apoyos,
protecciones, subsidios y concesiones monopólicas), y a quienes
encontramos en todos lados (desde exportadores que demandan la devaluación
del peso hasta ejidatarios que piden el cierre de las fronteras a la
importación de alimentos), pretenden vivir a costa, o de los
consumidores, o de los contribuyentes, lo cual los convierte en verdaderos
vividores, en el sentido peyorativo del término: por la fuerza
obtienen, de unos (consumidores) y de otros (contribuyentes) más
recursos de los que, con el libre comercio, obtendrían. Con el
libre comercio (es decir, en ausencia de esos apoyos, protecciones,
subsidios y concesiones monopólicas que exigen del gobierno,
y los precios serían menores y los impuestos se usarían
de manera más eficaz.
Cierto, el campo no aguanta más, pero mentiras. Ya basta de
que unos cuantos, incompetentes o manipuladores con motivos electorales,
vivan a expensas de la mayoría. Porque el libre mercado es, en
efecto, la defensa de las mayorías; y el bienestar de los consumidores
constituye el mayor bien posible al mayor número de personas.