1 de febrero de 2011

Interpretaciones del crecimiento en México

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por Isaac Leobardo Sánchez Juárez

Isaac Leobardo Sánchez Juárez es profesor e investigador de economía en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (México) y fue el ganador del concurso “Caminos de la Libertad” 2009 organizado por TV Azteca.

En mi anterior artículo señalaba que la economía mexicana, vista desde una perspectiva de largo plazo, se encuentra estancada. Aunque en el corto plazo existen momentos en los cuales se observan tasas de crecimiento económico significativas (1996, 1997, 2000, 2010), en la mayor parte de años se presentan tasas de crecimiento bajas, muy bajas o incluso negativas. Entre 1982 y el 2010 el crecimiento del ingreso promedio anual por persona de la economía mexicana se encuentra por debajo del uno por ciento.

La falta de crecimiento se ha convertido en el principal obstáculo para lograr un mayor desarrollo económico. Por su dimensión geográfica y número de habitantes, México es la catorceava economía más grande del planeta (Katz, 2011), y a pesar del estado de postración por el que pasa, un estudio prospectivo para el 2050 la sitúa como la economía número seis del mundo en aquel año en materia de producción (Hawksworth, 2006). No obstante, en el 2010, de acuerdo con estadísticas recientes, el PIB por habitante de México es de apenas $12.059 dólares reales, mientras que el de un país con menor población y extensión geográfica como Chile es de $12.258 dólares. El diferencial es todavía más grande si se compara con los EE.UU., nuestro principal mercado de exportación, con un ingreso por persona de $37.523 dólares (Conference Board, 2011).

¿Qué es lo que ha frenado el crecimiento económico de México? Esta es la pregunta que diferentes investigadores y comentócratas han tratado de responder durante los últimos años, tanto en el país como en el extranjero, sin que hasta el momento exista un consenso. La falta de claridad en el diagnóstico puede ser, junto a otros determinantes próximos, la razón del estancamiento.

¿Cómo resolver un problema para el que no existe una explicación en la que todos o la mayoría estén de acuerdo? Por un lado hay quienes concluyen que todo tiempo pasado fue mejor. Estos economistas sugieren que se deben retomar las políticas del pasado para volver a crecer, en particular miran con nostalgia el “desarrollo estabilizador” (1954-1970) y consideran que si hoy se ha dejado de crecer es por culpa de las políticas liberales. Por supuesto, pasan por alto las implicaciones negativas de algunas de las políticas del pasado (particularmente el déficit presupuestario excesivo) y parecen no haberse dado cuenta que el contexto mundial ha cambiado significativamente.

De hecho fue durante ese periodo de crecimiento acelerado que se gestaron la mayor parte de problemas estructurales que hoy en día impiden avanzar —paternalismo, sociedades para la búsqueda de rentas, corporativismo, corrupción, entre otros—, el modelo Estado-intervencionista del pasado sembró las semillas de su propia destrucción. Lo que es cierto es que se deben sacar algunas lecciones de aquella etapa y aprovecharlas para el diseño y la conducción de la política económica actual para el crecimiento, claro está sin idealizar el pasado.

Ahora bien, contrastando con la visión nostálgica del crecimiento con estabilidad, existe un grupo de economistas que mira el pasado con desdén. Para este grupo casi todas las políticas del pasado son criticables y no existe nada que rescatar. Consideran que los problemas del presente son atribuibles a las medidas impulsadas en el pasado, al igual que el primer grupo son fundamentalistas, pero del mercado, indican todas sus bondades sin mencionar toda la literatura existente sobre sus fallas (Esquivel, 2010). Lo cierto es que han pasado casi treinta años desde que quienes sostienen esta visión se asentaron en el poder y no se ha transformado el país hacia la eficiencia y la competitividad, su diagnóstico se encuentra también errado.

Los extremos no pueden conducirnos hacia ningún lugar que no sea la permanencia del atraso. Lo que se requiere es un sano equilibrio que permita sacar lo mejor el pasado y lo mejor del presente, reconociendo lo que no se ha hecho bien y lo que falta por hacer.

No es cierto que la libertad económica sea la causa del estancamiento, más bien creo que la combinación de errores de política en el pasado y sus efectos intertemporales de larga duración, junto a una reforma liberal económica incompleta o trunca es la razón del magro crecimiento mexicano. La causa del atraso se encuentra en lo que hicimos en el pasado remoto (1940-1982), en el pasado reciente (1982-2010) y fundamentalmente en lo que hemos dejado de hacer.

Pero todavía más, por definición la libertad económica es el derecho de todo ser humano a controlar su trabajo y propiedad. En una sociedad libre los individuos pueden decidir sin restricción alguna cuanto trabajar, producir, consumir e invertir, con la libertad protegida y al mismo tiempo restringida por el Estado. En las sociedades económicamente libres los gobiernos permiten que el trabajo y el capital, se muevan fácilmente y crean un marco institucional que coacciona o restringe únicamente para mantener la libertad. ¿Puede esto ser obstáculo para el crecimiento? La evidencia indica que no y la lógica también ¿entonces por qué insistir en desacreditar su valor?

Seguramente es porque no se ha entendido que el progreso no proviene únicamente del Estado, el mercado o la democracia, sino de una de una combinación interdependiente de estos factores. El desarrollo depende del abandono de la unilateralidad y la entronización de uno de los factores. Aunque el mercado y la libertad son fundamentales, no son nada sin la complementariedad de un Estado transparente y eficiente y una democracia participativa.

Referencias:

Conference Board, 2011, Estadísticas de PIB per cápita, consultado en http://www.conference-board.org/data/

Esquivel, Gerardo, 2010, “De la inestabilidad macroeconómica al estancamiento estabilizador: el papel del diseño y la conducción de la política económica”, en Nora Lustig (coord.), Los grandes problemas de México. Crecimiento económico y equidad, México: El Colegio de México, pp. 35-78.

Hawksworth, John, 2006, The World in 2050. How big will the major emerging market economies get and how can the OECD compete? Nueva York, Price WaterHouse.

Katz, Isaac. “México: ¿La séptima economía?”, ElCato.org, 26 de enero de 2011.