30 de abril de 2009
Los hermanos Castro, ¿discípulos del Dr. King?
por Nat Hentoff
Nat Hentoff es un prestigioso experto en asuntos relacionados a la Primera Enmienda y la Carta de Derechos de la Constitución de EE.UU. Es un miembro del Comité de Reporteros por la Libertad de la Prensa y un académico titular del Cato Institute.
Durante el tour guiado de los congresistas afro-americanos en Cuba, luego de reunirse con Fidel Castro, el congresista Bobby Rush de Illinois felizmente declaró, “¡Este es el principio de un nuevo día! En mi casa [Fidel] es conocido como el incomparable sobreviviente”.
El propio Fidel, en una carta al periódico estatal Granma, saludó a “este grupo legislativo. El aura de Martin Luther King los acompaña”.
Para otros que honramos a King, hay un discípulo afrocubano de King (y Mohandas Gandhi) que a duras penas sobrevive y que los congresistas no conocieron porque ha estado en una jaula de los hermanos Castro por muchos años y acceder a él estuvo fuera de las posibilidades de la delegación estadounidense. Se trata del Dr. Oscar Elías Biscet. Biscet se encuentra entre aquellos definidos por Amnistía Internacional como “prisioneros de conciencia” en los gulags cubanos.
Otro congresista del grupo, Emanuel Cleaver de Missouri, dijo según el New York Post del 11 de abril: “Nos han hecho creer que el pueblo cubano no es libre y que es reprimido por un dictador atroz y no presencié nada que coincida con lo que nos han dicho”. Un tour del gobierno puede conducirnos a pensar cualquier cosa.
El mismo artículo citó al Sr. Cleaver diciendo que el actual presidente cubano, Raúl Castro: “Es uno de los seres humanos más impresionantes que he conocido alguna vez”. Las organizaciones internacionales de derechos humanos—las cuales han solicitado repetidamente a los hermanos Castro que dejen en libertad al médico ciego—también consideran al Dr. Biscet impresionante por motivos esencialmente distintos.
Antes de ser arrestado durante la represión masiva de disidentes de 2003 llevada a cabo por Fidel (un evento notoriamente conocido como la “Primavera negra”) y de ser sentenciado a 25 años de prisión, el Dr. Biscet había sido encarcelado ocasionalmente por planificar la organización de pequeños grupos en hogares privados para trabajar de manera no violenta a favor de los derechos democráticos.
Desde 2003, el Dr. Biscet, muchas veces brutalizado y a quien se le niega atención médica para problemas digestivos entre otros, ocasionalmente ha sido puesto en una celda subterránea de “castigo” de 3 pies de ancho, sin iluminación y con un excusado en el piso. Su peor crimen de desobediencia al Estado mientras estaba encarcelado fue el de protestar por el tratamiento bárbaro por parte de los otros prisioneros en su celda. Aún así, en un mensaje que envió desde la cárcel, él dijo: “Mi conciencia y mi espíritu están bien”.
En lo que constituye una cruel ironía, estos mismos congresistas que depositan flores en el monumento a King parecen desconocer por completo la inspiración que éste representa para muchos cubanos que han sido silenciados en la tierra de Castro, esto a pesar de la cobertura internacional que el Dr. Biscet ha recibido por parte de reporteros, incluyéndome. Ni tampoco estaban al tanto estos visitantes admiradores de Fidel y Raúl Castro de que una biografía de King—encontrada durante las redadas de las librerías independientes en 2003—había sido quemada, junto con otros libros subversivos, por orden de los jueces de Castro al cabo de uno de esos juicios que duran un día.
Otra seguidora cubana de King es Iris García, fundadora del Movimiento Rosa Parks para los Derechos Civiles de las Mujeres. Ella y su esposo, el disidente afro-cubano Jose Luis García Pérez, están en huelga de hambre tratando de conseguir justicia para un miembro de su familia encarcelado en una de las jaulas de Castro.
El Sr. García, frecuentemente atacado por deslealtad, le dijo al Washington Post el 9 de abril: “Las autoridades de mi país nunca han tolerado que una persona negra [se atreva] a oponerse al régimen”. Así como yo y otros hemos reportado, el racismo en Cuba es uno los temas prohibidos entre aquellos estadounidenses que idolatran a Fidel Castro.
Eugene Robinson del Washington Post, quien recientemente ganó el Premio Pulitzer, ha realizado 10 viajes de reportaje a Cuba y escribió el 14 de abril que la delegación de congresistas afro-americanos fue o ingenua o deshonesta “al no darse cuenta…[o] reconocer—que Cuba es difícilmente el paraíso para la armonía racial e igualdad que pretende ser”.
Si estos miembros del congreso— tan alabados por Fidel Castro por estar acompañados por el “aura” de King—le hubiesen pedido a él y a Raúl Castro permiso para pasear por Cuba por sí solos, habrían encontrado suficiente evidencia del estatus inferior de los afrocubanos en el paraíso de Michael Moore.
Sin embargo, Robinson añade que “quizás ellos estaban muy ocupados mirando a los ojos de Fidel”.
Con respecto a los cambios de la política hacia Cuba del Presidente Obama, en realidad hace mucho que era tiempo de remover las restricciones para viajar a Cuba para los cubanos y cubano-americanos en este país. Mantener a las familias separadas por tanto tiempo ha sido valioso para la justificación de seguridad nacional que los Castro han utilizado para implementar la represión interna para prevenir los “complots” por parte de los enemigos estadounidenses—junto con el embargo, el cual el Sr. Obama también debería eliminar pronto.
Pero cuando Dan Restrepo—el Director principal para asuntos del hemisferio occidental de nuestro Consejo de Seguridad Nacional—habla (como se reportó el 14 de abril en el New York Times) de las medidas del Sr. Obama “para extender una mano al pueblo cubano [para que ellos puedan] trabajar en el tipo de democracia autóctona que es necesaria paraconducir a Cuba hacia un mejor futuro”, Restrepo omite la acumulación de “criminales” pro-democracia en los gulags de los Castro.
En el Miami Herald del 7 de abril, Myriam Marquez les recordó a los congresistas visitantes de los más de 300 prisioneros de conciencia y de “los cientos de disidentes trabajando desde sus casas bajo la vigilancia de un régimen totalitario”.
Raúl Castro, luego de la visita de los congresistas y los cambios de política del Sr. Obama, dijo que está dispuesto a hablar con Obama acerca de “cualquier cosa”, incluyendo los derechos humanos y las cárceles. Bueno, ¿qué tal si se incluye al Dr. Biscet en la conversación una vez que éste sea puesto en libertad? Y Raúl, si Fidel está de acuerdo, ¿no es hora de finalmente dejar que el Comité Internacional de la Cruz Roja entre a sus prisiones?
En 2007, el ex Presidente George W. Bush le otorgó al Dr. Biscet la Medalla Presidencial de Libertad. Sr. Obama, ¿por qué no invita al Dr. Biscet a la Casa Blanca?



























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