17 de abril de 2009
México: Oportunidad desperdiciada
por Isaac Katz
Isaac Katz es investigador y catedrático del Instituto Autónomo de México.
Nuevamente, como ha sucedido infinidad de veces, se nos está yendo el tren; nuevamente estamos dejando pasar una oportunidad para hacer las modificaciones del marco institucional tal que la economía mexicana se inserte en un proceso sostenido de desarrollo; nuevamente los intereses políticos están muy por arriba del bienestar nacional. Nos llegó la crisis y nos agarró con una economía estructuralmente débil, una caracterizada por altos costos de transacción y con una notoriamente baja productividad, una que no es lo suficientemente atractiva para inducir a los inversionistas nacionales y extranjeros para que inviertan acá.
Las crisis, como la que estamos viviendo en la actualidad, deben ser vistas siempre como una oportunidad para hacer los cambios estructurales que en una situación de estabilidad no se hacen porque es “cómodo” no hacerlas, no se perciben como necesarias y menos aun urgentes. Nos llegó la crisis y los políticos, en lugar de preocuparse de cómo aprovecharla para hacer a la economía más eficiente, sólo se preocupan de las próximas elecciones, de quedar bien con los votantes, proponiendo en muchas ocasiones medidas de corte populista como la de controlar las tasas de interés.
Esta crisis tendría que ser aprovechada para modificar de una vez la legislación laboral y eliminar todos aquellos elementos que introducen un sesgo en contra de la generación legal de empleos, en contra del cambio tecnológico y en contra de incrementos en la productividad, rescatando el mercado laboral del secuestro en que lo tienen los líderes sindicales. Debería también ser aprovechada para hacer todas las modificaciones necesarias al diseño tributario no solamente para eliminar la debilidad estructural de las finanzas públicas sino también, todavía más importante, alinear los impuestos con los incentivos para trabajar, ahorrar e invertir más. Asimismo, debería ser aprovechada para, ahora sí, hacer una íntegra reforma energética que abra este sector a la libre participación del sector privado, nacional y extranjero, bajo una regulación eficiente que promueva que tanto el sector de hidrocarburos como el de electricidad operen en un contexto de competencia, hecho que fortalecería la competitividad de las empresas frente a sus competidores extranjeros, tanto en el mercado nacional como en el internacional, generando además un mayor nivel de bienestar para los consumidores mexicanos.
Habría también que aprovechar la crisis para identificar y eliminar todas aquellas regulaciones federales, estatales y municipales que se constituyen como barreras para invertir y para operar las empresas, barreras que incrementan los costos de transacción y que se convierten en una fuente de corrupción. La crisis también debería ser aprovechada para hacer una reforma judicial a fondo tanto al nivel federal como en los estados para fortalecer los derechos privados de propiedad y garantizar, efectivamente, el cumplimiento de los contratos entre particulares como entre éstos y el gobierno.
En fin, habría que aprovechar la crisis para hacer todas aquellas reformas que los políticos han evadido porque no eran políticamente convenientes. No se van a hacer porque lo único que les importa en este momento son las elecciones de julio próximo y por ello, porque estamos secuestrados por los políticos, nuestra economía no saldrá de la mediocridad.
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