5 de marzo de 2007
La balanza comercial no dice mucho acerca del estado de una economía
por Daniel Ikenson
Daniel Ikenson es Director Asociado del Centro de Estudios de Política Comercial de Cato Institute.
El liderazgo demócrata en el congreso estadounidense cuenta una convincente historia acerca de la ansiedad que sienten los estadounidenses con respecto al comercio y la globalización. ¿Y por qué deberían estar tan nerviosos? El público está expuesto a una continua avalancha de hipérbolas y distorsiones acerca del comercio y su relación con los trabajos y el crecimiento económico, gran parte de la cual se origina o hace metástasis en el congreso.
En una carta emitida el 13 de febrero de 2007, la dirigente del congreso Nancy Pelosi, el líder de la mayoría Steny Hoyer y otros miembros democráticos repelan al presidente por sus políticas comerciales, las cuales según ellos, han resultado en un déficit comercial insostenible: “Las consecuencias de estos déficits persistentes y masivos incluyen no solamente negocios fracasados, trabajadores desplazados, salarios reales más bajos, sino también la permanente devastación de nuestras comunidades”. Aquella es una acusación demasiado exagerada que hacerle a la política comercial—particularmente si es que está completamente equivocada. Desafortunadamente, el Director del Comité de Maneras y Medios del Congreso, Charles Rangel, quien influenciará con sus opiniones y posiciones la agenda comercial por lo menos por los próximos dos años, prestó su firma a esta carta.
Demasiados en el congreso ven a las exportaciones como algo bueno y a las importaciones como algo malo y a la cuenta comercial como un marcador. Como EE.UU. tiene un déficit grande y creciente, ellos piensan que estamos perdiendo en el juego del comercio. La razón por la cual estamos perdiendo, según ellos, es porque nuestros socios comerciales están haciendo trampa y la administración de Bush se los ha permitido. Los demócratas, por lo tanto, pretenden reversar el empeoramiento de nuestra posición económica mediante una aplicación más estricta de nuestros acuerdos comerciales.
Una discusión honesta acerca del comercio indicaría que mientras que las importaciones han crecido a lo largo de los últimos cinco, diez y 25 años (escoja su año), la economía se ha expandido, creando un promedio de 1,8 millones de trabajos netos cada año desde 1981. Claramente no hay relación inversa alguna entre la cantidad de las importaciones y la creación de trabajos en EE.UU. Y en los sectores que más expuestos han estado a la competencia con las importaciones, las ganancias en productividad (no la competencia con las importaciones) explican la constante reducción de personal.
Las importaciones son cruciales para la economía. Estas crean la competencia, la cual hace que los negocios sean más innovadores y productivos. Pero las importaciones mantienen a los precios bajos, aumentan los salarios reales y expanden los presupuestos familiares.
Las industrias estadounidenses dependen de componentes importados y de materia prima para producir sus productos finales. Esta clase de importaciones constituye casi la mitad de todas las importaciones que entran a EE.UU. De acuerdo a la investigación de mi colega en el Cato Institute, Dan Griswold, en los periodos en los que el producto interno bruto se ha contraído, el déficit en la cuenta corriente se ha disminuido. Cuando el PIB se expandió moderadamente, el déficit en la cuenta corriente aumentó. Y cuando el PIB creció fuertemente el déficit aumentó aún más rápido. La misma relación existe entre el déficit de la cuenta corriente y la producción manufacturera estadounidense. Más altos niveles de importaciones están asociados con más actividad económica, la cual es esencial para la creación de trabajos. El déficit es claramente pro-cíclico.
En el 2006, la economía creció por 3,4 por ciento, creando 2 millones de trabajos netos nuevos y cerrando el año con una tasa de desempleo de 4,5 por ciento. Más comercio (tanto exportaciones como importaciones) ha sido un ingrediente importante en el notable éxito de la economía estadounidense. ¿En base a qué información o argumentos se debería permitir que el déficit comercial sin precedentes opaque aquellas cifras económicas reales? ¿Qué es tan deseable de un comercio balanceado o de un superávit comercial? Japón ha tenido un superávit comercial grande desde hace mucho tiempo. Aún así, su economía estuvo moribunda por 13 años, creciendo apenas un poco más de 1 por ciento al año entre 1991 y 2004.
De igual manera, Alemania ha tenido un superávit comercial grande desde hace muchos años, pero hasta hace menos de un año atrás, seguía siendo afligida por una tasa de desempleo de dos dígitos. (Hoy solo está por debajo de 10 por ciento). ¿Qué preferiría la Sra. Pelosi, un superávit comercial o un verdadero crecimiento económico y expansión de oportunidades? La Sra. Pelosi y los otros firmantes apuntan con el dedo a China, Japón y Europa como los responsables de nuestro creciente déficit comercial debido a sus “numerosas barreras comerciales y a sus prácticas comerciales injustas”.
La solución, por lo tanto, es aumentar las exportaciones estadounidenses hacia esas regiones para derribar esos obstáculos persistentes. Sin embargo, la información del Bureau del Censo muestra que el crecimiento de las exportaciones estadounidenses fue fenomenal en el 2006, aumentando por casi 14,5 por ciento (comparado con 10,8 por ciento para las importaciones). Las exportaciones a Europa aumentaron por un 15,2 por ciento y aquellas a China por cerca de un 32 por ciento. El crecimiento en las exportaciones a Japón fue menor siendo de un 7,5 por ciento, pero creció. Desde el 2001 las exportaciones estadounidenses han aumentado por más de un 42 por ciento, y ese crecimiento refleja, más que una discernible política comercial, el hecho de que la economía mundial ha estado creciendo considerablemente durante ese periodo. Mientras que la demanda extranjera aumenta, los extranjeros están demandando más productos estadounidenses.
No hay una razón contundente para cambiar nuestra dirección en cuanto a política comercial. Si los demócratas en el congreso están dispuestos a conducir una investigación honesta respecto de la relación entre el comercio, los trabajos y el crecimiento económico, los políticos se verán menos tentados por opciones desastrosas de políticas públicas.
Este artículo fue publicado el 22 de febrero de 2007 en el Washington Times.
Traducido por Gabriela Calderón para Cato Institute.



























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