24 de abril de 2009
La advertencia de Naím
por Manuel Hinds
Manuel Hinds es ex Ministro de Finanzas de El Salvador y co-autor de Money, Markets and Sovereignty (Yale University Press, 2009).
Moisés Naím, editor de la revista Foreign Policy, está en el país y liderará un conversatorio en Fusades sobre la situación política de nuestro país y Latinoamérica. El temario incluye una de las amenazas más serias que la región está confrontando: la proveniente de redes organizadas internacionalmente para llevar adelante actividades ilegales, tales como el terrorismo y el tráfico ilegal de narcóticos, armas, personas, objetos robados, propiedad intelectual mal habida y actividades conexas.
En un libro reciente, Ilícito, Naím arguye que dicho tráfico se ha convertido en una de las amenazas más grandes a la democracia, ya que los grupos que lo controlan pueden no sólo usar el terror para convertirse en los dueños de la sociedad sino también corromper a políticos, burócratas, empresarios privados y otros actores. Muy frecuentemente estas redes, comenzadas para lograr propósitos distintos, se alían para ayudarse en la ilegalidad, con el resultado que organizaciones de terrorismo político se han convertido en traficantes de drogas y de armas, a tal punto que de rebeldes se han convertido en traficantes.
Estos grupos han capturado regiones enteras aun en países desarrollados, como la Costa Brava en España, en donde la corrupción es endémica y donde los verdaderos jefes son mafiosos de distintas nacionalidades. Igualmente pueden capturar países enteros, principalmente aquellos en los que las instituciones todavía no están bien desarrolladas. Viendo la guerra despiadada que estos traficantes han declarado contra el gobierno mexicano, se vuelve claro que esta es una amenaza real para todos los países latinoamericanos, incluyéndonos a nosotros y nuestros vecinos. Naím llama a estos lugares capturados "agujeros negros".
Esto ha cambiado el panorama político y militar en el mundo entero. Hasta hace muy poco la defensa de un país se concentraba en defenderse de otros países. Como lo demuestra el 11 de septiembre, las redes ilegales pueden ser enemigos tan feroces y dañinos como cualquier país. Al mundo, sin embargo, le está costando adaptarse a la nueva realidad y regresa a pensar en términos de países cuando ya debería de pensar en términos de redes.
Naím nota por ejemplo que en el caso del 11 de septiembre Estados Unidos reaccionó a un ataque de una red de terrorismo atacando a un país (Iraq). Naím nota también que la mayor parte de los recursos de defensa de Estados Unidos se dedica a armamento para pelear contra otros estados, mientras que las fronteras del país se mantienen muy porosas a la penetración de todo tipo de tráfico ilegal.
La advertencia de Naím es que, como el resto de la región, corremos el peligro de convertirnos en un "agujero negro", y que por tanto evitar que esto pase es algo que tenemos que definir como uno de los objetivos de nuestra defensa nacional. Aunque en parte esta defensa implica el mantenimiento de fuerzas con poder policial y militar, ella también implica el preservar las instituciones democráticas del país, para evitar que sean capturadas por redes ilegales que pueden corromper la vida política del país a extremos sin precedentes. La defensa contra esta amenaza debe ser orquestada por toda la sociedad para que sea efectiva.
Esta defensa requiere cambiar los hábitos políticos del país. Thomas Jefferson dijo una vez que el precio de la libertad era la eterna vigilancia. Esa es una lección que tenemos que aprender. La democracia salvadoreña nació en un mundo unidimensional producto de la guerra: un político era o comunista o no comunista, y prometía volver al país o comunista o no comunista.
La sociedad salvadoreña, democracia nueva, inexperta en los avatares de la política, pensó que todo lo que tenía que saber de política era eso, y que la democracia se ejercía una vez cada varios años, en los días de las elecciones. La vigilancia no existía, el ojo se volteaba hacia otras cosas. Había la queja sorda y perpetua que ha caracterizado a la sociedad salvadoreña, pero no la denuncia, no la petición de cuentas institucional, algo que puede lograrse sólo a través de mantener una vigilancia continua sobre nuestros políticos, ejercida de muchas maneras, incluyendo la organización de grupos cívicos en todos los sectores y regiones, y a través de una reforma política que vuelva a los diputados responsables individualmente ante un electorado bien definido geográficamente que le pueda pedir cuentas.
Estas y otras acciones similares no eliminarían la necesidad de vigilar, sólo volverían más viable la vigilancia. Ciertamente que la vigilancia es difícil, trabajosa. Pero en los países que no la ejercen sus ciudadanos se despiertan un día con que los políticos en los que ellos habían delegado sus poderes los han vendido al enemigo.
Este artículo fue publicado originalmente en El Diario de Hoy (El Salvador) el 23 de abril de 2009.



























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