2 de octubre de 2007
Irak: No se deje engañar nuevamente
por Ted Galen Carpenter
Ted Galen Carpenter es vicepresidente de Estudios de Defensa y Política Exterior del Cato Institute y autor o editor de varios libros sobre asuntos internacionales, incluyendo Bad Neighbor Policy: Washington's Futile War on Drugs in Latin America (Cato Institute, 2002).
El presidente Bush ha aprobado la recomendación del general David Petraeus de comenzar a retirar 30.000 soldados estadounidenses de Irak para el verano del próximo año. Sin embargo, dicha reducción solo regresaría el nivel de presencia al que había antes de que comenzara el aumento de tropas en enero de 2007.
En los últimos meses de 2006, el debate en Washington se centraba en qué tan rápido podría ocurrir una reducción partiendo del nivel anterior al aumento. El Grupo de Estudio de Irak recomendó que aproximadamente la mitad de los 130.000 soldados en Irak en ese entonces sean retirados para principios de 2008. En un marcado contraste con esa y otras propuestas similares, el presidente Bush ahora está respaldando un paso que significaría un regreso al estatus quo de fines de 2006.
Hasta la propuesta de Bush de un retiro modesto está condicionada a una mejora continua en el ambiente de seguridad de Irak. Petraeus y otros que respaldan el aumento de tropas sostienen que este ha logrado socavar la violencia en ciertas áreas del país (especialmente en algunas zonas de Bagdad y otras en la provincia de Anbar).
Pero las estadísticas de las fuerzas armadas, mencionadas por Petraeus, indican que el nivel de violencia en el país en general simplemente ha bajado a los niveles “normales” de la primavera de 2006, cuando Irak difícilmente era un lugar pacífico. Y los cálculos independientes de la Associated Press y otras fuentes disputan las cifras de las fuerzas armadas. En cualquier caso, es un acto de fe asumir que cualquier reducción en los números de ataques o muertes persistiría si las tropas extras enviadas fuesen retiradas.
Hemos escuchado que funcionarios del gobierno de Bush han expresado optimismo con respecto a la reducción de la presencia militar estadounidense muchas veces en el pasado. De hecho, el plan original del Pentágono esperaba tener no más de 50.000 a 60.000 tropas—lo cual ya es algo sorprendente— y tal vez tan pocos como 30.000 soldados todavía en Irak para fines de 2003.
De vez en cuando después de eso, los funcionarios estadounidenses indicaron que el retiro de los soldados probablemente estaba en el futuro no tan distante. En diciembre de 2005, el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld informó a los reporteros que los ajustes “reducirán la presencia militar en Irak para la primavera de 2006 y bajará del actual nivel alto de 160.000 durante el periodo de las elecciones [iraquíes] hasta llegar a ubicarse por debajo de la base de 138.000 que ha existido antes de las más recientes elecciones”.
Seis meses después, el general George Casey, el comandante de las fuerzas armadas estadounidenses en Irak dijo: “Yo estoy seguro de que podremos continuar reduciendo la presencia a lo largo de este año”.
Pero las promesas de reducción de tropas siempre fueron fijadas a plazos de meses a futuro —y el futuro nunca parecía llegar. Solamente eso debería volvernos escépticos acerca de las nuevas predicciones de que las reducciones puede que se den antes del próximo verano. Y como las anteriores promesas, esta última iniciativa depende de mejoras en el ambiente de seguridad en Irak. Por casi cuatro años, el presidente Bush nos ha estado diciendo que “cuando las fuerzas armadas iraquíes estén fortalecidas, podremos retirarnos”.
El problema con tal requisito es que las fuerzas armadas iraquíes nunca han sido fuertes. De hecho, aquellas fuerzas están tan contaminadas por las divisiones sectarias que afligen a toda la sociedad iraquí que es impreciso considerarlas siquiera como una entidad unificada. Un reporte publicado la semana pasada por un panel de veteranos de las fuerzas armadas estadounidenses concluyó que la armada iraquí no podría operar efectivamente por sí sola en los próximos 12 a 18 meses y que la policía nacional estaba tan infiltrada por guerrilleros sectarios que debería ser eliminada.
La cruda realidad es que si la reducción de tropas estadounidenses depende de la emergencia de un ambiente de seguridad pacífico en Irak y del desarrollo de unas fuerzas armadas iraquíes efectivas y unificadas, no podremos implementar ni siquiera una reducción parcial en el futuro cercano. El objetivo de Petraeus y Bush de una reducción de la presencia para el próximo verano es simplemente la última de varias promesas falsas que se le han hecho a los estadounidenses.
Este artículo fue publicado originalmente en el National Interest el 17 de septiembre de 2007.



























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