6 de abril de 2007

La ortodoxia es muy útil

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por Pablo Lucio Paredes

Pablo Lucio Paredes es profesor de Dirección de Operaciones del IDE Business School de Ecuador y columnista de El Universo (Ecuador).

Hace tiempo, un ministro del actual Gobierno en Ecuador acuñó el ciertamente gracioso apelativo de OCP (ortodoxos, conservadores y prudentes) para los economistas que creemos que hay que ser disciplinados en el manejo económico de los países (contrariamente a la vida diaria donde uno puede ser imprudente porque solo se afecta a sí mismo y su familia). Planteaba que es mejor ser heterodoxo, no poner límites en el manejo de las finanzas públicas, e implícitamente también se refería como negativo al apoyo a la apertura externa del país o al manejo responsable de la deuda externa.

En realidad la existencia de esa ortodoxia les es muy útil a los heterodoxos:

1) Cuando no están en el poder, les da una plataforma de lucha y crítica atractiva y popular, porque la vertiente seria del manejo de la economía gana pocos votos en el corto plazo, aunque la experiencia de todos los países muestra que ese es el camino correcto. Les permite hacer creer que todo eso es para favorecer solo a los empresarios y del gran capital, sin conciencia social, entregados a los acreedores externos.

Aprovechan de esas críticas para crear una plataforma política, aunque cuando están en el Gobierno se olvidan de una parte de las críticas anteriores. Por ejemplo, pagan la deuda puntualmente, y favorecen de manera por lo menos extraña los hilos de la especulación, cuando antes cualquier movimiento del precio de la deuda era la mayor de las inmoralidades. Aprovechan para denigrar cualquier acuerdo comercial con Estados Unidos (recientemente el TLC o las ventajas arancelarias), pero en el Gobierno aceptan que las pérdidas arancelarias pueden tener un efecto negativo enorme en empleo y producción (antes los impactos eran mínimos y despreciables, según Alberto Acosta, el actual Ministro de Energía ecuatoriano) y van en busca de esa renovación. Aprovechan para denigrar la dolarización, pero ya en el poder nos dicen que “no es el momento para abandonarla” (de lo cual debemos, claro, alegrarnos).

2) Los ortodoxos generalmente dejan situaciones fiscales razonables, gastos públicos medianamente controlados, deuda que ha disminuido y ahorros interesantes (aunque como en el Ecuador no ha prevalecido la ortodoxia, todo eso es apenas cierto). Y de esa manera el nuevo Gobierno puede aplicar sus programas de “gastadores contumaces”. Y de esa manera aumentan, temporalmente, su popularidad. Si tienen suficiente tiempo se gastan todos los fondos disponibles: los impuestos, los fondos petroleros, los recursos de la Seguridad Social. El famoso pensamiento bíblico de las vacas gordas y flacas es una más de las aberraciones ortodoxas. Hasta que llega un golpe inesperado (pero nunca ausente) como un fenómeno El Niño o un derrumbe del precio del petróleo, y volvemos a las políticas de ajuste que les toca implementar a los ortodoxos para poner la casa en orden, y los heterodoxos, entonces ya fuera del poder, aprovechan otra vez su habilidad mediática para culpar a los otros de todos los desastres y ajustes.

En definitiva, los heterodoxos son doblemente populares a costa de los ortodoxos… pero la historia acaba poniendo las cosas en su sitio… ¿O no?

Este artículo fue originalmente publicado en El Universo (Ecuador) el 6 de abril de 2007.