El espíritu e influencia de Manuel Ayau (1925-2010)

5 de Agosto de 2010

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El espíritu e influencia de Manuel Ayau (1925-2010)

Ian Vásquez comenta el inmenso legado que dejó Manuel F. Ayau, quien falleció el 4 de agosto del presente año, al movimiento liberal.

Ian Vásquez es Director del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute.

Ayer murió Manuel Ayau, una de las personas que más he respetado y admirado. Muso, como lo llamaban sus amigos, fue una figura importante dentro del movimiento internacional por la libertad. Fue presidente de la Mont Pelerin Society, miembro de la junta directiva de Liberty Fund y fideicomisario de la Foundation for Economic Education. Sin embargo, será recordado principalmente por ser el fundador y presidente eméritus de la influyente Universidad Francisco Marroquín en su país natal, Guatemala. Deja un enorme legado porque combinó exitosamente la claridad de pensamiento, el emprendimiento, la curiosidad intelectual y la creencia en el potencial de los individuos libres de para crear lo que se ha convertido en el epicentro del pensamiento liberal clásico en América Latina.

Mucho antes de que fundara la Universidad Francisco Marroquín en 1971, Muso Ayau lanzó un centro de investigaciones (Centro de Estudios Económicos-Sociales) con un pequeño grupo de amigos guatemaltecos en 1959. Así empezó un proyecto —que duraría toda una vida— tendiente a descubrir y difundir las ideas que explican de mejor manera el subdesarrollo y proveen las mejores soluciones para superarlo. En este proceso descubrió las obras de los grandes liberales —algunos de los cuales invitó a Guatemala para que dieran charlas o con los que terminó estableciendo amistad como Ludwig von Mises y Milton Friedman— y concluyó con la fundación de la UFM. Muso no fue un académico (contaba con un título de ingeniería), pero comprendía cómo el poder de las ideas podía influenciar a la sociedad, por lo que se dio a la tarea de largo plazo de liderar una institución que enseñaría a generaciones de guatemaltecos sobre “los principios éticos, legales y económicos de una sociedad libre y de personas responsables”, sin importar qué carrera estuviesen cursando los estudiantes.

En su discurso inaugural en 1972, Muso dijo:

“Creemos firmemente en la capacidad del hombre, precisamente reconociendo la imperfección de todo lo humano, para encontrar mejor su destino en libertad pacífica y no compelido por la colectividad personificada en el Estado”.

Fundar la universidad requería de valentía. Cuando comenzó, el clima intelectual y político no solo era hostil a las ideas liberales, sino que estaba violentamente opuesto a las mismas. Guatemala se encontraba en el medio de una guerra civil y ninguno de los dos bandos —con el establishment del ejército y el empresariado por un lado y la guerrilla izquierdista en el otro— eran receptivos al mensaje de un Estado limitado, mercados libres y derechos de propiedad privada. En un inicio, Muso daba los discursos de graduación con un chaleco antibalas debajo de su toga. En la década de los ochenta, en ocasiones se disfrazaba cuando viajaba en público y tomaba medidas extra de seguridad en su casa.

Luego de la caída de la Unión Soviética y el fin de la guerra civil de Guatemala en los noventa, la opinión pública estaba mucho más abierta a las ideas liberales, pero aún así la sociedad mercantilista de Guatemala se ocupó de que la batalla a favor de intereses  establecidos —grupos empresariales, sindicatos, burocracias estatales— continuara siendo difícil. Para ese entonces, sin embargo, el prestigio del Muso Ayau, del profesorado de la universidad y de sus graduados bien preparados había crecido al igual que la presencia de sus ideas. Cualquiera que haya visitado Guatemala durante los últimos 20 años, como yo lo he hecho, puede atestiguar que las ideas liberales se encuentran todos los días en las páginas de opinión de los principales periódicos del país, así como también en los principales medios electrónicos. En algunos casos, esto ha desembocado en un cambio radical en las políticas públicas —como es el caso de la exitosa reforma de las telecomunicaciones de Guatemala o la ley que legalizó la competencia de monedas. 

Muso estaba orgulloso del progreso que habían logrado las ideas liberales a pesar de que el estatismo aún prevalece en Guatemala. Era un optimista con una visión ambiciosa y, a la vez, un realista con una percepción modesta de sí mismo. No se sorprendía de que gran parte de la izquierda y la derecha no estuvieran de acuerdo con sus llamados a terminar con todos los privilegios establecidos por el Estado. Aunque Muso pudo haber sido fabulosamente exitoso conformándose con el marco establecido de la sociedad guatemalteca, él eligió no hacerlo. En esto, él demostró ser un raro espécimen latinoamericano, un campeón de las ideas verdaderamente progresistas que desafiaba pacíficamente a fuerzas políticas formidables.  

Aún así, no todos lo entendieron. En una ocasión, Lawrence Harrison famosa e inexplicablemente describió a Muso como un “oligarca latinoamericano arquetípico de la extrema derecha” que también es un libertario. La descripción incoherente de Harrison tuvo lugar en el verano del 2001 cuando se descubrió que la embajada estadounidense en Guatemala estaba distribuyendo secretamente un documento a otras embajadas describiendo al Muso y a la universidad como enemigos de la democracia y del progreso.

Todo este lamentable episodio, descrito por Mary O’Grady en el Wall Street Journal, difícilmente sorprendió al Muso y a sus colegas, quienes desde hace mucho habían estado denunciando la prepotencia de Washington en Guatemala y la región (Muso después se mandó hacer tarjetas de presentación con su nombre seguido de “Oligarca latinoamericano libertario arquetípico de la extrema derecha”. Incluso enfrentándose a ser ridiculizado, Muso mantenía su famoso buen sentido del humor).

Las ideas que Muso Ayau empezó a promover en español en Guatemala en la década de los cincuenta, pronto atrajeron a pensadores brillantes de otras partes de América Latina e influenciaron el movimiento liberal alrededor de la región. La UFM continúa atrayendo  a los principales pensadores del mundo en distintas disciplinas —incluyendo negocios, filosofía, leyes, economía y literatura— a su elegante y moderno campus y ha servido de modelo para otras universidades similares en países tan diversos como Chile, Montenegro y Georgia. Que tantos estudiantes y profesionales en México, Centroamérica, Sudamérica  y otras partes del mundo comprendan y respalden hoy en día los principios de la sociedad libre no es en menor grado debido a sus esfuerzos, ya sea que lo sepan o no.

Muso siempre admiró al Cato Institute y se complació, al igual que nosotros, de que Cato y la UFM iniciaran un seminario anual de una semana de duración en Guatemala para introducir a estudiantes latinoamericanos al pensamiento liberal. Nunca olvidaré como, durante el primero de estos eventos en el 2009, Muso realizó un corto viaje desde Houston —donde estaba recibiendo tratamiento para el cáncer que finalmente no pudo vencer— solo para dar la charla inaugural que había prometido a los estudiantes. Su entusiasmo, viveza y cálida personalidad llenaron ese auditorio.  

Muso era la personificación del espíritu liberal clásico. También era un amigo. Será extrañado, pero su espíritu continuará inspirando el trabajo de la Universidad Francisco Marroquín y de muchos, muchos partidarios de la libertad alrededor del mundo que lo conocieron o de alguna manera fueron influenciados por él.