18 de diciembre de 2012

El Salvador: La deuda pública

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por Manuel Hinds

Manuel Hinds es ex Ministro de Finanzas de El Salvador y co-autor de Money, Markets and Sovereignty (Yale University Press, 2009).

Desde hace años, el presidente del Banco Central de Reserva (BCR) ha sido, con plena razón, un crítico constante de la irresponsabilidad fiscal de este gobierno. En su última intervención, la semana pasada, dijo que "ahora ya estamos con el agua a la nariz, ni siquiera al cuello… Entonces, o bajamos el nivel del agua o nos vamos a ahogar". Añadió que el problema se ha ido generando desde hace treinta años por la acumulación de déficits fiscales. "Llevamos 30 años de déficit fiscal y deuda ininterrumpida, 30 años de gastar más de lo que ingresa al fisco y sin hacer los ajustes necesarios. Ahora la bola de nieve es increíblemente grande".

Lo que el presidente del BCR dice es casi apocalíptico. ¿Será que tiene razón? ¿Será que la situación fiscal es realmente insostenible y, como una bola de nieve, no puede evitarse que siga creciendo? ¿Será cierto que el problema se ha venido forjando por los últimos 30 años?

El presidente del BCR está en lo correcto en su preocupación por el peso de la deuda, y en la relación que hace entre déficits fiscales y deuda. Pero hay cuatro problemas con sus declaraciones. Primero, su alusión a los treinta años de acumulación de déficits y deuda suena como un eco de la perpetua excusa del Presidente de la República, quien traza la culpa cualquier problema a los "veinte años de ARENA". Segundo, para sustentar su aseveración de que el problema tiene treinta años de viejo ha basado su razonamiento en una identificación errónea de lo que es importante para la sostenibilidad de la deuda (lo importante no es el tamaño de la deuda medido en dólares sino su relación con el Producto Interno Bruto, PIB), y ha ignorado los efectos de la falta de crecimiento de la economía, como si este crecimiento fuera algo que no importara.

Ambos errores están relacionados. El primero es obvio. Usted no puede saber si la deuda de un país es excesiva o no con sólo que le digan cuánto debe ese país. Así, por ejemplo, asuma que un país debe 2.300 millones de dólares. ¿Es esta deuda excesiva o no? No puede saberlo. Si yo le digo que el PIB de esa economía es 4.800 millones de dólares, la deuda sería bastante alta, ya que representaría el 48 por ciento del PIB. Pero si yo le digo que el PIB es de 23.054 millones, la deuda es bien baja, ya que representaría apenas el diez por ciento del PIB. Esta comparación ayuda a mostrar el segundo punto, el papel del crecimiento en el peso de la deuda, ya que las primeras cifras eran la deuda y el PIB de El Salvador en 1999, y la segunda lo que ella representaba del PIB en 2011. Note que aun si esta deuda se hubiera duplicado como resultado de déficits continuos, ahora sería sólo el 20 por ciento del PIB. Es decir, el peso de la deuda puede disminuir aunque la deuda aumente, siempre que la economía crezca más rápido que la deuda (es decir, que la tasa de crecimiento de la economía sea más alta que el déficit fiscal).

Como se ve claramente en la gráfica adjunta, los gobiernos de ARENA redujeron el peso de la deuda del gobierno central de 45 a 25 por ciento del PIB de 1991 a 1999, porque aunque la deuda en términos de dólares subió durante ese período, creció menos que lo que creció la economía. Como se ve en la gráfica, el peso de la deuda (el porcentaje de deuda a PIB) era peor en 1991 que lo que es ahora, y aun así la crisis se resolvió satisfactoriamente, en parte porque el gasto del gobierno se racionalizó y en parte muy importante porque la economía creció. La bola de nieve se está haciendo bola de nieve no porque el gobierno tenga déficits, sino porque éstos son muy grandes y porque las políticas de este gobierno están deteniendo el crecimiento.

El tercer problema en las declaraciones del presidente del BCR es una omisión. Él no tocó la importancia del uso que el gobierno da a la deuda adquirida y el impacto que dicho uso puede tener en la formación de una bola de nieve. En la gráfica se advierte que además del período en el que el peso de la deuda bajó sustancialmente durante los noventas, hay dos períodos en los que este peso subió. El primer aumento de la deuda, de 2001 a 2003, sirvió para financiar la reconstrucción del país después de los terremotos de 2001 y para ampliar la red vial del país, entre otras cosas. Estas actividades tuvieron un impacto positivo en la tasa de crecimiento del país. El segundo período de crecimiento del peso de la deuda coincide con este gobierno y no ha servido para nada. La inversión pública está peor que nunca, la población sólo ha visto la compleción de una carretera (la Diego de Holguín) que necesitaba sólo un par de kilómetros para terminarse. Con la deuda subiendo, no hay medicinas en los hospitales, la educación sigue en malas condiciones, las calles están llenas de hoyos, las instalaciones del aeropuerto están colapsando. Es decir, el dinero se ha desperdiciado. Este es un problema tan o más serio que el aumento mismo de la deuda. El crecimiento futuro se verá negativamente afectado porque la economía tendrá que pagar una fuerte deuda para pagar los gastos suntuarios y los gastos de redes clientelistas que es en lo que este gobierno ha ocupado el dinero que ha tomado prestado.

Finalmente, la solución no es un apocalipsis. Es simplemente restaurar la disciplina fiscal con políticas competentes y funcionarios que tengan el valor de decirle al presidente que no puede seguir dilapidando los recursos actuales y futuros del país en una vana ostentación de poder, y dejar de amenazar a los inversionistas para que éstos puedan realizar su labor como la realizan en otros países. Eso es lo importante para enderezar al país de la crisis que el presidente del BCR ve venir. Se hizo en los noventas. Se puede hacer ahora. Sólo se necesita responsabilidad en el manejo de las finanzas del Estado.

Este artículo fue publicado originalmente en El Diario de Hoy (El Salvador) el 16 de diciembre de 2012.