28 de mayo de 2012

La guerra estadounidense contra las drogas llega a Honduras

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por Ted Galen Carpenter

Ted Galen Carpenter es vicepresidente de Estudios de Defensa y Política Exterior del Cato Institute y autor o editor de varios libros sobre asuntos internacionales, incluyendo Bad Neighbor Policy: Washington's Futile War on Drugs in Latin America (Cato Institute, 2002).

El corresponsal del New York Times, Thom Shanker, reveló el 5 de mayo que los militares estadounidenses habían establecido tres bases en Honduras para ayudar al país a combatir a los crecientemente poderosos cárteles mexicanos. La administración Obama autorizó este nuevo, y potencialmente peligroso, operativo militar sin aprobación del congreso y sin el más mínimo debate público con el pueblo estadounidense. Este aspecto es simplemente la evidencia más reciente de que el presidente Obama es tan devoto de la presidencia imperial como cualquiera de sus predecesores.

Pero esta jugada no debería haber sido una gran sorpresa. Los cárteles mexicanos se han convertido en una fuerza importante en casi todos los países centroamericanos, especialmente en Honduras y Guatemala, durante los últimos cuatro años. Los líderes políticos centroamericanos, así como sus homólogos en EE.UU., se preocupan cada vez más de que uno o más de estos países se convierta en un estado narco de facto.

El aumento de la actividad de los cárteles en Centroamérica es un resultado directo de la vigorosa ofensiva militar contra estas organizaciones en México durante la presidencia de Felipe Calderón. Esa ofensiva ha sido un fiasco para México, dando como resultado la muerte de más de cincuenta mil personas en los últimos cinco años y medio y transformando partes del país en completas zonas de guerra.

Uno de los efectos clave de la ofensiva, sin embargo, ha sido presionar a los cárteles para que busquen lugares más seguros para sus operaciones. Este incentivo ha provocado que varias de las organizaciones de tráfico hayan ampliado sus operaciones considerablemente en los países vecino de América Central, donde las instituciones gubernamentales, las fuerzas de seguridad y la sociedad civil son significativamente más débiles que en México. Si este ha sido un efecto imprevisto o pretendido por el gobierno de Calderón es incierto. La columnista de The Wall Street Journal, Mary Anastasia O'Grady, sospecha que es la segunda posibilidad. Según O'Grady, "México busca elevar el costo del tráfico para que los flujos vayan a otros lugares". Se podría añadir que también se busca que mucha de la violencia que acompaña el tráfico de drogas vaya a otra parte.

Pero incluso si no es una táctica deliberada por parte del gobierno de México beneficiarse a cuesta de otros países, el impacto es el mismo. Los gobiernos de Centroamérica han expresado cada vez más su deseo de mayor asistencia financiera y de seguridad de Washington. Las últimas medidas en Honduras confirman que la administración de Obama está determinada a tomar medidas más severas contra los cárteles.

Sin embargo, el envío de personal militar estadounidense a Honduras para librar la guerra contra las drogas es una medida mal concebida. Los comandantes militares estadounidenses declaran abiertamente que pretenden aplicar las lecciones aprendidas en Irak a la situación en Honduras. Que cualquier persona considere la debacle en Irak como modelo para futuras operaciones militares es más que un poco preocupante. La principal lección de la guerra de Irak debería ser evitar las turbias operaciones de contrainsurgencia/cruzadas para construir una nación, no tratar de perseguir este tipo de misiones de forma más efectiva.

Dada la proximidad geográfica de Centroamérica, EE.UU. tiene algunos intereses de seguridad en juego. Nadie quiere ver a ninguno de estos países bajo el control de los despiadados cárteles mexicanos de drogas.

Pero tratar de frustrar a los cárteles con esta estrategia es similar a poner una curita en un tumor. La razón principal por la cual los cárteles son tan poderosos en México y América Central está relacionada a los principios fundamentales de la economía. Hay una enorme demanda de drogas, especialmente en EE.UU. como también en Europa y, cada vez más, en otras partes del mundo. Cuando existe una demanda tan fuerte por un producto es una certeza económica que las entidades con fines de lucro tratarán de satisfacer esa demanda. Prohibir el comercio de un producto no elimina esa dinámica, simplemente la pervierte. En lugar de que hayan negocios legítimos participando en una competencia sana, el comercio cae en manos de sujetos a quienes no les importa violar la ley ni asumir todos los demás riesgos que implica un mercado negro. A menudo esto significa que los individuos y organizaciones más despiadados y violentos llegan a dominar el mercado.

Debido a la prima de riesgo en el mercado negro, los márgenes de ganancia son mucho más amplios de lo normal, llenando las arcas de los traficantes y dándoles amplios recursos financieros para desafiar a sus competidores y neutralizar o corromper las instituciones del Estado. Eso es lo que sucedió en EE.UU. durante la era de la prohibición, cuando el gobierno trató de prohibir las bebidas alcohólicas. Eso es lo que sucede hoy en día, especialmente en el hemisferio occidental, con la prohibición de la marihuana, la cocaína y otras drogas ilícitas. Y los principales beneficiarios son los cárteles mexicanos.

Desafortunadamente, la administración de Obama se niega tercamente a reconocer la realidad. En lugar de abandonar la inútil y contraproducente estrategia de la prohibición, el presidente y sus asesores parecen tener la intención de enviar personal militar estadounidense a otro conflicto, esta vez en Centroamérica. El despliegue en Honduras parecer ser el primer y fatídico paso hacia las arenas movedizas.

Este artículo fue publicado originalmente en The National Interest (EE.UU) el 14 de mayo de 2012.