España: De la reacción a la estrategia de transformación

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España: De la reacción a la estrategia de transformación

11 de Enero de 2013
Pedro Schwartz es Presidente del Tribunal de Defensa de la Competencia de Madrid y Profesor de Economía de la Universidad San Pablo CEU.

La travesía del año 2012 no ha estado exenta de tormentas, vientos cruzados y momentos de calma chicha. Incluso parte de la tripulación se ha insubordinado clamando (en catalán) que quería arriar uno de los botes salvavidas para navegar por su cuenta. No han visto la película La vida de Pi ni imaginado lo que sería ir mar adelante en un esquife con un tigre bizco a bordo.

Es cierto que el gobierno no ha hecho bien algunas cosas. Aplazó tres meses la preparación y aprobación de los presupuestos. Dudó y cambió de criterio en materia de la reforma de la banca y cajas de ahorro. Aumentó los impuestos dos veces, principalmente por presión de las autoridades europeas y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Consolidar las cuentas públicas en momentos de recesión intentando aumentar los ingresos, sobre todo con una elevación de los impuestos sobre la renta y de sociedades puede suponer un retraso de la recuperación. Hace poco lo explicó así el economista estadounidense Arthur Laffer en Madrid: “cargamos impuestos sobre el tabaco para que la gente fume menos; cargamos impuestos sobre el alcohol para que la gente beba menos; y aumentamos el impuesto sobre la renta para que la gente trabaje menos”.

Sin embargo es más lo que ha hecho bien, con todo y aunque duela tanto el cilicio que nos han colocado. Ha sido un acierto evitar a toda costa un rescate de la nación, con ayuda, es verdad de un cuantioso rescate del sistema financiero. Mientras sigan razonables los tipos de interés a los que tiene que emitir el Estado, será bueno que mantengamos alejados los hombres de negro, que sin duda volverían a pedir alzas de impuestos —una verdadera obsesión en los círculos de Bruselas. La reforma laboral podría haber ido más lejos en la dirección del contrato de trabajo único pero lo conseguido en materia de flexibilización de ese mercado está teniendo su efecto: al principio con un aumento del paro (aún queda por digerir la reducción de empleos en el sector financiero y el sector público), más adelante, con un incentivo para contratar. Hecho lo peor, se trata de no dejarse amilanar por las protestas.

Lo más importante para el futuro del país es lo que queda por hacer. Para explicar y poner en marcha las reformas de mayor calado (por seguir con la metáfora marinera) es indispensable pasar de una política de reacción a una estrategia de transformación. Pensiones, educación, sanidad, sector público, autonomías: he aquí la tarea de los tres próximos años. El Estado de Bienestar y la organización del Estado no se pueden reformar sin el apoyo, aunque sea pasivo, de la opinión pública.

Para eso es necesaria la explicación de un ideario. Hay que explicar que el control de las jubilaciones anticipadas y el retraso de la edad de jubilación no se aplican para hacer sufrir a los mayores sino para darles la posibilidad de elegir unos años más de actividad remunerada. Hay que recordar que una buena formación es garantía de una vida más llena y no sólo en sentido económico. La sanidad es insostenible si los pacientes no contribuyen a pagar algo de lo que gastan. Las administraciones tienen que cargar ahora con el peso de los recortes sufridos por el sector privado.

El rumbo está claro. El capitán y los oficiales deben poner de su lado a la marinería.

Este artículo fue publicado originalmente en Expansión (España) el 8 de enero de 2013.