7 de julio de 2009

España: Hacia el 'Waterloo' fiscal

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por Lorenzo Bernaldo de Quirós

Lorenzo Bernaldo de Quirós es presidente de Freemarket International Consulting en Madrid, España y académico asociado del Cato Institute.

La política fiscal desplegada por el gobierno es uno de los obstáculos fundamentales para salir de la crisis y facilitar la recuperación de la economía española. El brutal aumento del binomio gasto/déficit y, su corolario, la explosiva trayectoria iniciada por la deuda pública son insostenibles. Esta situación no es sólo un subproducto del hundimiento de los ingresos provocado por la recesión sino de las acciones discrecionales “expansivas” puestas en marcha por el gabinete socialista. De acuerdo con los datos del FMI, estas explican más la mitad del incremento del gasto que se ha producido en España desde el inicio de la crisis, superior al registrado por cualquier otro país de la OCDE con la excepción de los EE.UU. Hasta el gobierno se ha dado cuenta de la insostenibilidad de la situación. Por eso, en su comparecencia ante el Senado, la Sra. Salgado sacó de la pistolera el arma clásica de los socialistas para corregir el desastre presupuestario causado por su gestión: la subida de los impuestos. “Si alguien tiene una idea mejor que me la diga…” sentenció la Vicepresidenta con espíritu desafiante y combativo. Pues la hay…

A diferencia de lo sostenido por la vulgata keynesiana abrazada por el socialismo reinante, la moderna teoría económica muestra que las contracciones fiscales destinadas a eliminar/reducir los déficit público tienen consecuencias expansivas en el corto plazo, siempre y cuando se articulen a través de una estrategia centrada en el recorte del gasto estructural: el empleo y los salarios públicos, las transferencias y las partidas del Estado del Bienestar. Por añadidura, el impacto estimulante sobre la actividad de las restricciones presupuestarias es mayor cuando se acomete en los “malos tiempos”, es decir, en períodos en los que se produce un rápido ascenso de la ratio Deuda/PIB, como el protagonizado por la economía española. Esta hipótesis se ve apoyada por una abrumadora evidencia empírica Del mismo modo, los ajustes basados en aumentos impositivos son de corta vida y producen consecuencias indeseadas e indeseables (ver Alesina A. & Ardagna, Tales of Fiscal Adjustments, NBER, 1998).

De entrada, un proceso de consolidación fiscal de esa naturaleza tiene un potente efecto riqueza si los recortes de gasto se perciben como duraderos. En este caso, los consumidores anticipan un aumento de su renta permanente; es decir, de sus flujos de ingresos futuros, ya que no se verán forzados a soportar una mayor carga fiscal para financiar el agujero de las cuentas estatales. En este contexto, ceteris paribus, el consumo privado tenderá a aumentar y/o a reactivarse con mayor rapidez. Por la misma razón, un alza de los impuestos deprimiría la demanda privada porque sería necesario mantener e incluso elevar la presión fiscal si se desea sostener la estructura de gasto sin modificaciones sustanciales y, al mismo tiempo, evitar una vuelta del binomio déficit/deuda a una senda peligrosa. Ese impacto contractivo se acentúa en un entorno de restricción de liquidez y en presencia de un mercado laboral rígido, léase España. En este último caso, los sindicatos tendrán la tentación de exigir salarios reales más altos para compensar la pérdida de poder adquisitivo derivada del incremento de la fiscalidad. Si esto sucede, los costes laborales crecerán con dos consecuencias indeseables: se acentuará la destrucción de empleo y/o la pérdida de competitividad. Este punto pone de relieve la centralidad de la reforma laboral en cualquier plan destinado a superar la crisis, a pesar de los clamores de los 700 y muy ilustres dinosaurios que firmaron un delirante documento en contra de esa idea.

La segunda fuente expansiva de las contracciones fiscales es su incidencia sobre los tipos de interés. Si el nivel de la deuda pública presenta una tendencia alcista, los inversores demandan una prima de riesgo más alta y pueden llegar a cortar el crédito a una economía en esa tesitura cuando ésta se encuentra en una fase recesiva de duración imprevisible, las familias y las empresas están muy endeudadas, la estabilidad del sistema financiero bajo sospecha y los mercados crediticios internacionales severamente dañados. En este contexto, un contundente recorte del gasto del Estado y de las demás AA.PP. contribuiría de manera decisiva a devolver a los mercados la confianza en la sostenibilidad de las finanzas públicas, a reforzar la solvencia del Reino de España y, de paso, a disminuir la restricción de liquidez soportada por la economía nacional. Eso, sin contar el “efecto crowding in” derivado de la disminución de las necesidades de financiación del sector público que permitía liberar recursos para el privado.

Si el caso a favor de los ajustes fiscales vía recorte del gasto parece tan fuerte, por qué el gobierno español se niega a emprender ese camino. El miedo a perder las elecciones no es un argumento sólido ni está soportado por la experiencia en los países de la OCDE. Así lo demostraron Alesina, Perotti y Tabares en célebre un trabajo de finales de los noventa. En este caso, sólo hay tres explicaciones posibles, todas ellas estremecedoras: primera, el gobierno no tiene ni idea de economía, hipótesis rechazable; segunda, sus convicciones ideológicas le impiden poner en marcha un plan de esas características, conjetura probable; tercera, es prisionero y socio de grupos a los cuales la política dibujada en estas líneas no les gusta y/o les perjudica, supuesto razonable, Ahora bien, cualquiera de esas restricciones le imposibilita para desplegar la estrategia fiscal y presupuestaria que España precisa y, sin la cual, las perspectivas de salir de la recesión y de retornar con rapidez a una senda de crecimiento estable y sostenido son una quimera.

Si el PSOE se atrinchera en posiciones numantinas y se empecina en atajar el vertiginoso aumento del endeudamiento público con más impuestos sólo conseguirá recaudar menos y agravará las presiones recesivas. No lo duden. España está a punto de traspasar la frontera, la delgada línea roja que conduce a una crisis fiscal del Estado. Al borde del precipicio, el heroico gobierno español parece decidido a dar un valiente paso hacia adelante.