27 de marzo de 2007
Lo que dicen algunos de las microfinanzas es poco realista y exagerado
El acceso masivo al crédito no es la clave para el crecimiento
WASHINGTON —Las microfinanzas son elogiadas como uno de los mejores métodos para reducir la pobreza mundial. Pero un nuevo estudio del Cato Institute (http://www.elcato.org/) cuestiona estas afirmaciones y argumenta que los microcréditos puede que no fomenten tanto desarrollo económico y emprendimiento como se pensaba anteriormente.
En el estudio publicado hoy, “Una segunda mirada a las microfinanzas: La secuencia de crecimiento y crédito en la historia económica”, el autor Thomas Dichter, veterano del desarrollo internacional desde 1964, usa un método histórico para criticar la práctica, demostrando que no afecta de manera perceptible el desarrollo económico o el desarrollo exitoso de negocios.
Las microfinanzas, o la disponibilidad de servicios financieros tales como préstamos pequeños para los pobres del mundo, buscan proporcionar los fondos a ser invertidos en pequeñas empresas, estimulando así el desarrollo económico y reduciendo la pobreza. Dichter distingue entre las actividades de subsistencia y las “verdaderas” actividades empresariales afirmando que gran parte de las microfinanzas no son, de hecho, utilizadas para fines empresariales. “El hombre pobre promedio del pasado, al igual que el de la actualidad, no es un emprendedor y, cuando obtiene acceso al crédito, lo utiliza principalmente para financiar el consumo o para solucionar problemas de su flujo de fondos", escribió Dichter. “El emprendedor promedio prefiere comenzar con un crédito informal o con ahorros en lugar de hacerlo a partir de un crédito formal”.
“El crédito para las masas ha sido (y es hoy) principalmente para y acerca del consumo. El crédito para la verdadera actividad empresarial no está destinado al consumo ni necesita ser accesible para todos”, afirma Dichter. La historia del desarrollo económico muestra que primero viene el crecimiento económico y después el acceso al crédito crece; y aún entonces, el crédito es para el consumo y no para la inversión.
“Lo más importante es que la historia parece decirnos que el desarrollo económico y la reducción masiva de la pobreza que lo acompañó no dependieron de que los pobres tuvieran un mayor acceso a los microcréditos para generar ingresos o adquirir activos”, concluye Dichter. “En lugar de eso, los puestos de trabajo fueron consecuencia del desarrollo, lo que a su vez transformó a los trabajadores pobres en un mercado atractivo para los servicios financieros: al principio para los servicios de ahorros y luego para servicios más relacionados con el consumo, a fin de que los bienes producidos tuvieran un mercado más amplio”.
Aquí puede obtener el estudio entero: http://www.elcato.org/node/2292
Contacto:
Thomas Dichter, autor, TSPDICH@aol.com
Ian Vásquez, director, Centro para la libertad global y prosperidad, ivasquez@cato.org
Gabriela Calderón, encargada de prensa en Latinoamérica, gcalderon@cato.org, 202-218-4610
Nicole Kurokawa, encargada de prensa, nkurokawa@cato.org, 202-218-4613
Evans Pierre, director de telecomunicaciones, epierre@cato.org , 202-789-5204
El Cato Institute es un centro de investigación de políticas públicas no partidista dedicado a ampliar el debate político de manera consistente con los principios de libertad individual, gobierno limitado, mercados libres y paz.



























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