12 de octubre de 1999

La economía informal

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por Carlos Ball

Carlos Ball es Periodista venezolano, director de la agencia de prensa AIPE (www.aipenet.com) y académico asociado del Cato Institute.

En diferentes países utilizan nombres diferentes: economía informal, economía subterránea, economía paralela o simplemente mercado negro. Pero la definición es la misma. Se trata del sector de la economía que no aparece en las estadísticas oficiales, las transacciones se llevan a cabo principalmente en efectivo y no se pagan impuestos. Gracias a la labor de un economista austríaco, ahora tenemos un estimado de su tamaño a nivel mundial: 9.000.000.000.000 de dólares. Un nueve acompañado de 12 ceros. Son 9 trillones de dólares si utilizo la más usual traducción literal del inglés, pero en buen español serían 9 billones.

El tamaño oficial de la economía mundial es de $39 billones y el de la economía de Estados Unidos es de $9 billones, por lo que la informalidad mundial añade otra economía equivalente a la de Estados Unidos. Eso nos da una idea de su magnitud.

El Dr. Friedrich Schneider, profesor de la Universidad Kepler, en Linz, estudió la economía informal en 76 naciones, tanto industrializadas como emergentes. Y basándose en esa investigación de Schneider, la revista The Economist estima que en los países ricos la economía informal fluctúa alrededor del 15% del PIB, mientras que alcanza más del 33% del PIB en los países en desarrollo.

Es interesante cómo el profesor Schneider hace sus cálculos. Primero, asume que para evadir los impuestos la economía informal transa en efectivo y, por ello, procede a medir lo que él considera es el exceso de billetes en circulación. Luego evalúa las fuerzas que empujan a la gente hacia la informalidad: altos impuestos, excesivas regulaciones y demás obstáculos oficiales.

De los 76 países examinados, Nigeria, Tailandia y Egipto tienen las economías informales más grandes, sobrepasando el 70% de PIB. Al otro extremo, el país con la economía informal más pequeña es Suiza, con apenas 10% del PIB. Es interesante notar que donde más se respeta el secreto bancario, menos informalidad hay. A Suiza la siguen Japón, Estados Unidos y Austria.

Pero en Europa, la situación se deteriora en vez de mejorar. La economía informal alemana equivale al 2O% del PIB y 22% de su gente trabaja en la economía informal, cuando en 1970 sólo el 10% de la mano de obra era informal. Mientras más altos son los impuestos y más entrometidas las regulaciones gubernamentales, mayor es -claro está- el incentivo a operar en la informalidad. Así vemos que en Italia, España y Bélgica, la informalidad fluctúa entre 23% y 28% del PIB.

En Italia y Bélgica el peso total de los impuestos, sumando los impuestos a las ventas, a la renta y las contribuciones por nómina a la seguridad social, sobrepasa 70% del ingreso del trabajador. Esto se compara con 41% en Estados Unidos, ahora que bajo Bill Clinton tenemos los impuestos más altos de la historia, como porcentaje del PIB.

Mucho más extendida aún es la informalidad en América Latina, donde la mayoría de la gente simplemente no puede pagar el alto costo de la legalidad. En casi toda Latinoamérica, una persona que quiera establecer su propio negocio necesita contratar los servicios de un abogado y luego dedicar semanas si no meses a conseguir permisos y licencias en una multitud de oficinas públicas diferentes, además de tener que pagar bajo la mesa a una infinidad de funcionarios corruptos para "agilizar" la tramitación.

En 1986, cuando fue publicado el magistral libro de Hernando de Soto, Enrique Ghersi y Mario Ghibellini, "El otro sendero", nos impresionó enterarnos que la economía informal del Perú alcanzaba entonces 60% de las horas-hombre trabajadas. Sin embargo, en Venezuela desde hace varios años más del 50% de la población trabaja informalmente. Se trata de dos países ricos en recursos naturales, donde sus malos gobiernos han construido tan absurdos obstáculos al trabajo, que un altísimo porcentaje de la ciudadanía no tiene más recurso que vivir y trabajar al margen de la ley.

Por el contrario, como lo mostró el periodista de ABC John Stossel en su programa de televisión 20/20 en septiembre de este año, en Hong Kong, él mismo logró abrir una tienda en un centro comercial en menos de 24 horas. Eso, en gran parte, explica la riqueza de inmigrantes que llegaron de la China con sólo la ropa que traían puesta, pero con trabajo y sin obstáculos oficiales transformaron en una sola generación a una roca, sin más recursos naturales que un buen puerto, en la ciudad más próspera y con mayor densidad del mundo. Ello también comprueba que el llamado "exceso" de población, si llega a ser un problema, es insignificante comparado con el exceso de impuestos, regulaciones y malas leyes.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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