10 de octubre de 2007

El tigrito centroamericano

Printer-friendly versionSend to friend

por Juan Carlos Hidalgo

Juan Carlos Hidalgo es Analista de Políticas Públicas para América Latina del Cato Institute.

El gran avance experimentado por El Salvador en el último informe sobre la Libertad Económica del Mundo, ha sorprendido a todos menos a aquellos que han estudiado las reformas implementadas en este país, desde los Acuerdos de Paz de 1992. La economía salvadoreña es hoy la segunda más libre de América Latina —luego de Chile— y se ubica entre los 20 primeros lugares en la posición 18 entre 141 países.

Este Índice, publicado anualmente desde hace 11 años por el Fraser Institute de Canadá, utiliza 42 indicadores divididos en cinco grandes áreas, para determinar la libertad económica de un país. Estas áreas son: el tamaño del gobierno, la estructura legal y la protección a los derechos de propiedad privada, el acceso a una moneda sólida, la facilidad para comerciar internacionalmente y el grado de regulaciones en los ámbitos laboral, crediticio y de negocios que tiene el país.

A lo largo de más de una década, esta publicación ha demostrado empíricamente el fuerte ligamen que existe entre libertad económica y el desarrollo de los países. El Salvador es un caso de estudio en este sentido.

En 1990 El Salvador ocupaba el lugar 84 en este ranking de naciones, con una nota de 4,8 de un máximo de 10. Para ese entonces el país se encontraba en los últimos años de la guerra civil y la economía había sido fuertemente intervenida por los gobiernos militares de los ochenta. Según datos de la Dirección General de Estadísticas y Censo, para 1991 casi el 60% de las familias salvadoreñas eran pobres.

Sin embargo, a partir de la firma de los Acuerdos de Paz, El Salvador inició un agresivo proceso de liberalización económica, que incluyó la privatización y liberalización de los sectores financiero, telecomunicaciones, hidrocarburos y de pensiones, la apertura comercial, tanto unilateral como mediante la firma de acuerdos bilaterales, y la adopción del dólar como moneda oficial. Los resultados están a la vista de todos: la inflación es una de las más bajas de América Latina, al igual que las tasas de interés. La densidad telefónica general ha aumentado un 936% desde la apertura en 1996. Los precios de los combustibles están entre los más bajos de Centroamérica. Las exportaciones y la inversión extranjera continúan aumentando. Las finanzas gubernamentales se encuentran bajo control, al punto que el sector público no financiero registra un superávit del 0,7 por ciento este año. Se espera que la economía crezca en 5 puntos en el 2007.

Como consecuencia, en el campo social se han registrado grandes avances. Según el Banco Mundial, en la última década "la matrícula en educación primaria aumentó en casi 10 puntos porcentuales, la mortalidad infantil se redujo un 40 por ciento, la población sin acceso a agua potable disminuyó en la mitad, al igual que la pobreza extrema". De hecho para el 2005 la cifra de familias pobres había caído al 35,2 por ciento.

No obstante, El Salvador cuenta con grandes retos que se reflejan en esta publicación: la independencia del Poder Judicial sigue siendo deficiente, al igual que las regulaciones en los campos comercial y laboral. En este último punto se encuentra uno de los principales retos de El Salvador, si desea que los beneficios de una economía libre lleguen a todos los sectores de la población. El país se ubica en la posición 75 en el último informe Haciendo Negocios publicado por el Banco Mundial, el cual mide la calidad de las regulaciones en 175 países. En particular, El Salvador recibe muy bajas calificaciones en la facilidad de abrir un negocio, el cumplimiento de contratos y la protección a los inversionistas.

Altos costos de entrada en la economía se reflejan en un sector informal que sobrepasa el 40 por ciento de la población. Si bien los avances en estos 15 años han sido muy importantes —especialmente si se les compara con otras naciones en la región— resulta imperativo que las autoridades salvadoreñas le presten la atención debida a este problema y reduzcan los costos de hacer negocios en su país.

Este artículo apareció en el Diario de Hoy (El Salvador) el 30 de septiembre de 2007.