20 de julio de 2006

El modelo "bolivariano" de Bolivia es africano

Printer-friendly versionSend to friend

por Porfirio Cristaldo Ayala

Porfirio Cristaldo Ayala es corresponsal de AIPE y presidente del Foro Libertario.

Ninguno de los baluartes del estatismo sudamericano había hasta ahora imitado el modelo que mejor se adecua a sus principios: el modelo de Zimbabwe. Bolivia lo está haciendo, a la manera del socialismo del siglo XXI. Evo Morales no es una copia de Robert Mugabe, presidente de Zimbabwe, pero tienen ideologías similares: ambos odian la libertad individual, la propiedad privada y el capitalismo. Ambos defienden reivindicaciones raciales y se creen nacionalistas, agraristas y patriotas.

Zimbabwe, antes llamada Rhodesia del Sur, fue un éxito y se pensaba que sería una de las pocas naciones africanas próximas a salir del ancestral atraso. Las reformas instrumentadas mejoraron la educación, disminuyeron la criminalidad, modernizaron la infraestructura, diversificaron la producción e impulsaron un alto crecimiento económico. La fuente de su desarrollo era la agricultura empresarial de unas 4.500 haciendas de productores de raza blanca, detestados por Mugabe. Similares sentimientos son compartidos por Morales en Bolivia.

Mugabe, ex guerrillero marxista, fue elegido primer ministro en 1980 y cambió la constitución en 1987 para convertirse en presidente, cargo que todavía desempeña. En 2000, Mugabe relegó las reformas e inició una serie de políticas estatistas y nacionalistas que llevaron a su país a un colapso económico vertiginoso y devastador. La inversión desapareció y 50 años de progreso se derrumbaron en 5 años. La expectativa de vida cayó de 56 años en 1993, a 30 años en 2005. Entre las políticas causantes de la debacle, la más nociva fue el atropello a los derechos de propiedad que originó la reforma agraria, parecida a la que pretende impulsar Morales.

El presidente Mugabe, al igual que Morales, Chávez y Castro, desprecia intensamente la propiedad, sin comprender que se trata de una institución esencial para el bienestar de los pueblos. A fines de 1990, Mugabe decidió que Zimbabwe requería una “profunda” reforma agraria para hacer justicia a los campesinos, modernizar la agricultura y mejorar su productividad. Más de 800 mil campesinos sin tierra de raza negra vivían en campos comunales desgastados con cultivos de supervivencia, en tanto los agricultores blancos prosperaban con el cultivo masivo de tabaco, maíz y algodón.

En Zimbabwe confiscaron miles de propiedades agrícolas de empresarios blancos, causando el desplome de la producción agrícola y la destrucción de numerosos empleos. Los propietarios no fueron indemnizados como exige la ley porque para Mugabe las tierras habían sido “robadas” a los campesinos negros en tiempos de la colonia. Pero las tierras no fueron repartidas a los campesinos, sino a los partidarios políticos de Mugabe. Los títulos de propiedad se declararon nulos y desapareció el crédito agrícola.

Mugabe, enemigo acérrimo del “neoliberalismo”, aplicó todas las políticas estatistas que encontró. Para financiar un gasto público deficitario, dispuso la impresión de billetes, disparando una hiperinflación de más de 600%. Los precios subieron a las nubes y el gobierno procedió a fijar precios máximos para todos los bienes, incluyendo pañales desechables, originando una terrible escasez. Fijó el tipo de cambio a Z$ 55 por dólar, aunque el valor de mercado es de Z$ 150.000 por dólar. Confiscó alimentos. La economía se paralizó. El desempleo alcanzó 80% y más de 2 millones de ciudadanos desesperados han emigrado.

La importancia fundamental de contar con sólidos derechos de propiedad en todos los sectores se evidencia en el hecho que, si bien la agricultura solo representaba 18% de la economía de Zimbabwe, su ruina causó el derrumbe de toda la economía. La inseguridad jurídica creada por la violencia y las confiscaciones de la reforma agraria se extendió al comercio, la industria, los servicios y la inversión, paralizando la economía y generalizando la miseria.

Las políticas nacionalistas y racistas de Evo Morales, como la nacionalización de hidrocarburos y servicios públicos, la reforma agraria, la violación de la propiedad, el irrespeto de contratos firmados con empresas multinacionales y la persecución a los ricos blancos conducen ineludiblemente a la ruina y la miseria extrema, como nos ha demostrado la historia reciente de Zimbabwe. En Bolivia, el colapso tardará un poco más, debido al aumento de los ingresos fiscales tras la confiscación del gas, pero el camino trazado por Morales conduce inexorablemente al tipo de miseria sufrida por los cubanos desde hace más de cuatro décadas.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
© Todos los derechos reservados. Para mayor información dirigirse a: AIPEnet