La resurrección de Chávez

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La resurrección de Chávez

3 de Abril de 2013
Alfredo Bullard es un reconocido arbitrador latinoamericano y autor de Derecho y economía: El análisis económico de las instituciones legales. Bullard es socio del estudio Bullard Falla y Ezcurra Abogados.

En mi sueño me despierto una mañana. Leo el titular del periódico: “Chávez ha resucitado. Se suspenden elecciones en Venezuela”. La noticia (en el sueño) me alegró. El regreso de Chávez a la vida (y a la Presidencia de Venezuela) es una buena noticia.

En el sueño la celestial descripción del inmaduro Maduro era cierta: “Nuestro comandante ascendió al cielo y está frente a Cristo. Influyó para que se convocará a un Papa sudamericano”.

Y también era cierta la profecía del propio Maduro: “En cualquier momento Chávez convoca una constituyente en el cielo para cambiar la Iglesia en el mundo y que sea el pueblo el que gobierne”.

Una República Bolivariana mundial, pero de origen  divino. El populismo es dogma de fe. Negarlo no es solo un crimen, sino además un pecado. Las imágenes de los ángeles y los santos y hasta de las vírgenes en las iglesias, a lo largo y ancho de la tierra tienen, todas, la cara de Chávez.

De los diez mandamientos “No matarás” ha sido derogado, como en Venezuela, donde se cometen más de 70 asesinatos al año por cada 100.000 habitantes, más del triple que el Perú, una de las tasas más altas del mundo. Si la “seguridad” de Venezuela se expande por todo el orbe habrá más de 50 millones de asesinatos al año. “No robarás” también fue derogado. Venezuela ocupa el puesto 165 en el ranking de corrupción, de un total de 176. El mundo se convirtió en una cueva de ladrones.

Los evangelios han sido reescritos. Cristo aparece ahora con estilo Che Guevara. Justifica en sus prédicas y sus parábolas a Cuba. Pero su protagonismo ha sido desplazado por Chávez, que es ahora quien hace milagros, cura a los enfermos  y multiplica el pan y los peces.

El sermón de la montaña ha sido reemplazado por un programa de televisión llamado Alo Presidente, pero transmitido en todo el globo. Los seguidores del cristianismo han sido reemplazados por una sarta de adulones que festejan, ya no las bienaventuranzas, sino una serie de chistes de mal gusto.

Por eso en el sueño me alegro cuando resucita. Al regresar a la tierra y dejar las alturas donde lo puso Maduro, su capacidad de destruir quedó limitada solo a Venezuela y a los pocos países de gobernantes irresponsables que siguen sus destructivas enseñanzas.

El lamentable martirio de los venezolanos es preferible al apocalipsis mundial. La temida convocatoria a una constituyente universal quedó atrás. Los mandamientos, los evangelios, los pecados y las imágenes de los santos y los ángeles quedan como en un principio.

Su resurrección trae la salvación del mundo aunque regresa la desgracia a los venezolanos. Ellos tendrán que vivir con una inflación como la acumulada en los últimos 13 años de más de 1500% mientras nosotros los peruanos solo acumulamos el 45% en el mismo periodo. Vivirán sin libertad, sin propiedad, sin derechos, sin dignidad, sin Estado de Derecho.

Y el dios del petróleo, ese que financió el despilfarro y la irresponsabilidad, solo hará milagros mientras sus precios internacionales sean altos. Un poder limitado comparado con la infinita omnipresencia de Dios.

No se puede saber si Maduro está hablando en serio o es un personaje producto de lo real y maravilloso, recogido en las páginas de una novela de García Márquez. Lo que sé es que si Chávez hubiera subido a las alturas y pudiera influir en Cristo, no hubiera nombrado un Papa argentino, sino que él mismo se hubiera autonombrado Sumo Pontífice y se habría incluido en la santísima trinidad.

Lo cierto es que Maduro es un personaje tan burdo y vulgar como burdo y vulgar es su comentario. Solo habría que recordarle, parafraseando a Jesús, que hay que darle a Chávez lo que es de Chávez y a Dios lo que es de Dios. 

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 16 de marzo de 2013.