18 de agosto de 2009
México: El costo de la inseguridad
por Isaac Katz
Isaac Katz es investigador y catedrático del Instituto Autónomo de México.
Asaltos, robos, secuestros, extorsión, violaciones y homicidios son el pan de cada día en nuestro país. La inseguridad bajo la cual vive la población ha alcanzado tal magnitud que las noticias alrededor de los actos delictivos ya no son noticia; la población ya ve todos estos delictivos como una parte del paisaje nacional que no merece mayor atención. Es tal la incidencia delictiva en México que a menos que nos toque personalmente o a alguien cercano a nosotros, lo que leemos en los periódicos o escuchamos en los noticieros ya no genera la indignación que uno esperaría observar al estar viviendo en una sociedad asolada por la delincuencia.
Décadas de nulo crecimiento del ingreso por habitante, resultado de tener una economía prácticamente atrofiada, explican en parte la alta incidencia delictiva en México, pero ésta no es la principal explicación. Esta se encuentra en la negligencia gubernamental de cumplir con su principal razón de ser que es brindarle a la población seguridad sobre sus personas y sus posesiones. El gobierno, en sus tres órdenes, efectivamente abdicó de esta función o, peor aun, en ocasiones son los propios miembros de los cuerpos de seguridad quienes protegen a los delincuentes o inclusive son ellos mismos los delincuentes. La impunidad con la cual se cometen los delitos en este país es realmente inaudita. Y, obviamente, esto no es gratuito; en realidad, la inseguridad en la cual vivimos tiene un costo muy elevado que se traduce en una menor tasa de crecimiento económico y en un menor bienestar de la población.
En prácticamente todos los estudios que hacen una comparación de los diferentes países en cuanto al marco institucional vigente como determinante de la competitividad y lo atractivo que puede ser un país como destino de la inversión extranjera, uno de los principales elementos que ponen a México en desventaja frente a otros países es precisamente el alto nivel de inseguridad que prevalece en nuestro país. Cuando el gobierno, por negligencia o complicidad, no ofrece a sus habitantes seguridad sobre sus personas y sus posesiones, se genera en la economía un desperdicio de recursos que se deriva de que hay quien utiliza recursos escasos que tienen un uso alternativo para delinquir en lugar de utilizarlos para generar ingreso, además de la asignación de recursos por parte de las potenciales víctimas para tratar de evitar ser objeto del delito.
Ejemplos de este desperdicio de recursos por parte de quienes buscan evitar ser objeto de actos delictivos abundan en nuestro país. Empresas que destina una parte de sus ingresos para proveerse de seguridad privada, el gasto en el blindaje de automóviles y la contratación de guardias privados, comercios enrejados, chapas de seguridad, alarmas y más son recursos escasos que, al desperdiciarse tratando se sustituir lo que el gobierno no está proveyendo, no son invertidos. La consecuencia es una menor tasa de crecimiento económico.
La atención del gobierno está puesta en el combate al narcotráfico en una guerra que está perdida cuando el principal problema en materia de inseguridad son los delitos del orden común. El costo en que México está incurriendo por esta omisión, medido en términos del bienestar de la población, es sin duda enorme.
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