23 de junio de 2009

La gran burla

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por Doug Bandow

Doug Bandow es Académico Titular del Cato Institute.

Las Naciones Unidas y los derechos humanos no pertenecen en la misma oración. A principios de mes el Consejo de las Naciones Unidas de Derechos Humanos alabó los logros en derechos humanos de Cuba. El Consejo estaba mucho más preocupado acerca del embargo estadounidense a Cuba que acerca de la brutalidad del gobierno cubano contra los cubanos.

La ONU desde hace mucho dice representar las mayores aspiraciones de la humanidad, desde que se redactó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la cual fue aprobada hace más de seis décadas. Pero la Comisión de la ONU sobre los Derechos Humanos frecuentemente avergüenza a la “comunidad internacional”. Muchas veces dominada por los violadores de los derechos humanos este organismo sistemáticamente le da un reconocimiento positivo a gobiernos opresores y ha gastado gran parte de su tiempo atacando a Israel. Es uno de los clubs de comedia más finos de la Bahía de las Tortugas de Nueva York—solo que las funciones estaban corriendo por cuenta del contribuyente estadounidense.

Hace tres años la Comisión fue reemplazada por el Consejo de Derechos Humanos en un intento vació de mejorar sus operaciones. La administración de Bush se negó a dignificar el cuerpo con la presencia de EE.UU. pero en marzo la administración de Obama anunció su decisión de volver. Hacerlo, obviamente fue un error.

La lista de los miembros se lee como una lista de “Quién es quién” dentro de los regímenes represivos: Angola, Egipto, Gabón, China, Jordán, Arabia Saudita, Azerbaiyán, Rusia y Cuba. Muchos de los otros miembros tienen menores problemas de derechos humanos. Los estados autoritarios tienen un incentivo obvio para ser blandos con las otras autocracias. Peor aún, estos gobiernos miembros consideran la violación de derechos humanos como un bien positivo y una de las principales responsabilidades del gobierno (cuando está en sus manos, por lo menos).

Como parte de su compromiso con los derechos humanos, el Consejo conduce una revisión anual—la cual culmina en un debate de tres horas acerca del récord en derechos humanos de cada nación. Extrañamente, estas revisiones parecen ser un tanto superficiales.

El récord de Cuba no es difícil de evaluar. El Departamento de Estado resume el récord Cubano en su reporte anual sobre derechos humanos:
El gobierno continuó negándole a sus ciudadanos sus derechos humanos básicos y cometió numerosos y serios abusos. El gobierno le negó a sus ciudadanos el derecho a cambiar su gobierno. A final del año habían por lo menos 205 prisioneros y detenidos políticos. Hasta 5.000 ciudadanos sirvieron sentencias por ser “peligrosos”, sin haber sido acusados de crimen específico alguno. Los siguientes problemas de derechos humanos fueron reportados: golpizas y abuso de detenidos y prisioneros, incluyendo a activistas de derechos humanos, llevados acabo con impunidad; condiciones difíciles que amenazan la supervivencia en las prisiones, incluyendo la negación de cuidados médicos; la amedrentación, golpizas y amenazas en contra de opositores políticos por parte de grupos reclutados por el gobierno, la policía y los oficiales de seguridad estatal; el arresto y detención arbitrarios de defensores de los derechos humanos y de miembros de organizaciones profesionales independientes; la negación de un juicio justo; y la interferencia con la privacidad, incluyendo el predominante monitoreo de las comunicaciones privadas.

El grupo Freedom House coloca a Cuba al final del ranking en cuanto a derechos políticos y civiles. “Aunque el grado de represión se ha reducido y mantenido estable durante la última década, la neutralización de la disidencia política organizada sigue siendo una prioridad para el régimen”, explica Freedom House.

Freedom House prepara un reporte especial acerca de la libertad de prensa y, no debería sorprendernos, denomina a Cuba como “no libre” en esta categoría también. Hubo algo de relajamiento el año pasado, pero “Cuba continuó teniendo las leyes más restrictivas sobre la libertad de expresión y de prensa en el hemisferio”. Además, “los agentes de seguridad estatal continúan amenazando, arrestando, deteniendo y encarcelando y restringiendo el derecho a moverse de periodistas locales y extranjeros a lo largo del año”.

Cuba también es uno de los principales violadores de libertad religiosa. El año pasado, explicó el Departamento de Estado en su Reporte de Libertad de Religión anual que: “El gobierno continuó ejerciendo control sobre todos los aspectos de la vida social, incluyendo la expresión religiosa. Ciertos grupos, particularmente los Adventistas del Séptimo Día y los Testigos de Jehová, se enfrentaron a una considerable amedrentación y maltrato”. Aunque la represión ha disminuido últimamente, “El Ministerio del Interior continuó participando en esfuerzos para controlar y monitorear las actividades religiosas y vigilando, infiltrando y amedrentando a grupos religiosos, profesionales religiosos y personas que practican determinadas religiones”. El mes pasado la Comisión estadounidense para la Libertad de Religión Internacional colocó a Cuba en su lista de vigilancia ya que “Dentro del periodo observado, el gobierno expandió sus esfuerzos para silenciar a críticos de sus políticas respecto a la libertad de religión y reprimió a los líderes religiosos cuyas iglesias operan fuera de la red de organizaciones reconocidas por el gobierno para las denominaciones protestantes”.

Hay peores ofensores, por supuesto. Compare cualquier país con Burma o Corea del Norte y hasta los peores violadores de los derechos humanos se ven bien. Pero el récord de Cuba no podría pasar la prueba más superficial por parte de un organismo serio. Desafortunadamente, el Consejo de los Derechos Humanos no es un cuerpo serio.

La ONU emitió un comunicado de prensa oficial resumiendo el debate, si puede considerarse como tal, sobre Cuba y otros dos estados (Arabia Saudita y Camerún):

En la discusión acerca de Cuba, los participantes dijeron que Cuba había aprobado muchas evaluaciones y que continuaba manteniendo los principios de la objetividad, imparcialidad e independencia en la búsqueda de la realización de los derechos humanos. Cuba era y sigue siendo un buen ejemplo del respeto a los derechos humanos, incluyendo los derechos económicos, sociales y culturales. La Revisión Universal Periódica de Cuba claramente reflejaba el progreso realizado por Cuba y los cubanos en la protección y promoción de los derechos humanos y mostraba una respuesta constructiva y pro-positiva a la situación de Cuba en cuanto a los derechos humanos. Cuba era la víctima de un embargo injusto pero a pesar de ese obstáculo era muy activa en el campo de los derechos humanos. El bloqueo comercial, financiero y económico por parte de EE.UU. debería acabarse, ya que era el principal obstáculo al total desarrollo de Cuba.

En resumen, el problema no es la brutalidad del régimen de Castro. Es el embargo comercial de EE.UU.—contra-producente en mi opinión, pero ignorado por todos y de hecho utilizado por el gobierno cubano para fortalecer su control. Como mi colega del Cato Institute Juan Carlos Hidalgo lo dijo, “Esto no es del periódico satírico The Onion sino que viene de la ONU”.

Sin embargo, el resumen del Consejo no debate la justicia. Pakistán le deseó a Cuba fortuna en hacer una realidad “todos los derechos humanos para todos los ciudadanos”. Venezuela (no hay que ser miembro del consejo para comentar) alabó “la voluntad de acero” del gobierno cubano. Rusia dijo, “Cuba ha escogido una estrategia seria y responsable”. Uzbekistán “resaltó el trabajo de Cuba en la promoción de los derechos humanos”. China declaró que “Cuba había realizado importantes contribuciones a la causa internacional de los derechos humanos”. Egipto opinó que “los esfuerzos de Cuba eran admirables”. Y así sucesivamente.

Nuevamente, esto no viene de las páginas de una publicación satírica. Viene de un debate ante el Consejo de los Derechos Humanos.
Por supuesto, el gobierno cubano estaba complacido. La Sección de Intereses Cubanos (la cual actúa como la embajada de facto de la Habana) emitió un comunicado de prensa titulado: “Cuba es reconocida en el Consejo de Derechos Humanos”. La Habana grandiosamente anunciaba que aceptaba gran parte de las recomendaciones del Consejo, y “reafirmaba su compromiso con el fortalecimiento de la cooperación internacional con respecto a asuntos relacionados con los derechos humanos y con el Consejo de la ONU de derechos humanos, la cual debe estar basada en los principios de la universalidad, la objetividad, la imparcialidad y la no-selectividad”.

¿Hay alguna manera de que, en teoría, el Consejo de Derechos Humanos ayude a avanzar la causa de los derechos humanos? Tal vez, pero seguramente no es obvio como podría hacerlo. El “Reporte del Trabajo para la Revisión Universal Periódica” oficial de Cuba fue igual de nauseabundo que el debate anteriormente descrito. En lugar de avanzar la causa de la libertad humana, el Consejo está encubriendo a opresores. Como los hermanos Castro y compañía.

Luego de recibir su baño purificador de la ONU, el gobierno cubano exclamó: “Los logros ejemplares de la Revolución Cubana en relación a los derechos humanos han sido reconocidos una vez más por la comunidad internacional. No ha sido posible silenciar la verdad”.

En lugar de retornar al Consejo, EE.UU. y otros estados serios deberían salir rápidamente. El problema no es Cuba. Es la ONU. Arabia Saudita también recibió un trato gentil. Al siguiente día recibieron su reporte Azerbaiyán y China—la segunda habiendo alabado los récords de Cuba, Arabia Saudita y Camerún. Este proceso incestuoso continuará, día tras día, a cuestas del resto de nosotros.

Los derechos humanos. Las Naciones Unidas. Nunca se encontrarán los dos, solamente en una rutina de comedia cansina en un club caro que opera desde un famoso edificio alto en la Bahía de las Tortugas en Nueva York.