Irak: Tener la razón importa

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Irak: Tener la razón importa

18 de Septiembre de 2007
Justin Logan es analista de política exterior del Cato Institute.

Gracias a los periodos de las noticias y a los pequeños espacios informativos, los expertos se pueden salir con la suya. Los columnistas y líderes de opinión realizan un sinnúmero de pronósticos sobre como estará Irak en los próximos seis meses, y como nadie va a darle seguimiento los próximos seis meses, no importa si están en lo correcto.

A principios de este mes, Michael O'Hanlon y Kenneth Pollack, dos social-demócratas a favor de la guerra, escribieron un artículo en el New York Times argumentando que el aumento de las tropas en Irak estaba funcionando y que debería extenderse hasta el 2008. Podrían estar en lo correcto, sin embargo, de acuerdo a sus antecedentes, esto es incierto. Los antecedentes deben ser tomados en cuenta. En lugar de ocultarse detrás de argumentos que se basan en condicionales y un lenguaje turbio, los expertos deberían hacer predicciones específicas, con un lenguaje claro, de manera que el público pueda determinar quién realmente sabe de lo que habla.

Los analistas en política exterior tienen una tarea especialmente difícil: hacer predicciones sobre el futuro, basándose en políticas públicas específicas decididas en Washington. Estas dificultades también se extienden al ámbito de la inteligencia. La CIA publica reportes con títulos increíblemente ambiciosos como "Mapeando el Futuro del Mundo" como si alguien fuera capaz de hacerlo. Sherman Kent, el padre del análisis estratégico estadounidense, tuvo que lidiar con estas dificultades en su momento en la Oficina de Servicios Estratégicos y en la CIA. Finalmente, cuando Kent se cansó del insípido lenguaje utilizado para hacer predicciones, ordenó a sus analistas que empezaran a poner probabilidades en sus evaluaciones. Cuando un colega se quejó diciendo que Kent “los estaba convirtiendo en la mayor casa de apuestas de la ciudad”, Kent contestó que “prefería eso a ser un [improperio] poeta.”

El instinto de Kent era correcto. Más corredores de apuestas y menos poetas es lo que Estados Unidos necesita, tanto en análisis de inteligencia como en política exterior. Philip Tetlock, profesor de la Universidad Berkeley en California examinó muchos conjuntos de datos en los que expertos en varios temas hacían predicciones sobre el futuro. Tuvo un conflicto al descubrir “una relación inversa entre qué tan bien les va a los expertos en indicadores científicos de buen juicio y qué tan atractivos son estos expertos para los medios de comunicación y otros consumidores hábiles”. Él propuso una manera para cambiar esta situación: condicionar las apariciones de expertos en medios de alto perfil a tener un récord demostrado en hacer deducciones correctas de eventos de la vida real que sean relevantes y que ocurran en tiempo real.

Esto nos lleva de vuelta a los autores del artículo en el New York Times. Michael O'Hanlon, por ejemplo, argumentó en febrero del 2004 que “los que están en un callejón sin salida son pocos en número y tienen poca habilidad para inspirar a más seguidores entre los iraquíes”. Kenneth Pollack ganó notoriedad por su publicación The Threatening Storm, un libro que argumentaba que Saddam Hussein estaba cerca de obtener armas nucleares y que no era un dictador duisuadible.

El argumento es, entonces, ¿por qué deben ser considerados estos señores como autoridades si han estado tan equivocados en el pasado?

Es una pregunta válida. La mejor manera de corregir esta situación es desarrollando una base de datos sobre predicciones en la que los expertos puedan sopesar demandas específicas sobre el futuro, poniendo su reputación en juego. Algo parecido fue considerado en el programa DARPA desarrollado bajo la supervisión del Almirante John Poindexter en el 2003. El llamado “mercado de análisis de políticas públicas” fue diseñado para permitirles a los analistas comprar contratos futuros dentro de varios escenarios. Conforme el valor de estos contratos subía o bajaba, otros analistas podían observar e investigar el porqué y cómo otros estaban arriesgando su dinero, y por qué ellos debían hacer lo mismo.

Pero el “mercado de análisis de políticas públicas” se hundía bajo una ola de demagogia de congresistas que no entendían nada sobre cómo los mercados de predicción se utilizan en gran medida en bancos de inversión, seguros y otras industrias.

Para citar un ejemplo histórico, si hubiera existido un mercado como éste antes del 11 de septiembre la agente del FBI Coleen Rowley, quien atrapó y arrestó a Zacarias Moussaoui, y cuyos intentos para continuar con la investigación del complot fueron bloqueados, hubiera tomado su sospecha al mercado de futuros. Mientras que su conducta movía el mercado, otros observadores hubieran tenido un incentivo para investigar por qué ella tenía tanta certeza de que un complot peligroso se había puesto en marcha.

Existen varios esfuerzos similares que se han iniciado desde el 11 de septiembre. La revista Foreign Policy publica un índice de terrorismo en el que expertos en política exterior predicen la probabilidad de varios eventos. Los resultados no son alentadores. En la edición del 2006, el 57% de los expertos dijeron que un ataque a Estados Unidos “de la magnitud de los ataques que ocurrrieron en Londres y Madrid” era “tanto probable como seguro” antes de que se termine el 2006.

Predecir el futuro es difícil y los expertos son muy buenos en explicar por qué sus predicciones fallidas son culpa de alguien más. Puede ser que incluso los mejores expertos raramente hacen predicciones acertadas sobre eventos importantes. La única manera de mejorar nuestras predicciones en el futuro es aprendiendo no sólo quién acierta sino por qué. Poner en juego nuestra reputación cada que abrimos la boca nos enseñaría una gran lección.

Este artículo apareció en el National Interest el 7 de agosto de 2007.