El impulso suicida de la comunidad empresarial

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El impulso suicida de la comunidad empresarial

21 de Noviembre de 2012
Axel Kaiser es Director Ejecutivo de la Fundación Para el Progreso (Chile) y miembro de Young Voices (Berlín, Alemania).

Este sería el provocador título que Milton Friedman daría a una columna publicada en 1999. En ella, el Nobel de Economía se preguntaría, al borde de la irritación, cómo era posible que la comunidad empresarial estadounidense financiara a aquellos cuyo objetivo era destruir los fundamentos del sistema que había dado origen a su prosperidad: el libre mercado.

La observación de Friedman es de la mayor relevancia en el mundo actual y su análisis, como de costumbre, no deja de remecer. Pues, sin duda, este influyente profesor de la Universidad de Chicago tenía razón al advertir que los empresarios, cuando se trata de pensar en torno al futuro de su negocio, usualmente muestran una madura y responsable mirada de largo plazo, pero tan pronto se inmiscuyen en asuntos públicos, tienden a ser extremadamente cortoplacistas.

Según un estudio citado por Friedman en el mismo artículo, por cada un dólar que la comunidad empresarial de EE.UU. destinaba a apoyar a grupos partidarios del libre mercado, tres dólares eran destinados por la misma a financiar grupos de izquierda. Es muy probable que si un estudio similar se hiciera en América Latina los resultados arrojarían cifras aún más alarmantes. No son pocos los empresarios en nuestra región que financian a ONGs, intelectuales, think tanks, académicos, políticos y todo tipo de grupos, cuyo trabajo consiste en minar los pilares de nuestra libertad y prosperidad.

Esta contradicción entre la sana búsqueda del propio interés en la empresa y la promoción de todo lo contrario en la esfera pública llevó a Friedman a afirmar que la comunidad empresarial tiende a la "esquizofrenia". Y es que las fuerzas que ponen en marcha estos empresarios suelen definir el clima de opinión intelectual en favor del estatismo, el mismo que una vez desatado se convierte en su principal enemigo. Este proceso de transformación intelectual es para la mayoría imperceptible por su gradualismo, pero tiene el potencial de arruinar completamente a una sociedad de personas libres.

El punto de no retorno en esta evolución es aquel en que, en palabras de Isaiah Berlin, "las ideas han adquirido un incontrolable impulso y un poder irresistible sobre las multitudes que es demasiado violento como para ser afectado por la crítica racional". Cuando eso ocurre, la ideología ha desterrado el diálogo racional como mecanismo de resolución de diferencias reemplazando la civilización por la barbarie.

La pregunta obvia en este análisis es por qué tantos empresarios financian, a veces incluso con entusiasmo, las fuerzas intelectuales que habrán de destruir la fuente de nuestra libertad y de su propio éxito. Friedman dice no tener una respuesta satisfactoria, pero sugiere una sobre la cual podemos elaborar: muchos empresarios son ellos mismos víctimas del clima intelectual de izquierda que han contribuido a crear.

Cohabita en estos hombres y mujeres una negligente ausencia de entendimiento sobre lo que está realmente en juego con una permanente inclinación por el camino fácil: acomodarse a la opinión dominante para de esa forma no asumir el costo que implica hacer lo correcto y defender las ideas correctas. De este modo, por no asumir un costo en el corto plazo, llegan a arriesgar perder mucho más en el largo plazo. Sobre esto la historia está plagada de ejemplos. Para evitar repetirlos es que Friedman convoca a la acción recordando al lector que está en su interés "cambiar el patrón de conducta del empresariado para deshacerse de lo que claramente es un impulso suicida".

Mejor tomamos en serio el consejo de Friedman y cada uno de nosotros hace un esfuerzo por advertir e informar a quienes sabemos o sospechamos caen en tan fatal error sobre los efectos de sus acciones. Pues como bien afirmó Ludwig von Mises reflexionando en torno al avance del socialismo, nadie queda libre de las consecuencias cuando la sociedad, siguiendo a los profetas e ideas equivocadas, avanza por el camino de la destrucción.

Este artículo fue publicado originalmente en El Mercurio (Chile) el 20 de noviembre de 2012.