2 de abril de 2009
La radicalización de la izquierda chilena
por Axel Kaiser
Axel Kaiser es Director Ejecutivo de la Fundación para el Progreso (Chile).
A fines de 2008, con el objeto de fundar un nuevo “compromiso programático” para el Chile del siglo XXI, un grupo de connotados intelectuales, políticos y líderes sociales vinculados a la coalición de gobierno que preside Michelle Bachelet, elaboraron un conjunto de propuestas que denominaron el “Decálogo para el futuro de Chile”. El texto, firmado entre otros por un ex ministro de Estado, tres senadores y nueve diputados en ejercicio, se encuentra plagado de frases que evocan la clásica retórica de lucha de clases volviendo sobre ideas que se creían completamente superadas en el país. Así por ejemplo, en su apertura los autores afirman que “la lógica de la rentabilidad y el lucro domina en todos los planos. De hecho, en Chile todos los servicios básicos pueden ser fuente de enriquecimiento para reducidos grupos económicos que muy a menudo abusan en contra de consumidores prácticamente indefensos”.
Luego, siguiendo la línea discursiva de líderes chavistas latinoamericanos, sostienen que “la mala distribución es una consecuencia del modelo económico en aplicación que descansa en la idea que debe dejarse al mercado que resuelva los desequilibrios; que lo privado es bueno y lo público malo, que la intervención del Estado debe ser en todos los terrenos la menor posible; que la economía debe ser indiscriminadamente abierta tanto en lo referente al movimiento comercial como al de los capitales”. Enseguida arremeten en contra del sistema de pensiones y salud privados: “Las AFPs ponen hoy en peligro los ahorros de los trabajadores con comisiones usureras e inversiones de alto riesgo, mientras que las ISAPRES han logrado utilidades enormes discriminando a los usuarios, en especial las mujeres en edad fértil y a la tercera edad”.
La solución a estos problemas pasa, para los autores del Decálogo, por transitar del “modelo neoliberal actualmente en vigencia” hacia uno “de solidaridad social” que “anteponga el interés común al desarrollo de la actividad económica”.
Por si eso fuera poco, el nuevo compromiso programático de este grupo contempla como una de sus propuestas centrales la nacionalización de los recursos naturales hoy en manos privadas: “se debe desarrollar una revisión crítica del manejo de nuestros recursos naturales así como la necesaria y urgente nacionalización del agua(….) La justicia distributiva está directamente relacionada con obtener que los abundantes recursos naturales con que cuenta el país se coloquen en función de los intereses nacionales y de la mayoría de la población. La demostración más elocuente de ello se produce con la explotación del cobre entregado nuevamente al control de unos pocos intereses privados, mayoritariamente extranjeros, que lo exportan en la forma más primaria, sin incorporar en el país trabajo agregado”.
Los pasajes citados dan cuenta de una preocupante radicalización de sectores influyentes de la izquierda y centroizquierda chilena gobernante, que se ha visto contagiada por la retórica populista de otros países de la región, manifestando su expreso apoyo a fórmulas estatistas del pasado que han demostrado su fracaso hasta la saciedad. Lo anterior induce a concluir que el consenso transversal que ha existido en Chile a nivel político en torno al modelo económico en las últimas décadas, comienza a resquebrajarse. Sólo el tiempo permitirá advertir qué tanto logran avanzar estas añejas ideas estatistas. Por ahora al menos no se ha visto una reacción contraria en los demás sectores de la centroizquierda chilena, los que lejos de oponerse, han mostrado una alarmante sintonía con varios de los planteamientos contenidos en el Decálogo.
Referencias:
El texto completo puede verse en: http://socialismo-chileno.org/Socialismo/index.php?option=com_content&task=view&id=158&Itemid=61.



























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