27 de abril de 2009
No hay alternativa al dólar
por Swaminathan S. Anklesaria Aiyar
Swaminathan S. Anklesaria Aiyar es Académico Titular de Investigaciones del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute.
La nueva idea de reemplazar el dólar como moneda de reserva simplemente no tiene sentido.
Muchos gobiernos y economistas están cada vez más descontentos con el dólar como la principal moneda de reserva a nivel mundial. El ímpetus está aumentando para utilizar los Derechos Especiales de Giro (DEG) del Fondo Monetario Internacional para reemplazar o rivalizar al dólar como la principal moneda mundial de reserva. El DEG, sin embargo, es más un fondo cotizado (ETF, por su sigla en inglés) que una moneda, y no es una alternativa viable frente al dólar.
El FMI no emite moneda DEG. Esto es porque el DEG es simplemente un potencial reclamo sobre las monedas nacionales de unos pocos miembros del FMI. Aquellos cobrando sus cuotas de DEG en dólares o euros tienen que pagar una tasa de interés baja hasta que vuelvan a comprar esas cuotas, así que el DEG es efectivamente una línea de crédito con intereses bajos. También es una unidad de cuenta sintética, una canasta monetaria con los siguientes pesos: 44% para el dólar, 34% para el euro, y 11% para el yen y la libra esterlina, respectivamente.
Para convertirse en una verdadera moneda, el DEG tendría que ser un instrumento completamente convertible, no una línea de crédito, respaldada por países con monedas “duras”. Políticamente, esto parece imposible a menos que sea en cantidades modestas. Aún si se superan los obstáculos políticos, el DEG seguirá siendo una canasta de monedas nacionales, no una moneda independiente. Por esto, se parecerá a un fondo de cotización (ETF), cuyo valor es aquel de una canasta de patrimonios netos, tales como el promedio industrial del Dow Jones, o las 500 empresas del S&P. Tales ETFs simplemente proveen una manera sencilla de invertir en una canasta de patrimonios netos, y no son una forma rival de patrimonio neto. De igual manera, el DEG simplemente puede proveer una manera conveniente de sostener una canasta de monedas, y no será una moneda de reserva alternativa.
El dólar es la principal moneda de reserva del mundo porque la economía estadounidense es la más grande del mundo y el gobierno estadounidense puede cobrarle impuestos a sus ciudadanos para cumplir con su deuda nacional. El FMI no tiene un ingreso nacional ni autoridad para tributar a sus miembros. El FMI no puede emitir ninguna moneda propia con credibilidad, y solamente puede ofrecer un ETF de monedas.
China está particularmente descontenta con el reinado del dólar. Dos tercios de sus $2 billones de reservas extranjeras están en bonos de la tesorería estadounidense. El gobierno de Obama está incurriendo déficits fiscales sin precedente y esto eventualmente podría derivar en un colapso del dólar, y por lo tanto, del valor de las reservas chinas. Por lo tanto Zhou Xiaochung, el gobernador del banco central de China, está buscando incrementar el rol del DEG como moneda de reserva, a manera de crear una alternativa al régimen dominado por el dólar de hoy. Un firme respaldo ha venido del Comité de las Naciones Unidas liderado por el Premio Nóbel Joseph Stiglitz, y de otros prestigiosos economistas, incluyendo a Fred Bergsten del Peterson Institute of International Economics y a Martin Wolf del Financial Times.
Estos economistas ven al sistema existente de reservas mundiales como exageradamente inadecuado y en necesidad de una reforma. Esto es cierto, pero el DEG no es una alternativa viable. Supongamos que China, en busca de una diversificación, cambia $1 billón de sus reservas de dólares por DEGs (algunos economistas quieren que esto se haga en una cuenta de sustitutos del FMI). Dados los pesos de las monedas en el DEG, esto equivale a que China coloque $440.000 millones en dólares, $340.000 millones en euros, y $110.000 millones en yen y libras esterlinas, respectivamente, algo que puede hacer sin los DEGs. Por lo tanto, el intento de diversificación simplemente re-acomodará las piezas existentes.
La emisión de DEG representa obligaciones potenciales para las economías que respaldan dicha emisión—EE.UU., la Unión Europea, Inglaterra y Japón—las cuales por lo tanto se preocupan acerca de nuevos asuntos. Los legisladores occidentales han criticado en el pasado a los DEGs por ser inflacionarios. Esto explica por qué solamente $32.000 millones de DEGs han sido emitidos desde 1971. El acuerdo de la reunión del G-20 acerca de $250.000 millones se ha posibilitado gracias a la recesión mundial, la cual ha desplazado la preocupación por controlar la inflación. Esta actitud no puede durar. Será política y financieramente imposible para los países que respaldan los DEGs emitir lo suficiente para rivalizar a las otras monedas duras sostenidas en las reservas extranjeras a nivel mundial.
La actual recesión le debe mucho a los desequilibrios macroeconómicos. Luego de la crisis financiera en 1997-98, muchos países asiáticos, incluyendo a China, decidieron mantener grandes reservas extranjeras para protegerse en contra de un desastre similar en el futuro. Pero la otra cara de la moneda de los superávits asiáticos fueron los gigantescos déficits en EE.UU. e Inglaterra. Estos desequilibrios insostenibles ahora han acabado en lágrimas. Así que los economistas están buscando maneras de que el deseo de los países asiáticos de reservas altas pueda ser satisfecho sin que tengan que acumular dólares. Los grandes intercambios de monedas podrían ser una respuesta parcial. Pero no el DEG.



























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