México y su relación con Venezuela y Cuba

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México y su relación con Venezuela y Cuba

2 de Febrero de 2007
Manuel Suárez-Mier es Profesor de Economía de American University en Washington, DC.

El liderazgo iluminado de Hugo Chávez, que sin duda llevará a Venezuela al precipicio, tiene otra vertiente que preocupa: su intento por exportar a otras latitudes su suicida modelo económico que ahora califica pomposamente como el “socialismo del siglo XXI”.

Esta estrategia le funcionó ya en tres ocasiones. Primero, con Evo Morales en Bolivia, luego con Daniel Ortega en Nicaragua y finalmente con Rafael Correa en Ecuador. Pero en por lo menos otros dos casos sus intentos no solo fallaron sino que su apoyo a las candidaturas de Ollanta Humala en Perú y Andrés Manuel López Obrador en México fueron el beso de la muerte para ellos.

En su búsqueda de liderazgos galácticos y su pleito frontal con Estados Unidos, Chávez, camorrista de barrio bajo, ha comprado bronca con no pocos líderes de otros países incluidos Vicente Fox y ahora Felipe Calderón. Lo que hay que precisar son las consecuencias de no rehabilitar ese y otros vínculos.

El papel internacional de México, que el presidente Calderón está tratando de redefinir en términos más equilibrados y sobrios que su antecesor, que en su afán protagónico puso al país en severos aprietos, en apariencia incluye mejorar las relaciones con Venezuela y Cuba.

Creo que es un error. La razón histórica para mantener relaciones cercanas con la dictadura de Fidel Castro fue permitirles por años a nuestros gobiernos ostentarse como de izquierda aunque sus políticas domésticas no lo fueran y retar a Estados Unidos, artimaña siempre popular.

Otra razón para México fue comprar una especie de seguro contra la exportación de guerrillas a nuestro país, que Fidel envió al resto de América Latina durante los sesentas y setentas, e inclusive acceder a la “inteligencia” cubana para contrarrestar movimientos subversivos locales.

Estas razones dejaron de tener sentido hace tiempo por lo que restablecer una buena relación con Cuba es hoy irrelevante, salvo para quienes consideren que es necesario mantener un vínculos por razones “históricas” o para los ilusos que creen que México podría influir en la sucesión de Fidel.

Con Chávez el cuento es similar. Efectivamente, México tuvo una estrecha relación con Venezuela durante algunos años, sobre todo cuando Luis Echeverría y Carlos Andrés Pérez ejercían simultáneamente sus propios regímenes populistas y aspiraban al liderazgo tercermundista.

En esa época Venezuela y México echaron a andar la iniciativa del Sistema Económico Latino Americano (SELA), que tenía por propósito promover la creación de proyectos productivos comunes en la región y, adicionalmente, proveer un foro político que marginara explícitamente a Estados Unidos.

Los resultados positivos de este esfuerzo fueron magros porque los proyectos emprendidos por los gobiernos en una época en la que prevalecía un proteccionismo económico agudo, fueron sonados fracasos, y porque el diálogo político excluyente de EE.UU. tampoco sirvió ningún propósito útil.

El único sentido que le encuentro a buscar una normalización de la relación diplomática con Venezuela y Cuba es el de llevar la fiesta en paz, pues en las numerosas ocasiones –demasiadas para mi gusto- en las que se encontrará Felipe Calderón con los dirigentes del resto de los países de la región, no será agradable encontrarse con quién se tiene una mala relación personal.

Por lo que hace a alcanzar supuestos liderazgos regionales, que espero que no sea uno de los objetivos del presidente Calderón, ellos se dan como resultado del éxito económico y político de los países, por lo que hay que esmerarse en conseguirlos, y no como resultado de la autopromoción.

Aún menos funciona regalar dinero como lo hicimos Venezuela y México a finales de los setentas con Centroamérica y el Caribe, y ahora lo sigue haciendo Chávez con entusiasmo digno de mejor causa.