El futuro de China: ¿Socialismo de mercado o Taoísmo de mercado?

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El futuro de China: ¿Socialismo de mercado o Taoísmo de mercado?

14 de Marzo de 2003
James A. Dorn es Vice-presidente para Estudios Monetarios y Académico Distinguido del Cato Institute. Dorn también es editor del Cato Journal.

Este ensayo fue publicado originalmente en el Cato Journal Vol. 18, N° 1 (primavera/verano 1998). También puede leer este documento en formato PDF aquí.


La Impresionante Ilusión de China

La meta de China de construir una "economía socialista de mercado" es una ilusión impresionante. El mercado y sus instituciones de apoyo, principalmente la propiedad privada y el Estado de Derecho, no pueden ser concebidos en el socialismo. Los mercados se basan en el intercambio voluntario; el socialismo destruye la naturaleza espontánea de los mercados y sustituye la libertad individual por el control gubernamental. El socialismo de mercado, aún con las "características chinas," es un sistema artificial el cual, como el experimento yugoslavo con la administración de los trabajadores, está destinado a fallar.

Sin una propiedad privada difundida, las decisiones económicas—especialmente las decisiones de inversión—continuarán siendo decisiones políticas y estarán sujetas a la influencia corruptible del poder gubernamental. El reciente caos en los mercados monetarios del este asiático sirve de ejemplo de la naturaleza destructiva de la política de desarrollo guiada por el Estado y empeorada por el "capitalismo de compinches." Los bancos manejados por el Estado en Corea del Sur, por ejemplo, basaron su prácticas prestatarias más en factores políticos que en criterios económicos sólidos (Yoon 1998). Los préstamos preferenciales a los grandes conglomerados coreanos, los chaebol, a tasas de interés por debajo de las del mercado, pudieron haber mantenido las relaciones encubiertas entre los líderes empresariales, banqueros y políticos, pero también sentaron las bases para un ciclo empresarial de expansión y contracción. Crear conglomerados al estilo coreano en China sería un error costoso. Permitir que las fuerzas naturales del mercado deshierben a las empresas ineficientes sería un paso en la dirección correcta.[1]

Las empresas estatales chinas (EEs) y los bancos no necesitan reformas parciales; necesitan divorciarse del Estado y ser expuestas a la totalidad de las fuerzas competitivas del mercado. Recurrir a la medida parcial del socialismo de mercado únicamente prolongará los costos de la transición hacia un verdadero sistema de mercado y continuará politizando la vida económica. Lo que China necesita son "mercados libres privados," no mercados socialistas regulados (Friedman 1990: 5). La privatización de las EEs daría paso a dueños verdaderos que serían responsables por el desempeño de sus empresas y tendrían un incentivo para maximizar las ganancias al contratar a administradores eficientes y producir lo que los consumidores quieren.

La ausencia de restricciones presupuestarias para las EEs significa que la bancarrota es una amenaza hueca para la mayoría de las 305.000 empresas estatales. Y la ausencia de dicha amenaza significa que las EEs tienen pocos incentivos para cambiar sus mecanismos ineficientes. Como resultado, el 50% de las 118.000 empresas industriales estatales de China reportaron pérdidas netas en 1996 (Banco Mundial 1997: 28).[2]

Aunque las autoridades chinas han estado dispuestas a vender EEs pequeñas, no han abrazado la idea de una privatización a gran escala, por razones políticas obvias. Vender todas las EEs aliviaría el dolor de cabeza masivo de China causado por el drenaje en el presupuesto estatal que implica subsidiar a las EEs, pero también hace peligrar la autoridad del Partido Comunista chino. Siendo el socialismo la ideología dominante en China, yace ahí un serio obstáculo para promover el componente de mercado en el socialismo de mercado. Convertir a las EEs en corporaciones "públicas," con el Estado manteniendo un interés controlador y restringiendo la comerciabilidad de las acciones, podría resultar tentador a primera vista, pero una inspección más cercana revelaría que nunca se puede replicar a los mercados reales. Tal y como lo señaló hace 30 años el economista G. Warren Nutter (1968: 144) cuando examinó el caso teórico a favor del socialismo de mercado, "Los mercados sin derechos de propiedad divisibles y transferibles son pura ilusión. No puede haber un comportamiento competitivo, real o simulado, sin poder y responsabilidad dispersos." Es por eso que él llamó a la idea del socialismo de mercado "una ilusión impresionante."[3]

Con el fin de "revitalizar" a las EEs, China ha empezado a establecer grandes compañías estatales de carteras de valores, llamadas "compañías estatales de operación de activos," las cuales se supone que sustituyan a los verdaderos mercados de capital (Walker 1997: 6). En este escenario, el Estado mantiene la posesión mayoritaria, restringe la transferencia de "acciones," y limita el proceso de reestructuración a lo que es aceptable políticamente. Por lo tanto, la política, no el mercado, es lo que predomina. Este enfoque a la reforma de la EE es parecido al experimento con la perestroika en la antigua Unión Soviética: es una seudo-reforma que intenta cubrir a las EEs en un atuendo de mercado pero que nunca cambia verdaderamente la estructura de propiedad subyacente de la estatal a la privada. Comentando en el esfuerzo soviético de revitalizar las empresas estatales, Alexander Tsypko (1991: 289) escribió,

Nos tardamos cinco años perdidos de perestroika para entender que, esencialmente, la revitalización del socialismo estalinista es imposible; no existe una tercera vía entre la civilización moderna y el socialismo tal y como es. No puede combinarse al mercado con...
la propiedad pública de los medio de producción. Un regreso a los mercados es imposible... sin una privatización a gran escala.

La misma crítica aplica al experimento de China con el socialismo de mercado.

Las empresas estatales de China no pueden ser revitalizadas; las mismas tienen una enfermedad terminal que se está comiendo el escaso capital de China. En 1996, por primera vez desde 1949, las empresas estatales como un todo sufrieron una pérdida neta-"el Estado no recibió ningún beneficio de la inversión masiva en EEs" (EAAU 1997: 10). Las EEs absorben más del 50% de los fondos de inversión del Estado, empleando al 66% de la fuerza laboral urbana y produciendo menos del 30% de la producción total (EAAU 1997: 338). Los líderes chinos deberían tener el valor de ir más allá de la política de "mantener el control de las grandes empresas y dejar ir a las pequeñas" (zhua da fang xiao). Todas las EEs deberían ser candidatas para la privatización.[4] Hacer de las grandes EEs los "pilares" de la economía nacional al "corporativizarlas," con el gobierno manteniendo todas o la mayoría de las acciones es una receta para el desastre. Eso sería socialismo de mercado en picada.[5]


Del Socialismo de Mercado al Taoísmo de Mercado

China no necesita ser confinada a la celda ideológica del socialismo de mercado por el temor a copiar las tradiciones occidentales del liberalismo de mercado. El procedimiento del mercado es universal. La economía de mercado es, como la ha descrito muy elegantemente Václav Havel (1992: 62) "la única economía natural, la única forma que tiene sentido, la única que puede conducir a la prosperidad, porque es la única que refleja la naturaleza de la vida misma." Desde 1978, la liberalización ha incrementado sustancialmente el nivel de vida de millones de chinos, y una encuesta reciente mostró que muchos chinos creen ahora que la propiedad privada es sagrada.[6] Hoy en día, 22 millones de empresarios en China son miembros de la Asociación Nacional de Empresarios Privados (Pei 1997: 4).

El clima es favorable para una mayor liberalización de los mercados chinos. En el 15° Congreso del Partido Comunista, en septiembre de 1997, el presidente Jiang Zemin se mantuvo firme en su respaldo a las reformas económicas introducidas por Deng Xiaoping y favoreció la idea de convertir a las EEs en empresas mixtas. Ante el Congreso Nacional del Pueblo, en marzo de 1998, el primer ministro Li Peng declaró que "las incompatibilidades de las instituciones del gobierno para el desarrollo de una economía socialista de mercado se han hecho cada vez más notorias" (citado en Mufson 1998: A1). El nuevo primer ministro chino, Zhu Rongji, un economista pragmático, necesita reconocer que la única manera de eliminar dichas incompatibilidades es mediante la eliminación del socialismo y el avance hacia una sociedad libre con un gobierno limitado, Estado de Derecho, y propiedad privada. El anuncio en el CNP que el tamaño del servicio civil de China será recortado en un 50% y que al menos 11 ministerios serán abolidos o racionalizados es una indicación de que China podría estar lista para moverse en esa dirección (Kynge 1998, Mufson 1998). Sin embargo, mientras China se confine a sí misma a crear una economía socialista de mercado y restrinja las libertades económicas, el destino de la economía de mercado en el país será poco claro.

Al considerar sus próximos pasos, los líderes chinos deberían buscar en su propia y antigua cultura y redescubrir el principio del orden espontáneo, el principio central de un verdadero sistema de mercado.[7] En el Tao Te Ching (también conocido como Lao Tzu), escrito más de dos mil años antes que La Riqueza de las Naciones, Lao Tzu aconsejó al sabio (gobernante) adoptar el principio de no-interferencia como el mejor camino para asegurar la felicidad y la prosperidad.

Administra el imperio no participando en ninguna actividad.
Entre más tabúes y prohibiciones haya en el mundo,
Más pobre será la gente.
Entre más prominentes sean las leyes y las órdenes,
Más ladrones habrá.
Entonces, el sabio [gobernante] dice:
Yo no tomo ninguna acción y la gente por sí misma se transforma.
Yo no me involucro en ninguna actividad y la gente por sí misma se hace próspera. [Lao Tzu, 57; Chan 1963: 166-67]

Desde una perspectiva de opción pública, el pasaje anterior implica que cuanto más intervenga el Estado en la vida diaria, más rent seeking (captura de renta por grupos organizados) y más corrupción habrá. Por otra parte, si a la gente se le deja buscar su propia felicidad, un orden espontáneo del mercado emergerá y les permitirá crear prosperidad para sí mismos y para su país. Como Lao Tzu, los líderes de la China actual deberían darse cuenta de que la corrupción no surge de la libertad, sino de los constreñimientos a la libertad. Como el Nóbel en Economía Gary Becker (1996: 75) lo ha dicho: "Los mercados crecen espontáneamente, no son organizados por los gobiernos, crecen por sí mismos. Si a los individuos se les da libertad, ellos pueden ayudar a organizar los mercados para fines productivos que ni siquiera podemos imaginar."

Tal y como el principio de orden espontáneo es central para el liberalismo económico, el principio de wu wei (no-acción) es fundamental para el taoísmo. Los gobernantes gobiernan mejor mientras menos gobiernan, esto es, cuando no toman "ninguna acción diferente a lo natural"[8]. Cuando el gobierno es limitado, puede ayudar a cultivar un ambiente en el que los individuos buscan la felicidad y practican la virtud (te). Por eso, Lao Tzu escribe: "Ninguna acción se toma, y aún así nada deja de hacerse. Un imperio se conduce al orden frecuentemente al no realizar ninguna actividad" (Lao Tzu, 48; Chan 1963: 162).

Como el agua, el mercado es elástico y buscará su curso natural—un curso que puede ser fluido, mientras más ancho sea el camino que se puede tomar y mientras más firmes sean los diques institucionales que lo contienen. El reto para China es ampliar el libre mercado y proveer la infraestructura institucional necesaria para sostener mercados privados. La solución es descartar al socialismo de mercado y hacer la transición hacia el "Taoísmo de mercado." O, como señaló recientemente Gao Shangquan, viceministro de la Comisión Estatal para Reestructurar la Economía (en Chang 1997: 15), el reto es lanzar a las EEs "al mar de la economía de mercado."


Rompiendo con la Mentalidad de Planificación

El colapso de la Unión Soviética y el fracaso de la planificación centralizada ha acabado con el debate sobre si la planificación es superior al mercado. Como lo indicó recientemente Liu Ji (1997), vicepresidente de la Academia China de Ciencias Sociales, "Las únicas personas en China que todavía se apegan a la idea de la planificación centralizada son marxistas dogmáticos fosilizados." Aún así, la mentalidad de planificación es difícil de romper—tanto en Oriente como en Occidente. Resulta muy tentador para los "mejores y más inteligentes" el imaginarse que ellos pueden mejorar la labor de la "mano invisible" del mercado. Pero los mercados libres no pueden ser planificados; éstos emergen espontáneamente conforme cambian las preferencias de los consumidores y la tecnología, y requieren de derechos de propiedad privada bien definidos y de la libertad de contrato.

La incompatibilidad de la planificación gubernamental y de las fuerzas del mercado amenaza el futuro de China. El vigor del sector no-estatal, el cual es el responsable de más del 70% del valor de la producción industrial, está impulsando a la República Popular al siglo XXI, pero el fosilizado sector estatal—manejado por planificadores estatales—actúa como una carga para el desarrollo. La "estrategia de desarrollo orientada hacia la industria pesada," la cual es una reminiscencia de los días de la planificación central estilo soviética, todavía se encuentra arraigada en la conciencia colectiva de la clase gobernante de China (Lin et al. 1996: 218). Sin mercados de capitales libres y propiedad privada difundida, las decisiones de inversión necesariamente se convierten en decisiones políticas. La corrupción y el rent seeking continuarán en China hasta el tanto las decisiones económicas sean tomadas por el gobierno y no por los mercados. Cuando el gobierno mantiene las tasas de interés a niveles artificialmente bajos, la política—no los precios—determina quién obtiene el escaso capital. La gente se vuelve más dependiente del gobierno y pierde su previsión y libertad. Además, un control conduce al otro, de tal manera que cuando un gobierno se aleja de los principios del libre mercado, tiende a ir más y más hacia el "camino de servidumbre." (Hayek 1944; Mises 1980, 1998).

La reforma a medias genera tensiones: la rigidez del viejo sistema planificador contrasta con la elasticidad del mercado. En China, las viejas instituciones les están dando paso a nuevas, pero no tan rápidamente como para eliminar la "incompatibilidad institucional." Como lo señala Lin (1996: 226),

El desempeño general del enfoque gradual de China hacia la transición es extraordinario, sin embargo, China ha pagado un precio. Ya que la reforma del ambiente macro-político, especialmente la política de tasas de interés, se ha rezagado con respecto a las reformas de la micro-administración institucional y los mecanismos de asignación de recursos, los ajustes institucionales en el sistema económico se han vuelto inconsistentes internamente. Como resultado de la incompatibilidad institucional, el rent seeking, la precisa por invertir y la inflación se han internalizado en el proceso de transición. Para mitigar estos problemas, el gobierno usualmente recurre a medidas administrativas tradicionales que detienen el crecimiento dinámico de la economía y retardan el desarrollo institucional.[9]

Si China desea continuar su rápido crecimiento económico en el próximo siglo y acabar con la corrupción, debe esforzarse por alcanzar instituciones que sean consistentes con los principios del libre mercado y el Estado de Derecho. Es por eso que Lin et al. (1996: 226) sostiene que "Es esencial para el crecimiento continuo de la economía china establecer un sistema legal transparente que proteja los derechos de propiedad de tal manera que promueva innovaciones, progreso tecnológico, así como las inversiones domésticas y extranjeras en China."

El sistema soviético fracasó porque despreciaba la realidad—es decir, la realidad de que el camino del mercado, no del plan, es más consistente con la naturaleza humana y, por lo tanto, con los derechos individuales a la vida, la libertad y la propiedad. La planificación al estilo soviético destruyó las instituciones de la propiedad y el contrato que sostienen al libre mercado privado y crearon un sistema económico rígido que finalmente colapsó por su propio peso. Lo que los ciudadanos soviéticos atestiguaron durante la perestroika y el glasnost no fue "la revitalización orgánica del socialismo sino la desaparición fulminante de las estructuras económicas y políticas impuestas" (Tsypko 1991: 290). Hoy en día, China también está atestiguando la "desaparición fulminante" de la economía controlada por el Estado, pero sus "estructuras políticas" aún aguardan reformas fundamentales.

En el análisis final, la reforma política y económica son inseparables. Para despolitizar la vida económica, China necesita cambios constitucionales y una nueva manera de pensar (xin si wei). El académico chino Jixuan Hu (1991: 44) escribe, "Al establecer un grupo mínimo de limitantes y permitirle a la creatividad humana trabajar libremente, podemos crear una mejor sociedad sin tener que diseñarla en detalle. Esta no es una idea nueva, es la idea del derecho, la idea de la constitución." Sin embargo, aceptar dicha idea significa entender y aceptar la noción del orden espontáneo y del principio de la no-intervención (wu wei) como bases para la vida económica, social y política.

Los líderes y la gente de China pueden volver a los escritos de Lao Tzu para buscar guía. De acuerdo con lo señalado por el filósofo chino Wing-Tsit Chan (1963: 137), el Lao Tzu

se opone fuertemente al gobierno opresor. La filosofía del Lao Tzu no es para el ermitaño, sino para el gobernante sabio, quien no abandona al mundo sino que lo gobierna con la no-intervención. El Taoísmo no es, entonces, una filosofía de abandono. El hombre debe seguir a la Naturaleza, pero al hacerlo él no es eliminado; en su lugar, su naturaleza es satisfecha.

Es en este sentido que LaoTzu escribe,

Cuando el gobierno no discrimina y es monótono,
La gente está contenta y generosa.
Cuando el gobierno es profundo y discriminador,
La gente se decepciona y es contenciosa. [Lao Tzu, 58; Chan 1963: 167]

"El Pensamiento de Lao Tzu", no "el Pensamiento de Mao Zedong" es el faro para el futuro de China como nación libre y próspera. Deng Xiaoping (1987: 189) reconoció implícitamente la manera de pensar de Lao Tzu cuando dijo,

Nuestro principal éxito—y es uno que bajo ninguna circunstancia habíamos anticipado—ha sido la aparición de un gran número de empresas manejadas por villas y pueblos. Son como una nueva fuerza recién concebida espontáneamente... Si el Comité Central hizo alguna contribución al respecto, fue únicamente al sentar la política correcta de tonificar la economía doméstica. El hecho de que esta política haya tenido resultados tan favorables demuestra que tomamos una buena decisión. Pero este resultado no es nada que yo o alguno de los otros camaradas hayamos previsto; simplemente vino de la nada.[10]

Aunque China puede regresar a su visión propia de la libertad al abrazar y extender el pensamiento de Lao Tzu, la idea del "Taoísmo de mercado" puede ser realzada mediante un entendimiento más profundo del pensamiento económico liberal clásico y el estudio de las instituciones del libre mercado y la opción pública. Por lo tanto, al romper esta mentalidad, China puede aprender tanto de su propia cultura como de la Occidental.


El Tao de Adam Smith

En 1776, Adam Smith argumentaba que "si todos los sistemas, tanto de preferencia como de restricción," fuesen "completamente abandonados," un "sistema simple de libertad natural" evolucionaría "por sí mismo." Entonces cada individuo sería "dejado completamente en libertad para buscar su propio interés a su manera y para colocar tanto su industria como su capital en competencia con aquellos de los otros hombres, o grupos de hombres," en tanto que "no violase las leyes de la justicia" (Smith [1776] 1937: 651).

En el sistema de libertad natural de Smith, el gobierno no tendría la obligación de supervisar "la industria de las personas privadas, y de dirigirla hacia los empleos más compatibles con el interés de la sociedad"—una obligación—"para cuyo desempeño adecuado ninguna sabiduría o conocimiento humano sería suficiente" (Smith 1937: 651).

El gobierno no desaparecería en el esquema de mercado liberal de Smith, pero sería estrechamente limitado a tres grandes funciones: 1) "el deber de proteger a la sociedad de la violencia y de la invasión de otras sociedades independientes"; 2) "el deber de proteger, hasta donde sea posible, a todo miembro de la sociedad de la injusticia y de la opresión por parte de cualquier otro miembro de ella"; y 3) "el deber de construir y mantener ciertas obras públicas y ciertas instituciones públicas" (Smith 1937: 651).

En el sistema privado de libre mercado ideado por Smith, las personas se hacen ricas al servir a los demás. Así, el sistema de libertad natural tiene tanto un fundamento moral como resultados prácticos. La propiedad privada y los mercados libres hacen a las personas responsables y sensibles. Al dar a los individuos la libertad para descubrir su ventaja comparativa y para comerciar, el liberalismo de mercado ha producido gran riqueza donde quiera que se ha intentado. No hay mejor ejemplo que Hong Kong.

El principal arquitecto del milagro económico de Hong Kong fue Sir John Cowperthwaite, un escocés admirador del trabajo de Adam Smith y de otros liberales clásicos. Como secretario financiero de Hong Kong de 1961 a 1971, se opuso constantemente a los intentos de incrementar el poder y el alcance del gobierno en Hong Kong. Como Smith, él creía que los mercados privados libres mantendrían a la gente alerta a nuevas oportunidades al penalizar rápidamente los errores y recompensar los éxitos en el uso de los recursos escasos de la sociedad. Sir John entendió que ningún sistema es perfecto, pero que de todos los sistemas económicos, el sistema de precios de mercado, con su sistema automático de retroalimentación, ha sido el de mejor desempeño:

En el largo plazo, el agregado de decisiones individuales de los hombres de negocios, ejerciendo su juicio individual en una economía libre, aún si fallasen frecuentemente, es menos susceptible a hacer daño que las decisiones centralizadas de un gobierno, y ciertamente puede esperarse que el daño sea contrarrestado más rápidamente [citado en Nancy DeWolf Smith 1997: A14].

La idea de que las personas tienen una tendencia natural a prosperar por sí mismas si se les deja trabajar por sus propios intereses, y la noción de que un sistema de laissez faire será armonioso si el gobierno salvaguarda a las personas y a la propiedad, son el fundamento de la visión Occidental de un orden liberal de mercado, pero también son inherentes a la antigua visión Taoísta china de un orden autorregulador—un orden que podemos llamar con propiedad "Taoísmo de mercado" (Dorn 1997).


El sistema Taoísta de libertad natural, como el de Smith, es moral tanto como práctico. Moral porque está basado en la virtud y práctico porque conduce a la prosperidad. El reto chino consiste en descartar al socialismo de mercado e implantar el Taoísmo de mercado al reducir el tamaño del Estado y expandir la dimensión del mercado—y, en el proceso, dar una nueva vida a la sociedad civil china.


El Taoísmo de Mercado y la Sociedad Civil China

La transición de China iniciada en 1978 de la planificación central a una economía orientada hacia el mercado ha sido accidentada, pero el país está avanzando. La liberalización del mercado ha abierto a China al mundo exterior, ha incrementado las oportunidades en los sectores no estatales, ha generado nuevas ideas y energizado a la sociedad civil. El hecho de que la sociedad civil china se haya beneficiado del fin de la agricultura comunal, la expansión del comercio exterior y el incremento de la competencia no debe sorprender. Mientras más actividad económica ocurra por fuera del sector estatal, más libertad tendrán los individuos para buscar su propia felicidad y hacerse cargo de sus vidas. La demanda de libertad económica no puede separarse por mucho tiempo de la demanda de otras libertades.

El mercado y las instituciones que lo sostienen siguen reglas tanto formales como informales. Las reglas informales de conducta que están detrás del libre mercado, sin embargo, son completamente diferentes de las reglas de conducta orientadas hacia la obediencia bajo la planificación central. Zhang Shuguang (1996: 5), un economista en el Unirule Institute en Beijing, uno de los primeros centros de estudios de políticas públicas privados de China, escribe,

La economía obligatoria y la economía de mercado pertenecen a ideologías totalmente diferentes y a éticas diferentes... La economía planificada está basada en una idea de una sociedad ideal y en la hermosa imaginación, pero la implementación obligatoria ha sido la única manera en que puede ser alcanzada. En dicho sistema, [el] individuo no es más que un tornillo en una máquina, el cual es el Estado, y pierde toda su originalidad y creatividad. La ética básica que se requiere en tal sistema es la obediencia. En el sistema de mercado, el cual es el resultado del desarrollo continuo del intercambio en términos iguales y de la división del trabajo, la lógica fundamental es la libre escogencia y la igualdad de condiciones de los individuos. La ética correspondiente en [el] sistema de mercado es el respeto mutuo, el beneficio mutuo, y el crédito mutuo.

Entender esas diferencias es el primer paso en la larga marcha de China hacia el "Taoísmo de mercado."

Aunque China todavía tiene que aceptar el Estado de Derecho, un sistema legal está emergiendo y los derechos de propiedad comienzan a ser respetados. Códigos informales de conducta comercial comienzan a ser adoptados para servir mejor a los consumidores y para mejorar la eficiencia del intercambio. La apertura del sistema legal es importante, porque allana el camino del "gobierno por la ley" al "gobierno de la ley." Marcus Brauchli (1995: A1), del Wall Street Journal ha escrito:

El monopolio acorazado del Estado sobre el proceso legal, que hace de las cortes un brazo más del gobierno, se está corroyendo. La liberalización económica de China ha engendrado un sistema legal paralelo que eleva las perspectivas del gobierno de, no meramente por, la ley.

Minxin Pei (1994, 1995), profesor de la Universidad de Princeton, argumenta que el desarrollo gradual del sistema legal chino hacia una mayor protección de las personas y la propiedad, la creciente independencia y los mayores niveles educacionales de los miembros del Congreso Nacional del Pueblo, y los recientes experimentos de auto gobierno en las bases ayudarán a transformar a China en una sociedad más abierta y democrática. Él destaca la movilidad ascendente de la gente ordinaria, ocasionada por la profundización de las reformas de mercado, y el impacto positivo de la política china de "puertas abiertas" sobre las normas políticas. En su criterio, la opinión pública y el conocimiento de las tradiciones liberales de Occidente, tales como el Estado de Derecho, "han creado límites implícitos sobre el uso del poder del Estado" (Pei 1994: 12).

La gente está comenzando a utilizar las cortes para impugnar acciones gubernamentales que afectan sus libertades económicas recientemente ganadas. De acuerdo con Pei (1994: 12), "el número de demandas iniciadas por ciudadanos contra funcionarios y agencias del gobierno por violar sus derechos civiles y de propiedad registra un agudo incremento, y un reporte oficial revela que los ciudadanos han ganado cerca del 20% de los casos."

Cualquiera que haya visitado las prósperas áreas costeras de China y sus nuevos centros urbanos—como Shishi, en la provincia de Fujian—puede presenciar de primera mano la transformación de la vida económica que está ocurriendo todos los días en China y presenciar la regeneración de la sociedad civil[11]. Comentando sobre la transformación cultural de China, Jianying Zha (1995: 202) escribe,

Las reformas económicas han creado nuevas oportunidades, sueños nuevos, y hasta algún punto, una nueva atmósfera y una nueva manera de pensar. El viejo sistema de control se ha debilitado en muchos campos, especialmente en las esferas de la economía y del estilo de vida. Existe una sensación en aumento de creciente espacio para la libertad personal.

China tiene un largo camino por delante, pero negarle el estatus de nación más favorecida, o imponerle sanciones con la esperanza de mejorar la situación de los derechos humanos, como han amenazado algunos en el Congreso de Estados Unidos, sería un error costoso. Podría aislar a China y dejarla en manos de la línea dura que critica al liberalismo de mercado, debilitando así las posibilidades de mayores reformas. La mejor manera de apoyar los derechos humanos en China es no aislarla de la influencia civilizadora del comercio, sino continuar abriéndola al mundo exterior (Dorn 1996). Será un proceso lento, sin duda, pero el progreso alcanzado desde 1978 no debe subestimarse.

En la comunidad costera de Wenzhou, por ejemplo, hay ahora diez mil empresas privadas, y la vida es totalmente diferente y más libre que antes de la liberalización. De acuerdo con Ma Lei (1998: 6):

El desarrollo del sector privado ha cambiado fundamentalmente la manera en que los residentes de Wenzhou ven al mundo. Tradicionalmente, los campesinos chinos vivieron bajo el lema "ver hacia la tierra dándole la espalda al cielo." Estaban atados a la tierra. Donde nacían era, casi siempre, donde trabajaban y donde morían. Sus posibilidades estaban limitadas al extremo. En contraste, un niño que nace en Wenzhou hoy en día tiene un sinnúmero de posibilidades. Puede escoger trabajar la tierra o trabajar para una compañía industrial o incluso empezar su propio negocio. Las fuerzas del mercado han ampliado los horizontes de los habitantes de Wenzhou y los han educado sobre las costumbres del mundo. Han aprendido que en una economía de mercado los empresarios fracasan frecuentemente. Pero también han aprendido que el tomar riesgos, cuando es combinado con la previsión y el trabajo duro, puede producir recompensas significativas—un hecho que muchos de los propietarios en Wenzhou aprecian.

Más importante aún, la gente de Wenzhou se ha dado cuenta de que en el mercado todo es harmonioso—que uno se gana la vida no a través de la coerción o la fuerza bruta sino a través del servicio al prójimo. Esa comprensión ha producido un clima en el cual la industria privada y las organizaciones privadas—incluyendo a las escuelas privadas—pueden prosperar.


La Ruta Hacia el Futuro de China

A largo plazo, el socialismo de mercado, como la planificación centralizada, está destinado a fracasar por ser contrario a la naturaleza humana. Por más de setenta años, varias formas de socialismo fueron intentadas en la Unión Soviética—sin éxito alguno. ¿Por qué debería triunfar el "socialismo de mercado" en China? Añadir un adjetivo a socialismo—así sea "de mercado"—no resolverá las inconsistencias institucionales en China. Como lo escribió el disidente soviético Vladimir Bukovsky (1987: 127) en Escoger la Libertad:

Aquellos de nosotros que hemos vivido bajo el socialismo exhibimos el síndrome de mordido una vez, dos veces temeroso. Tal vez el socialismo Occidental es en realidad diferente y producirá diferentes resultados... La verdad del asunto es que las numerosas ideas que les parecen frescas e innovadoras a los especialistas Occidentales ya han sido probadas en la Unión Soviética. Y si algunos de tales experimentos fueron repudiados, no fue porque el socialismo haya sido pervertido en la Unión Soviética,..., sino porque dichas innovaciones probaron estar profundamente divorciadas de la vida real. Un experimento cruel de medio siglo ha fallado en alterar la naturaleza humana.

La "presunción fatal" inherente a la visión soviética fue pensar que los planificadores gubernamentales podrían manejar una economía como si se tratase de una máquina y alcanzar prosperidad duradera (Hayek 1988). Aunque China ha reconocido el error de la planificación centralizada y ha introducido un sistema de libre mercado, el sistema está aún a medio cocinar. Las preguntas son: ¿avanzará China completamente hacia el liberalismo de mercado o seguirá atascada en el socialismo de mercado? ¿Saltará China al mar de la empresa privada o se mantendrá suspendida en un estado de trance con la ilusión de que el socialismo de mercado resolverá sus problemas?

Al considerar esta interrogante, los líderes de China harían bien en seguir el consejo de Nien Cheng—quien, como muchos en China, sufrió las graves injusticias de la revolución cultural. Ella ha escrito (1990: 334):

China se enfrenta con la escogencia entre el socialismo y un sistema de mercado, un sistema mixto está condenado a fracasar. Los obstáculos para el desarrollo de China pueden ser removidos sólo si China recorre todo el camino hacia un sistema de mercado privado con protección institucional, tanto para los libertades civiles como para las económicas. La crisis de China es una crisis de confianza; la gente se encuentra en un estado de semi-conciencia. El viejo régimen ha perdido la legitimidad, pero no ha emergido uno nuevo para llenar el vacío, y no ha habido un compromiso claro con el camino de los mercados libres y la libertad de escoger.

Recuperar la conciencia y emerger del estado de semi-conciencia en el que se encuentra China tomará su tiempo. Pero la realidad requiere que China reconozca la muerte del comunismo. La realidad también requiere que China se embarque en una reforma profunda o enfrente la posibilidad de ser rezagada tras la revolución liberal que recorre hoy en día al globo.

China ha estado dispuesta a experimentar con el cambio institucional desde 1978 y ha obtenido grandes progresos en la reducción de la pobreza. La prosperidad futura, sin embargo, dependerá de que China se aparte del camino artificial del socialismo de mercado y siga la ruta natural del liberalismo de mercado. La visión liberal del mercado no es nueva para China, fue inherente a la doctrina taoísta de wu wei desarrollada por Lao Tzu y sus discípulos. Los líderes de China sólo necesitan dejar que el pueblo regrese a sus raíces para darse cuenta de lo acertado que es dejarle a la sabiduría de los procesos espontáneos del mercado la responsabilidad de organizar la vida económica, limitando al gobierno a la protección de la vida, la libertad y la propiedad. En ese esfuerzo, Hong Kong puede jugar un importante papel diseminando el "tao" de Adam Smith y sir John Cowperthwaite a toda China—y permitiendo así a Oriente y Occidente encontrarse en un espíritu de "Taoísmo de mercado."


Notas

[1] Como lo señala Nicholas Lardy, China "debe confiar en un mercado mucho más competitivo para expulsar a las compañías ineficientes y permitir que cierta consolidación natural tome lugar" (citado en Restall 1997: A22).

[2] La verdadera situación de las EEs puede ser mucho peor. Hugo Restall (1997: A22) reportó en el Wall Street Journal, "Las empresas estatales están desesperadamente enfermas: cerca del 70% están perdiendo dinero."

[3] Cerca de 60 años atrás, F. A. Hayek ([1940] 1948: 203) observó que, "Asumir que es posible crear condiciones de competencia plena sin hacer que aquellos que son responsables de las decisiones paguen por sus errores parece ser pura ilusión."

[4] Fan Gang (1997: 7) argumenta que el enfoque de "abajo hacia arriba" de China para reformar las EEs también podría funcionar para las EEs de mediano y gran tamaño, pero tomará un gran tiempo. Dicho enfoque le permite a las fuerzas del mercado provocar la privatización espontánea y luego, una vez que ha probado ser exitosa, el legalizarla a niveles mayores. Fan señala que la privatización de facto de EE's pequeñas empezó tres años antes de la aprobación oficial del gobierno. El enfoque de "abajo hacia arriba" es atractivo políticamente porque los políticos no se tienen que comprometer con la reforma de la propiedad, así que pueden recibir el crédito por el éxito sin tener que cargar con el riesgo del fracaso.

[5] Hugo Restall (1997: A22) escribe que, "La mayoría de las empresas estatales que han sido corporativizadas bajo la Ley de Compañía de 1993 son todavía manejadas como feudos privados por la administración a costa de los bancos estatales. Hasta el tanto el Estado permanezca en control, pareciera, es imposible hacer una ruptura creíble de los viejos días de subsidios y crédito fácil... Tarde o temprano el Estado tendrá que enfrentar la necesidad de renunciar tanto a la posesión como al control."

[6] Minxin Pei (1998: 76) reporta que, "En una encuesta realizada en 1993, de las 5.455 personas entrevistadas en seis provincias, el 78% estuvo de acuerdo con la afirmación, 'La propiedad privada es sagrada y no debe ser violada.'"

[7] El premio Nóbel de Economía James M. Buchanan (1979: 81-82) ha llamado al "principio del orden espontáneo" el "más importante principio fundamental en la economía." Es la idea de que individuos buscando sus propias ganancias en un sistema de propiedad privada y mercados libres provocan intercambios que benefician a ambas partes, y que precios determinados competitivamente coordinan las decisiones económicas sin la planificación central. De hecho, la planificación central no puede llevar a un resultado como los que genera el mercado porque nadie tiene la información suficiente para conocer ese resultado por adelantado (ver Hayek 1945, Lavoie 1990).

[8] Wing-Tsit Chan (1963: 136) señala que el principio del wu wei no significa "'inactividad' sino 'no tomar ninguna acción que es contraria a la Naturaleza.'" En esencia, "wu wei… es la personificación de la flexibilidad, la simplicidad y la libertad." (Smith 1991: 208).

[9] En 1984, China descentralizó la asignación de crédito al permitirle a las ramas locales del banco central extender el crédito de manera directa a las EEs. Pero las tasas de interés se mantuvieron artificialmente bajas y los bancos simplemente extendieron nuevos créditos, lo que conllevó a un rápido crecimiento monetario e inflación. En lugar de desregular las tasas de interés, el gobierno reimpuso el racionamiento del crédito y controló directamente los proyectos de inversión. Entonces, el "sistema planificado" regresó. El "ciclo de expansión y contracción" de China es el resultado de no implementar una economía de mercado en su totalidad y el fracaso en proteger al sistema bancario de la manipulación política. Ya que las tasas de interés son fijadas a niveles por debajo de los del mercado, el racionamiento y el rent seeking se encuentran muy extendidos en la asignación del crédito en China. Para una discusión de estos temas, ver Lin et al. (1996: 219-20).

[10] Kate Xiao Zhou (1996: 4) describe la desaparición de las fincas colectivas de China y la creación del sistema de responsabilidad hogareño (baochan daohu), con sus empresas de villas y pueblos como "un movimiento espontáneo, no organizado, no ideológico y apolítico."

[11] Para una discusión de la emergente sociedad civil en China, ver Pei (1997). Kathy Chen (1996) describe el modelo de desarrollo en los nuevos centros urbanos de China, tales como Shishi, como xia zhenfu, da shehui—el cual aboga por una menor participación de los gobiernos y una mayor de la sociedad."

 

Referencias

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Traducido por Juan Carlos Hidalgo para el Cato Institute.