8 de julio de 2009
EE.UU.: Una reforma financiera mal concebida
por Mark A. Calabria
Mark A. Calabria es Director de Estudios de Regulaciones Financieras.
La administración Obama presentó en junio una reforma a las regulaciones financieras que está mal concebida y mal informada, y que aumentará la probabilidad y el costo de futuras crisis. El sistema financiero estadounidense, particularmente el sistema hipotecario, se encuentra en ruinas—pero el plan de Obama ignora las verdaderas fallas para concentrarse en objetivos más convenientes.
En lugar de acabar con todos los rescates bancarios, el plan hace de ellos una característica permanente del marco legal. De hecho, este plan extiende la posibilidad de rescates financiados por el fisco a cualquier empresa que decida convertirse en un ente financiero. Esto probablemente incluirá a todo asegurador importante, así como también a todas las empresas que dan crédito para el consumo.
La administración Obama afirma que dichos rescates no serán necesarios porque los mismos reguladores que no se percataron de las señales de que venía esta crisis obtendrán mayores poderes para prevenir la próxima. Se supone que debemos creer que solo si la Reserva Federal habría tenido los mismos poderes de supervisión sobre AIG como los que tiene ahora sobre Citibank y Bank of America, se habría evitado el rescate de AIG.
En medio de esta crisis es comprensible que el plan de Obama aumente la cantidad de regulación y supervisión de las instituciones financieras más grandes. Pero, ¿por qué hacerlo de una manera que reduce la disciplina del mercado a la que están sometidas las mismas?
Al conformar una lista de instituciones que son “demasiado grandes para quebrar”, Obama está anunciando que cualquiera de estas corporaciones seleccionadas será rescatada si colapsa. Como resultado, estas instituciones se enfrentarán a costos más baratos de financiamiento que los prestatarios más pequeños—lo cual les permitirá aumentar su cuota en el mercado. Por ende, el plan de Obama garantiza una mayor concentración del mercado financiero: tendremos menos bancos, pero más grandes, y éstos estarán protegidos de las presiones del mercado. En resumen, el plan de Obama pone toda la estabilidad del sistema financiero en la esperanza de que los reguladores de la Fed no se equivoquen.
No obstante, el plan apenas si menciona a las dos instituciones que están en el epicentro del colapso del mercado hipotecario—Fannie Mae y Freddie Mac. De hecho, la administración Obama afirma que estudiará el tema y volverá con alternativas después. Fannie y Freddie fueron la principal fuente de financiamiento para el mercado subprime durante su apogeo, comprando más del 40 por ciento de todos los títulos subprime cuando el mercado estaba en su pico, fomentando así la reducción en la calidad del crédito. En última instancia, su costo para el contribuyente será mayor que el de los rescates bancarios contenidos en el Programa de Alivio para Activos Tóxicos (TARP, por su sigla en inglés).
Las pérdidas combinadas para el fisco de Fannie y Freddie podrían exceder los $300.000 millones—más del doble del costo esperado de rescatar a AIG. No se puede tomar en serio cualquier plan de reforma que deje a Fannie y a Freddie por fuera.
Aún cuando el plan hace un diagnóstico correcto, no propone una solución adecuada: reconoce el fracaso de las agencias calificadoras de crédito, pero ignora la fuente de dicho fracaso—principalmente el hecho de que estas agencias son un monopolio creado por el Estado. Por lo tanto insiste en más transparencia—lo cual no resolverá el problema. Lo que se necesita es un fin a los privilegios gubernamentales exclusivos que han recibido las agencias calificadoras—y un fin a la práctica de tener a reguladores del gobierno contratando a estas empresas.
Luego está la sección hipotecaria del plan. Naturalmente, el equipo
de Obama no lidia con el problema más importante—la obsesión
del gobierno federal por extender la propiedad de viviendas a hogares que no
lo pueden pagar. En cambio, pide más “protecciones al consumidor”
dentro de la industria hipotecaria.
Tristemente la administración Obama no puede confrontar el hecho básico
de que el indicador hipotecario más importante es el patrimonio del prestatario.
Qué tanto de su propio dinero invierte una familia en la casa nos dice
mucho más acerca de una probable mora que si el préstamo era de
una tasa ajustable o si tenía una penalidad de pre-pago. Admitir esto,
por supuesto, significaría reconocer que programas gubernamentales como
la Administración Federal de la Vivienda han sido los que han estado
presionando para que se concedan más préstamos insostenibles para
hipotecas.
En resumen, la administración Obama una vez más ha puesto a la política por delante de la economía al ofrecer “respuestas” que sonarán bien para aquellos que no están informados sin amenazar a ninguno de los intereses creados en Washington, los cuales jugaron un papel tan crucial en generar la crisis actual.



























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