18 de abril de 2000
El Banco Mundial se hace verde
por James M. Sheehan
James A. Sheehan es autor del estudio "The Greening of the World Bank: A Lesson in Bureaucratic Survival" publicado por Cato Institute.
"Cierren el Banco Mundial" es uno de los carteles que los manifestantes llevan por las calles de Washington. Mientras esa institución celebra su reunión anual, miles de activistas demuestran su furia por múltiples causas, desde la pobreza hasta la degradación del medio ambiente. Mientras tienen toda la razón en señalar al Banco Mundial por ayudar a empeorar muchos de esos problemas, se trata de una institución que es muy hábil en apoderarse de elementos claves de la oposición para seguir recibiendo miles de millones de dólares de los gobiernos.
Desde que fue por primera vez atacado por los ambientalistas, a principios de los años 80, el Banco Mundial ha prometido reformas repetidamente. A pesar de tales promesas, el Banco Mundial no ha reformado fundamentalmente sus procedimientos para conceder financiamiento ni ha cambiado el tipo de proyectos que reciben fondos. Obras financiadas por el Banco Mundial por todas partes siguen destruyendo el medio ambiente y causando trastornos sociales. Según sus propios informes, a 2.600.000 víctimas de los préstamos del Banco Mundial en países pobres les están confiscando sus propiedades, destruyendo sus viviendas y acabando con su forma de ganarse la vida.
Cuando el Banco Mundial escucha ataques a sus actividades destructivas del medio ambiente, vuelve a circular informes de prensa de años anteriores donde promete instrumentar reformas. Luego de dos décadas de lo mismo, no hay ninguna evidencia de mejoría. En una reciente revisión, el Banco Mundial estimó que el 25% de sus proyectos en 1997 y 1998 tuvieron resultados no satisfactorios, aun bajo sus muy flexibles normas. También concede que sólo 54% de los proyectos terminados pueden considerarse "sostenibles", a pesar de que el "desarrollo sostenible" está supuesto a ser ahora uno de los principales objetivos de la institución.
Es más, un informe ambiental de 1999 reporta el fracaso del programa de reformas del Banco Mundial, concluyendo que "una evaluación de la cartera del Banco Mundial muestra que no promueve la protección ambiental en sus operaciones ni en sus financiamientos".
La más visible mejora del Banco últimamente ha sido su habilidad en capear las críticas y la oposición política. Le ha hecho la corte activamente a grupos ambientales y utiliza la retórica verde del "desarrollo sostenible". Falsificó sus cuentas para mostrar que estaba dedicando más fondos al medio ambiente y extendió generosa ayuda financiera a muy cuestionables ONGs, de manera de hacerlos dependientes de la continuada existencia del Banco. Ha extendido numerosas invitaciones a organizaciones verdes a su lujosísimo edificio en el centro de Washington para pedirles consejos y ayuda en mejorar la imagen del Banco. Por todo esto, la mayoría de los manifestantes en Washington no están exigiendo el cierre del Banco Mundial, a pesar de la comprobada incapacidad de reformarse.
Cuando el Banco Mundial se dio cuenta, a principios de los años 90, que la oposición ambientalista ponía en peligro su existencia misma, hizo un gran esfuerzo para enfrentar ese reto. Un reporte interno del Banco Mundial indica que la clave para sobrevivir es continuar "construyendo la formación de grupos dependientes de las políticas y programas del Banco, que también favorezcan la ayuda al desarrollo en general".
El meollo de esta estrategia es un esfuerzo sistemático de lograr un arreglo con el movimiento ambiental. Así desde comienzos de los 90, el Banco Mundial hizo contactos con sus críticos más influyentes, invitándolos a "participar" en la labor del Banco. Esto logró, según el mismo Banco, "una reducción de las críticas de las ONGs" y el reconocimiento de las ONGs de que comparten intereses comunes con el Banco. Por ello, cuando se discutía el nuevo presupuesto del Banco Mundial en el Congreso de Estados Unidos, los más importantes grupos ambientales moderaron sus críticas.
Los ambientalistas creen que a los planificadores del Banco Mundial -quienes en el pasado ignoraban cualquier consideración relacionada al medio ambiente- ahora se les puede confiar importantes decisiones en el Tercer Mundo. Sugieren también que el Banco Mundial puede convertirse en un instrumento de "desarrollo sostenible". Y no hay duda que la estrategia le ha servido al Banco Mundial para conseguir más dinero en el Congreso de Estados Unidos.©
Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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